Arquitectura

Las claves del nuevo Sant Jordi Club: flexible y con vocación urbana

El arquitecto Jorge Vidal y el estudio parisino Bruther ganan el concurso para construir un nuevo auditorio para 9.000 personas en Montjuïc

BarcelonaEl Sant Jordi Club era, en realidad, una pista de entrenamiento anexa al Palau Sant Jordi. Durante décadas, sin embargo, el Sant Jordi Club ha funcionado como una sala de conciertos con la calidad de una caja de zapatos, y como una pieza residual en el conjunto del Anillo Olímpico de Montjuïc. Los accesos y el entorno son más bien deprimentes. El proyecto ganador del nuevo Sant Jordi Club, que se ha hecho público este miércoles, quiere romper con todas estas inercias: el arquitecto Jorge Vidal (Barcelona, 1980) y el estudio parisino Bruther, formado por Stéphanie Bru y Alexandre Thériot; se han impuesto en el concurso convocado por Barcelona Serveis Municipals (BSM) con un proyecto que, más allá de un nuevo edificio, incluye mejorar la conexión con el sector sur del Anillo Olímpico y la restauración paisajística de los alrededores. El futuro Sant Jordi Club tendrá capacidad para 9.000 personas, casi el triple de las 3.500 actuales. El proyecto de Vidal i Bruther se caracteriza por la flexibilidad de usos. Para crear una buena acústica, propone la construcción de una caja acústica más bien hermética dentro del edificio. El equipamiento técnico permitirá dividirla en espacios más pequeños con paneles divisorios, a partir de 1.000 personas, y también será posible crear disposiciones específicas para eventos como congresos y desfiles de moda. El objetivo es que se puedan celebrar conciertos simultáneamente en el Palau Sant Jordi y en el Sant Jordi Club y que los públicos se puedan cruzar. El presupuesto es de unos 70 millones de euros. La previsión es inaugurar una parte del edificio en 2029.

Otro de los rasgos distintivos del proyecto es la creación de un gran vestíbulo cubierto por un tramo de gradas que será fijo. "La tendencia de las salas de conciertos es que la experiencia del usuario no empieza en el momento en que empieza el concierto, sino en el momento en que llegas. Se trata de poder quedar con la gente fuera, pasar al vestíbulo, entrar al concierto y salir como si fuera una sola experiencia continuada", dice el arquitecto.

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Aprovechar el espacio público

En cuanto a la escala urbana del proyecto, Vidal señala que el Anillo Olímpico actual es una serie de plataformas "desconectadas" de la parte sur del recinto. Por ello, su proyecto incluye una serie de "caminos paisajísticos" desde la futura estación de metro de la línea L2 hasta el lado oeste del Sant Jordi Club. "Se trata de darle una continuidad cívica a todo el conjunto del anillo. Ahora, la gente va a los conciertos, llega y se va. No aprovecha todo este espacio público que tenemos", lamenta Vidal.

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La relación respetuosa con el legado de Arata Isozaki en el Palau Sant Jordi es también uno de los rasgos singulares del proyecto: el Sant Jordi Club no superará la línea de la cúpula del palacio, y habrá continuidad a pie de calle entre la pista del Club y la del Palau. Además, la estructura con seis grandes vigas hexagonales que propone Vidal recoge las proporciones de la malla espacial de 3,6 metros del Palau Sant Jordi.

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Un arquitecto con afán experimental

Jorge Vidal es conocido en Barcelona por ser el autor del Centro Cultural Teresa Pàmies, junto con Carles Rahola, y por la ampliación de la galería Mayoral. Actualmente, tiene en curso la rehabilitación del Mercado de Horta y la Torre Cívica Jordi Solé Tura en el Besòs. Vidal asegura que nunca empieza a trabajar con una idea cerrada y que encuentra las soluciones a partir del lugar, el programa y las técnicas constructivas. "Siempre hay un interés por intentar descubrir nuevas maneras en que el espacio se pueda relacionar con las personas y, por tanto, favorecer que haya las máximas oportunidades y relaciones posibles", explica Vidal. "Un edificio debe aguantar el paso del tiempo y de programas diferentes, y debe continuar resistiendo para acoger más posibilidades. Esto se consigue con claridad lógica y estructural y desde un sentido pragmático, pero no debemos olvidar que la arquitectura también tiene un deber poético, y que el espacio debe ser agradable y debe tener un componente sensorial".

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Vidal también tiene una visión en profundidad de la sostenibilidad: "Para mí la sostenibilidad es holística y empieza con la decisión de escala y que el edificio se pueda usar de todas las maneras posibles durante el máximo de tiempo". En el futuro Sant Jordi Club, la sostenibilidad se concretará en la producción de energía renovable con placas fotovoltaicas, la aerotermia, la recuperación de agua de lluvia, el uso de materiales bajos en carbono y reciclados y el uso de criterios de economía circular durante las obras. Además, la paisajística favorecerá la biodiversidad, la permeabilidad del suelo y la gestión natural del agua. Todo ello contribuirá a reducir el efecto isla de calor y a mejorar la calidad ambiental de los espacios exteriores del Anillo Olímpico.

Las condiciones ambientales del Sant Jordi Club deberán tener en cuenta si la caja acústica es más bien cerrada, la relación con los espacios más abiertos del recinto y la renovación del aire durante las entradas y las salidas del público. "Existe la clásica discusión de si los edificios deben tener esta capacidad de cerrarse y ser opacos. Lo que me parece interesante es que los edificios se puedan transformar según la época del año gracias a la tecnología. La función correcta de un edificio es su capacidad de transformación en relación con el exterior", sostiene Vidal.