Prohibir a las tecnológicas que accedan a nuestros hijos

BarcelonaEsta semana Pedro Sánchez ha anunciado que prohibirá "el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años" en una cumbre internacional en Dubai. El anuncio ha levantado reacciones, de hecho tantas que incluso Elon Musk, en X, ha tildado a Sánchez de auténtico "totalitario". La reacción de Musk es significativa porque significa que el mensaje de fondo ha llegado: plataformas tecnológicas, no le permitiremos hacer más dinero a costa de la salud y el bienestar de nuestros hijos. Para mí, éste es el primer mensaje que debería llegar por todas partes. El segundo mensaje claro es que nos hemos equivocado facilitando el acceso indiscriminado a las redes sociales tan temprano y es necesario revertir una situación que hace demasiado que dura y que tiene más perjuicios que beneficios. Necesitamos un cambio de cultura en nuestra relación con la tecnología digital. Los datos de tiempo de uso (más de 5 horas diarias) y su impacto directo en el desarrollo de los menores, de edad de llegada (media de 11 años), de amplificación de conductas como el cyberbulling (25% en niñas y adolescentes) o de acceso a contenidos inadecuados (pornografía y violencia extrema a partir de los 10 años) nos lo piden a voces.

Debemos tener presente que el anuncio tiene más de puesta en escena que de novedad. Todo ello se da en el contexto de la tramitación de una nueva ley orgánica de protección del menor en el entorno digital que lleva trabajando desde junio del 2024 y que debería ver la luz en breve. Desde Adolescencia Libre de Móviles planteamos enmiendas a esta ley que iban justamente en la línea anunciada: si queremos proteger a los menores son necesarias medidas de verificación de edad efectivas y sanciones penales a las empresas que no las cumplan. Más allá del posible electoralismo y golpe de efecto del anuncio de Sánchez, que puede agradar más o menos, ¿somos capaces de ver que llevamos años dejando a las tecnológicas hacer lo que les da la gana con la privacidad, los datos y los anhelos de los menores? Las redes sociales son la puerta de entrada de contenidos inadecuados a los que nunca permitiríamos el acceso al mundo real. Las puertas de los casinos tienen guardas de seguridad que impiden su entrada si no enseñas el carné de identidad. ¿No nos resulta evidente que en el entorno digital deberíamos hacer exactamente lo mismo?

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No somos ingenuos y sabemos que esto es tecnológicamente difícil, que tiene algún precio a pagar, y que puede cambiar la forma que tenemos de entender nuestra presencia en internet. Una identificación digital anónima que permita únicamente la verificación de edad, o recurrir a terceros de confianza para realizar estas verificaciones serían posibles soluciones. Habrá que esperar a ver cómo funcionan los mecanismos de verificación en fase de análisis por parte de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y la Comisión Europea. Y en todo momento deberemos exigir que garanticen un pleno respeto a la privacidad de datos. Los precedentes de Australia y Francia también deben permitirnos aprender. Hay quien considera, quizás con razón, que la medida es una excusa para el control de todo lo que los ciudadanos hacemos en internet. No podemos saber las intenciones reales que se esconden. Lo que está claro es que la situación actual no se sostiene.

No se trata de negar la tecnología digital

Estamos frente a un cambio cultural en nuestra relación con la tecnología digital. Tenemos muy claro que no se trata de negarla, sino de ponerla en el sitio que le corresponde. Una ley por sí sola no soluciona nada, pero empuja en la dirección deseada por muchos. La cantidad de familias que han decidido aplazar dos o tres años la llegada del móvil y las redes sociales legítimamente a la vida de sus hijos vive con profundo agradecimiento poder esgrimir ante la presión social vivida un poderoso argumento: "Hay una ley que no lo permite, y no nos saltaremos la ley".

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Ésta no es una defensa a ojos cerrados de la actual medida, ni del gobierno que la impulsa. Seguro que habrá errores. Pero sí que es una reivindicación de la necesidad que tenemos de actuar y salir de la falsa dicotomía entre prohibir y educar. Ambas son necesarias: necesitamos mucha más formación, sensibilización, guías para una introducción sana de la tecnología digital, pero necesitamos también buenas leyes y limitaciones que impidan los daños que la situación actual de barra libre provoca. Serán medidas primeras, torpes, pero que debemos explorar. De hecho, si algo podemos reprochar a Sánchez es que el anuncio no debería haber sido en ningún momento "prohibir a los menores el acceso a redes sociales", sino que lo que realmente queremos algunos es prohibir en las plataformas tecnológicas que accedan a nuestros hijos.