Una familia, un mundo

Entre parques, trenes y tres lenguas: crecer en Tokio con raíces catalanas

El Teo crece en Tokio entre el catalán, el japonés y el inglés. Sus padres, la Neus Modoro y Kiyofumi Kurata, ven en la doble herencia cultural una oportunidad para que construya su propia identidad con libertad.

31/07/2026 - 07:00 h.

TokioLos fines de semana de Teo suelen transcurrir entre parques, toboganes y trenes. Con casi dos años, cualquier excursión es una aventura, especialmente si incluye una visita a alguna estación ferroviaria. Neus Modoro y Kiyofumi Kurata procuran aprovechar los días libres para pasar tiempo en familia, ya sea jugando en alguno de los numerosos espacios verdes de Tokio, visitando un zoo o un museo, o haciendo una escapada ocasional a Osaka para ver a los abuelos paternos. La suya es una vida familiar aparentemente ordinaria, pero marcada por una realidad que combina lenguas, referentes y costumbres procedentes de dos extremos de Eurasia.

Instalados en la capital japonesa, la pareja cría a su hijo entre el catalán, el japonés y el inglés, en una ciudad que supera los treinta millones de habitantes y que a menudo se percibe desde el exterior como un entorno frenético e impersonal. Para ellos, sin embargo, Tokio es sobre todo el escenario de la cotidianidad: el hogar donde Teo hace sus primeros descubrimientos y donde intentan construir una educación abierta al mundo. "Queremos que tenga más de una manera de mirar las cosas", explican, convencidos de que crecer entre culturas diferentes puede ser una oportunidad para aprender a entender la diversidad con naturalidad.

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En casa, las lenguas conviven con naturalidad. La Neus se dirige a Teo en catalán, mientras que Kiyofumi lo hace en japonés. El inglés, por su parte, forma parte de la escuela y del entorno internacional en el que crecerá. Lejos de plantearlo como un proyecto educativo rígido, los padres lo viven como una prolongación de su propia historia familiar. "No queremos imponerle una identidad determinada", explica Neus. "Nos gustaría que pudiera sentirse cómodo con todas las partes que forman parte de su vida y que con el tiempo sea él quien decida cómo se define". Para la pareja, lo más importante no es cuántas lenguas acabe hablando, sino que aprenda a moverse con naturalidad entre realidades diferentes.

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La escuela a la que irá

Esta misma filosofía también condiciona las decisiones sobre su educación. A pesar de vivir en Japón, tienen previsto escolarizarlo en un centro internacional porque consideran que se ajusta mejor al tipo de formación que imaginan para su hijo. "La escuela japonesa tiene muchas cosas positivas, pero nosotros queremos seguir nuestras propias pautas educativas", explica Kiyofumi. Más que elegir entre un modelo catalán o japonés, su apuesta implica combinar influencias diversas y ofrecerle un entorno donde la curiosidad, la autonomía y la apertura cultural tengan un papel central. En el fondo, aseguran, se trata simplemente de ayudarle a crecer con suficientes herramientas para que pueda construir su propio camino.

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Aunque la familia vive en Tokio, una parte importante de la vida de Teo también transcurre en Osaka, donde viven los abuelos paternos. Las visitas familiares forman parte de la rutina del año, especialmente durante el Obon, [festividad para honrar a los antepasados que se celebra a mediados de agosto] cuando muchas familias japonesas se reencuentran con sus familiares y personas cercanas.

La vida cotidiana, sin embargo, está hecha sobre todo de pequeñas rutinas compartidas. Los fines de semana en el parque, las excursiones ocasionales al zoo, la fascinación por los trenes o los ratos de juego en familia construyen una infancia que, más allá de las diferencias culturales, comparte muchos elementos con la de cualquier otro niño de su edad. Quizás es precisamente aquí donde Neus y Kiyofumi encuentran el equilibrio que buscaban: permitir que su hijo crezca conectado a dos culturas sin convertir esta dualidad en una carga. "No queremos que sienta que tiene que escoger", explican.

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El barrio de Sant Andreu

Si Osaka representa el vínculo cotidiano con la rama japonesa de la familia, Cataluña mantiene también un espacio importante en la vida de Teo. Cuando las circunstancias lo permiten, la familia viaja al barrio de Sant Andreu, en Barcelona, para reencontrarse con los abuelos maternos y con los amigos de Neus. Son visitas que permiten al niño familiarizarse con otra lengua, otros paisajes y otra manera de entender las relaciones familiares. "Nos gusta que pueda tener referentes en los dos lugares", explica su madre. "Que Cataluña no sea solo un relato que le contamos, sino una realidad que pueda vivir y recordar".

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La pareja admite que todavía es pronto para saber qué relación acabará teniendo Teo con cada una de las culturas que forman parte de su vida. De momento, observan con curiosidad cómo incorpora palabras de diferentes idiomas, cómo establece vínculos con familiares que viven a miles de kilómetros de distancia y cómo descubre un mundo que para él no está dividido en fronteras culturales. "Ya decidirá él qué quiere conservar o potenciar de cada lugar", explican. Su prioridad es ofrecerle las herramientas para que pueda hacerlo con libertad.