Un año del caso Aula de Teatre de Lleida: “No me olvido, pero no me impedirá ser feliz”

Las chicas que denunciaron los hechos hace un año explican lo que ha supuesto dar este paso hacia delante

BarcelonaTodo empezó cuando Goretti se levantó en una reunión de Dones a Escena y dijo aquello que arrastraba desde hacía 15 años: “En nuestra ciudad también ha habido abusos”. A su lado estaba Marta. Las dos habían sufrido los abusos de Antonio Gómez cuando eran adolescentes. Las dos recuerdan ahora el proceso que empezó aquel día ante un grupo de compañeras de las artes escénicas que comportó la denuncia contra Gómez y otro profesor. Un camino que se aceleró hace un año con un artículo en el ARA que explicaba los 20 años de abusos en el Aula de Teatre de Lleida y que ahora Isabel Coixet convierte en documental.

Eran dos, pero acabaron siendo nueve. Formaron su círculo, un espacio de complicidad que se erigió como un refugio. Son un grupo de chicas que han creado un vínculo profundo, que han hecho juntas un viaje doloroso pero a la vez sanador. “Cuando una chica dice «no puedo más» las otras decimos «no pasa nada, estamos aquí»”, dice Marta. Y cuando llegaban las dudas y los miedos, siempre estaba Dones a Escena. “Fueron nuestro escudo, sin ellas no estaríamos aquí”, asegura Goretti.

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Desde que estalló el caso han tenido que dedicar mucho “tiempo y esfuerzos” a seguir adelante: conversaciones con el Ayuntamiento, declarar a la comisión de investigación y ahora dejar su testimonio en una pieza documental para ayudar “a la gente que sabemos que todavía lo sufre o lo ha sufrido”. Un desgaste emocional que tendría recompensa si se consiguiera reabrir el caso, pero sobre todo si se ayudara a visibilizar un fenómeno muy extendido. “Imagínate el valor que tendrían nuestras historias si sirvieran como testigo para otra gente”.

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Pero dar el paso, primero explicando la historia y finalmente dando la cara –a pesar de que todas hicieron teatro y algunas todavía se dedican a ello–, no ha sido nada fácil. “Ahora explicamos nuestra vida, no estamos detrás un personaje –resume Marta–. Al principio me costó mucho asumir la palabra víctima, pero dar mi nombre, aquello que me daba tanto miedo, me ha traído mucha paz. Ahora me siento cómoda hablando del tema, el otro día en una formación dije: «soy una superviviente». Lo he utilizado para inspirar a otra gente”. 

“Al hablar te sientes escuchada, sabes que no eres la única. Compartir el recuerdo lo hace menos doloroso, quedártelo dentro y callar lo hace más duro”, dice Goretti. A pesar de que hacerlo implica situarse en el centro de un debate lleno de pulsiones. Y más en una ciudad pequeña: “Muchas veces nos acaban juzgando a nosotras, no al abusador”. 

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Cuando piensan en la respuesta que se han encontrado después de denunciar los hechos, las dos recuerdan una frase que otra de las chicas, Sònia, siempre repite: “Es tan doloroso lo que nos hizo Antonio como, 20 años más tarde, que nos digan que no sabían nada”. Han visto con cierta “frustración” como el caso del Institut de Teatre supuso un tsunami de reacciones y el inicio de un cambio, mientras que con el caso del Aula todo avanza muy lentamente. “¿Que más tenemos que hacer?”, se preguntan. “Hemos esperado 20 años, no podemos esperar más”, pide Marta, que, eso sí, ve como poco a poco “la mancha de aceite” que ellas mismas ayudaron a esparcir se hace más grande: la gente va perdiendo el miedo de romper los silencios. Hace dos meses, el marzo pasado, el Aula hizo un comunicado en el que pedía disculpas a las chicas, y con la Paeria se ha iniciado un proceso de mediación.

“Somos nueve chicas normales”

Una prueba de este cambio fue la manifestación en Lleida del 5 de marzo, con medio millar de personas gritando “basta” bajo el lema "Esto no es teatro". “Fue reparador, fue la respuesta social que necesitábamos”, dice Goretti. “Vimos que podemos empezar a cerrar el círculo, que hay gente que ha cogido nuestro testimonio”, remacha Marta. También han visto cambios en su entorno. No solo por los mensajes de antiguos compañeros y compañeras pidiendo disculpas por no haberse dado cuenta de lo que pasaba en el aula, sino también porque mucha gente, como un grupo de hombres del sector, “después de leer el artículo se ha revisado, mirando si han hecho daño a alguien”. 

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Las chicas llegaron al primer encuentro –virtual– con Coixet con muchas dudas. Sobre el “qué y el cómo”. Sobre todo el cómo. Pero “fue hablar con ella y dijimos que sí muy rápido, ella no quería saber nada de lo que nos había pasado, porque ya lo había leído, y nos sentimos escuchadas”. “Somos nueve chicas normales”, resume Goretti. “No somos chicas tristes que nos pasamos la vida llorando” y esto es exactamente lo que vieron que quería explicar Coixet, dice Marta: “No me olvido de Antonio, ni lo perdono, pero no me impedirá continuar con mi vida y ser feliz”.