Arquitectura

El palacio del Gòtic que concentra "toda la historia de Barcelona"

El Palau Requesens será la Casa de las Letras en 2028, tras la intervención arquitectónica de los estudios Brullet de Luna y Les Golfes

BarcelonaEl Palau Requesens fue construido entre los siglos XIII y XV sobre la muralla romana de Barcelona, ​​pero a lo largo del siglo XX se realizó tantas intervenciones que, desde la óptica patrimonial, se le considera un falso histórico. La transformación y reconocimiento como monumento se produjo en diferentes momentos, empezando por el de la apertura de la Via Laietana y la creación, con el afán político de aprovechar el esplendor de la Barcelona medieval, del llamado Barrio Gótico. Así, cuando la Real Academia de Buenas Letras y la Comisión de Monumentos obtuvieron el usufructo del palacio en 1917, el arquitecto Josep Domènech i Mansana realizó una restauración centrada sobre todo en el patio, donde reconstruyó almenas, arcos, la escalera, una ventana lobulada y probablemente la galería. Para llevarla a cabo, mezcló fragmentos hallados en los almacenes municipales con obra nueva. Según el geógrafo y doctor en Historia del arte Agustín Cócola Gante, resulta difícil distinguir qué es "original" y que es nuevo. "Tenemos toda la historia de la ciudad de Barcelona concentrada en este edificio", afirma la arquitecta Martina Fabré, del Taller de Arquitectura Les Golfes, responsable de la próxima rehabilitación del edificio junto al despacho Brullet de Luna.

El espacio será la nueva sede de la Institución de las Letras Catalanas y también acogerá a las tres entidades profesionales del sector (AELC, PEN Català y ACEC) y otras dos entidades dedicadas a la promoción literaria, Espais Escrits (Red del Patrimonio Literario Catalán) e IBBYcat (el Consejo Catalán del Libro Infantil). La Real Academia de las Buenas Letras mantendrá su ubicación dentro del Palau Requesens y continuará ocupando el espacio de la planta noble. Está previsto que las obras se liciten a mediados del 2026 con el objetivo de que empiecen antes de finales de año, con un presupuesto para la reforma de 4,8 millones de euros. De esta forma, la previsión es que esta Casa de las Letras abra sus puertas en el 2028.

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Las intervenciones históricas de Adolf Florensa y Camil Pallàs

Las transformaciones del palacio, que está catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), continuaron en los años 50, cuando el arquitecto Adolf Florensa reconstruyó entre los años 1953 y 1958 la fachada posterior sobre la muralla, levantó y remató la torre y añadió nuevas ventanas coronellas, entre otras actuaciones. Y todavía hubo una tercera restauración, llevada a cabo entre 1964 y 1972 por el arquitecto Camil Pallàs, quien quiso "devolver la disposición original" del edificio eliminando añadidos y restaurándolo a fondo. De nuevo, Pallàs mezcló restos antiguos con piezas nuevas, con el objetivo de reforzar su aspecto medieval.

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Ante tantas capas históricas, ¿cómo se han planteado la intervención Martina Fabré y sus colegas? "Nuestra postura es entender que todo lo que ha ido entrando en este edificio forma parte, y lo leemos como un palimpsesto", dice la arquitecta. "Buscamos realizar una intervención que permita tener una lectura compleja de las capas de historia que se han ido sumando. El reto es importante –añade– porque trabajamos en un BCIN ya la vez debemos garantizar cuestiones de accesibilidad universal, de sostenibilidad. Conservemos todos los elementos que tienen un valor artístico y patrimonial, eliminando las barreras arquitectónicas".

Así, el resultado es "poder leer la estructura del edificio". "Lo que es más importante es la idea de intervenir en el patrimonio de una forma eficiente, reversible –subraya Fabré–. Por tanto, utilizamos construcción en seco, madera, con el objetivo de poder tener una lectura global del edificio. El palacio siempre se fue haciendo a pedazos, y ahora por primera vez podrá ser leído en su globalidad, por mucho que haya unas".

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Los detalles de la propuesta Brullet de Luna y Les Golfes

Entre los elementos destacados del proyecto arquitectónico se encuentra "un vestíbulo único en la planta baja", según el comunicado hecho público por el departamento de Cultura, para centralizar el acceso al salón de actos polivalente, a los despachos ya un nuevo bar abierto al público, conectado con el patio. Otro es el nuevo núcleo vertical de comunicaciones, que aprovechará el antiguo patio de luces y lo transformará en "un lucernario para aportar luz natural y vertebrar todos los niveles".

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La Real Academia de las Buenas Letras mantendrá su sede en el Palau Requesens y se ubicará en la primera planta. Su biblioteca se reconfigurará como "un gran espacio a doble altura". Asimismo, recuperará la magnitud de las arcadas góticas y aumentará su funcionalidad sin alterar la volumetría histórica.

La segunda y la tercera llanura, destinadas a la Casa de las Letras, acogerán las nuevas oficinas de las entidades y la Institución de las Letras Catalanas, situadas en la fachada para aprovechar la luz natural. Y los servicios e instalaciones se colocarán en el grosor de los muros. "Buscamos liberar todos los espacios de carácter noble y, por tanto, esto nos lleva a que, pese al almacenaje, todas las instalaciones, todos los servicios se concentran en los muros para que el espacio quede libre", dice Fabré. Además, el nuevo grosor de los muros, llamado poché es característico de la arquitectura de los palacios. Por último, los arquitectos recuperarán la fuente del jardín neoclásico y colocarán vegetación en las cubiertas para reducir el calor.