El consultorio

¿Los niños pueden sufrir ansiedad?

Cuando es intensa, interfiere en la vida cotidiana o impide hacer las tareas diarias se considera un problema

BarcelonaLa ansiedad es una emoción básica que experimentan todas las personas, también los niños. "Es normal y saludable" y es la reacción de nuestro cuerpo al estrés. Suele aparecer como respuesta a un peligro o una amenaza. "Es una reacción adaptativa ante un peligro. En el fondo ejerce una función protectora. Si no tuviéramos este sistema de alarma, la especie humana no existiría", indica Esther Camprodon, psicóloga en la unidad de trastornos psicóticos incipientes y adjunta al área de salud mental del Hospital Sant Joan de Déu. Los trastornos de ansiedad se pueden sufrir a cualquier edad y son de los trastornos más prevalentes en la infancia y la adolescencia. "Los miedos son evolutivos y se manifiestan de forma diferente en cada etapa evolutiva. De cero a dos años, por ejemplo, tienen miedo a una pérdida brusca del padre o la madre, y si desaparece, lloran", dice Camprodon.

La oscuridad, los monstruos o el miedo a caerse de la bicicleta son ejemplos que suponen las primeras experiencias de ansiedad. Para otros niños, estos sentimientos aparecen en situaciones sociales y de evaluación, como por ejemplo hacer un examen, conocer a otros niños o ser objeto de una broma. Normalmente esta ansiedad es ocasional y de corta duración, si bien algunas personas son más ansiosas que otras.

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La ansiedad se manifiesta como un sistema de respuesta: cognitiva (la atención se desplaza a la amenaza potencial), fisiológica (palpitaciones, respiración superficial, temblores, sudoración...) y conductual (involucrarse en ciertas conductas y evitar otras).

¿Cuál es la diferencia entre miedo y ansiedad?

El miedo es la reacción fisiológica ante un peligro y activa mecanismos que nos preparan para luchar o huir, y que si no se activaran no podríamos reaccionar. Además, normalmente proviene de una amenaza identificada. En cambio, la ansiedad aparece cuando el peligro no existe, cuando anticipamos una situación. "Por ejemplo, tengo un examen y aparece ansiedad porque estoy imaginando la situación y anticipo el peligro, a pesar de que no estoy haciendo el examen en este momento", apunta Camprodon. "Si voy por una calle oscura y tengo miedo, es una emoción adaptativa porque tengo que estar alerta para salir corriendo si hace falta, pero si anticipo un peligro futuro que no sé si será así o no es cuando aparece esta parte más cognitiva que es la ansiedad", añade la psicóloga.

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¿Cuándo se considera un problema?

Cuando la ansiedad es de una intensidad elevada e invalidante, cuando interfiere en la vida cotidiana y afecta negativamente a la capacidad para trabajar, estudiar o socializar, o cuando impide hacer las tareas diarias es cuando se considera un problema. "De los 9 a los 12 años puede tener miedo a suspender, y esto es adaptativo, pero es un problema cuando decide no presentarse a los exámenes de manera reiterada porque tiene miedo de suspender. Y de los 6 a los 8 años el niño puede tener preocupación por separarse de sus padres, pero si deja de ir de excursión, no duerme en casa de los amigos ni los abuelos y deja de hacer actividades que querría hacer porque la ansiedad es desmesurada, sería conveniente pedir ayuda", apunta Esther Camprodon. La ansiedad tiene tratamiento. "Si se trata a tiempo se puede revertir la situación de manera rápida", añade.

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¿Cómo se presentan en los niños los trastornos de ansiedad?

La ansiedad se puede manifestar de formas diferentes. El Observatorio FAROS de Sant Joan de Déu distingue las siguientes:

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  1. Trastorno de ansiedad por separación (TAS): La angustia por la separación de personas queridas y por cambios en situaciones conocidas constituye una parte normal del crecimiento. Un niño con una ansiedad excesiva ante la separación cotidiana de sus padres puede estar sufriendo este trastorno. El llanto, la necesidad de aferrarse a alguien o el sentimiento de pánico ante la separación son indicadores comunes, así como una excesiva preocupación por que les pueda pasar algo. También suponen claros indicios que el niño tenga miedo de que sus padres no vuelvan a casa, que no quiera dormir solo y que se niegue a ir a la escuela.
  2. Fobia específica: Miedo excesivo a animales, al entorno natural (viento, rayos) o a situaciones específicas (sangre, inyecciones, heridas).
  3. Trastorno de pánico: Es la aparición repentina e imprevista de ataques de pánico. 
  4. Ansiedad por la salud: Preocupación excesiva por la salud que genera conductas obsesivas y compulsivas.
  5. Fobia social: Algunos niños sienten ansiedad ante la proximidad de ciertas situaciones sociales. Tienen dificultades para hablar en voz alta en clase, unirse a una conversación, hacer amigos y hablar con ellos, hacerse valer o participar en las actividades de las clases. Estos niños se suelen inquietar demasiado por lo que piensan los demás y muestran una excesiva preocupación por si hacen o dicen algo incómodo. Evitan estas situaciones por miedo a hacer el ridículo o a ser objeto de críticas.
  6. Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): Los niños con este trastorno se preocupan por muchas cosas, desde el rendimiento escolar y la salud hasta cuestiones familiares y lo que pasa en el mundo. Tienden a presentar irritabilidad, alteraciones del sueño y molestias o dolores musculares causados por la preocupación.
  7. Trastorno de estrés postraumático: La sintomatología aparece después de haber vivido una situación traumática.

¿Cuáles son las señales de alarma?

  • Si evita situaciones que antes hacía de forma habitual.
  • Si está excesivamente preocupado.
  • En el caso de niños más pequeños, si aparecen regresiones o síntomas psicosomáticos.
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Según Camprodon, ante una señal de alarma tenemos que observar qué está pasando y "estar atentos". "Siempre es importante consultar primero a un pediatra para descartar un problema orgánico que explique esta situación", añade.

¿Cuál es el tratamiento?

La terapia cognitiva-conductual, con la implicación de la familia, es la intervención que ha demostrado más eficacia. "Cuando son más pequeños el tratamiento es más conductual que cognitivo y siempre incorporamos a los padres en el tratamiento psicológico porque los padres a veces, sin darnos cuenta, potenciamos el trastorno", apunta esta profesional.

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¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a un niño con ansiedad?

Se recomienda ayudar al niño a afrontar sus miedos en vez de evitarlos. Desde el Hospital Sant Joan de Déu aconsejan elogiarlo por cada intento que haga para encontrar una solución, hablar con él sobre lo que le pasa y por qué, ayudarlo a hacer respiraciones profundas y lentas, mantener un estilo de vida saludable, usar técnicas distractoras para centrarse en otras cosas o darle un abrazo o la mano. Animarlo a escribir aquello que lo hace sentir ansioso, construir una "caja de preocupaciones" o designar un "tiempo" de preocupación específica son otras estrategias que se pueden aplicar.