Y a dónde vamos con los niños, con este calor?
BarcelonaLlevamos días conviviendo con este calor que se pega. Que nos pone de mal humor. Que hace que nuestras criaturas (y maestros, y monitores, y personas que trabajan en centros educativos) hayan acabado el curso dentro de aulas hirviendo. Lo ha denunciado la plataforma Aulas que Queman, y ojeando su mapa de Cataluña puedes ver aulas de instituto que han llegado a 39 grados. También un reguero escalofriante de clases que han superado el rango legal, que dice que “La temperatura de los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares estará comprendida entre 17 y 27 grados”. Y ya se ha acabado el curso y parece que nos olvidamos, pero no debería ser así.
Las próximas semanas estas mismas aulas (y patios) acogerán los casales de verano de cientos de criaturas. Porque el casal de verano de la escuela es un recurso práctico: se trata de un espacio conocido, encontramos caras de confianza, y muy a menudo, también, es la alternativa más económica en un mes de julio cargado de gastos y malabares.
Dentro de las aulas el proceso de climatización se va aplicando a un ritmo no proporcional a la subida de los termómetros. Y en el patio… las lonas de muchos patios siguen siendo una vergüenza. “Carpas de feria con bridas” es lo que se han encontrado como solución las familias del Institut Escola Arts, del barrio de Sants de Barcelona. Por no hablar de todos los centros educativos donde la pista asfaltada sigue siendo la protagonista, con un sol espantoso y sin carpas ni bridas.
Hemos topado de cara con el calor que nos hemos buscado, y que ahora nos sorprende y abruma, como si no supiéramos el camino que nos ha llevado hasta aquí. El calor que nos hace llegar hasta el refugio climático del trabajo bien sudados. Que nos hace recoger a las criaturas y marchar como un cohete hacia casa, porque nos hierven hasta las suelas de los zapatos. Este mismo calor que nos hace quedarnos en casa una mañana de sábado bajo el ventilador de techo, o bien atrincherados en el comedor, porque es donde tenemos la suerte de tener un aire acondicionado recién estrenado. El calor que hace que salir un rato sea una proeza. Aquella proeza que tienes que hacer porque a veces hay que salir de casa.
Refugios climáticos
El sábado decidimos ir hasta la biblioteca, refugio climático por excelencia. Estaba cerrada, porque las bibliotecarias (ya os podéis imaginar que se trata de un sector muy feminizado) siguen en huelga indefinida desde hace semanas. De motivos no les faltan: a grandes rasgos, reclaman más personal y mejoras en las instalaciones. Y ojalá se las escuche, porque son un refugio en nuestra vida cotidiana, y no solo climáticamente hablando. Así que los viernes y los sábados parece que seguiremos bien fritos, y sin biblioteca.
Seguimos la ruta, y para no acabar achicharrados decidimos jugar con los pequeños a caminar cuando tuviéramos sombra, y a ir deprisa bajo el azote del sol. Cuando no había ningún árbol ni ningún balcón donde resguardarnos nos dábamos 5 segundos como máximo para volver a encontrar algún espacio donde cobijarnos de nuevo del sol. Grandes carteles, paradas de autobús, el ingenio en buscar la sombra dio mucho juego… pero hemos de confesar que perdimos estrepitosamente, a pesar de correr bajo el azote del sol. Porque en la ciudad nos faltan sombras, como también nos faltan espacios donde hacer vida en momentos de ola de calor.
Leía la psicopedagoga infantil Gisela Baz hablando precisamente de esto hace unos días en su cuenta de Instagram. En uno de aquellos momentos en que nos hacía falta salir, y no sabíamos a dónde ir, Gisela se preguntaba a dónde vamos con nuestros hijos en verano. Los días en que no puedes estar en la calle. De hecho, ni en la calle ni en la escuela.
Bien sudada y agotada, pensando en todo esto, vi la información que se está trabajando para incorporar nuevos espacios de sombra en la ciudad. Plazas, jardines, incluso patios escolares. Una buena noticia, aunque posiblemente tardía e insuficiente. La noticia explicaba que también pondrán sombras singulares en diversos espacios de la ciudad. En el Portal de l'Àngel, en el paseo Marítimo, en el Mercado del Born… Me gustaría saber la ratio de ciudadanos que paseamos por estas áreas. También me ha entusiasmado ver esta nomenclatura de "singulares": espero que sean tan singulares como la carpa y la brida. Porque en los barrios donde vivimos y en las escuelas que habitamos no tenemos suficientes sombras. Ni singulares ni de ningún tipo.