Arte

Las 69 visitas que rompieron la soledad de Puig Antich en la prisión

El Campus Miró pone en diálogo el tríptico 'La esperanza del condenado a muerte' con el film de Pere Portabella 'La cena'

BarcelonaEl abogado Oriol Arau visitó a Salvador Puig i Antich en la cárcel 69 veces. El desamparo que sufrió Puig debió ser terrible, pero las visitas que le hizo Arau durante los cinco meses y medio que estuvo encerrado en La Model hasta que lo ejecutaron significaron mucho. Por eso, este lunes una de las hermanas de Puig, Montse Puig Antich, y la abogada Magda Oranich quedaron impresionadas al verlo en la película El sopar, de Pere Portabella, durante el tercer Campus Miró de la Fundació Joan Miró, que este año está dedicado a las Seqüències Portabella, coincidiendo con el centenario del cineasta. Es decir, a analizar el compromiso político de ambos creadores y revelar "los hilos invisibles" entre ambos. Esta primera sesión estuvo centrada en poner en paralelo El sopar, que Portabella rodó clandestinamente con cinco expresos políticos la noche de la ejecución de Puig Antich, y el tríptico de Miró L'esperança del condemnat a mort, que dio por acabado el mismo día de la ejecución. "Aparte de las cosas de abogados, Salvador y Oriol hablaban mucho de nosotros. Salvador sabía de nosotros, no solo cuando íbamos a verle, porque poco podíamos decir y, en cambio, con Oriol sí que podíamos hablar", recordó Montse Puig Antich.

La esperanza del condenado a muerte se puede ver en una de las dos capillas de la colección permanente de la fundación, pensadas expresamente por Miró para exponer este tríptico y el de Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario. "Es interesante ver cómo Miró vinculó esta obra con unos hechos históricos y con el final del franquismo, hecho que la convierte en una obra política, mientras que en los tres trípticos anteriores Miró hablaba siempre de esta idea de soledad", afirmó la jefa de la colección de la fundación, Teresa Montaner. "Miró traslada toda esta emoción a la obra y a la gente, cosa que la convierte en un hecho político", subrayó. En cambio, la mala calidad del sonido perjudicó la difusión inicial de La cena, tal como recordó el colaborador de Portabella Jordi Vidal Amorós, que explicó que Portabella abandonó la idea de que los personajes de La cena hablaran de Puig Antich; y también mostró imágenes de un proyecto de Portabella sobre Puig Antich que quedó en el cajón. "Tenemos que entender y contextualizar que son películas militantes pero clandestinas. Hay un elemento muy relevante: son películas que se ruedan, pero de las que no se sabe quién las verá, porque la misión básica que tenían entonces era documentar lo que estaba pasando aquí para que lo vieran fuera", dijo Vidal.

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Oranich fue la abogada de Puig Antich y del último condenado a muerte por el franquismo, Jon Paredes Manot, Txiki. Recordó la brutalidad del aparato franquista y también sus colaboraciones con Portabella, de las cuales se pudo ver un fragmento de Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública en el que vuelve al lugar donde fusilaron a Txiki. "Pere militaba siempre, mucho más de lo que se veía desde fuera", dijo Oranich.

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Dolors Rodríguez, moderadora del acto y conservadora de la Fundació Joan Miró, señaló un último vertiente de la obra de Miró, la emocional. También recordó a Puig Antich como alguien "muy sensible, muy lector", y planteó el interrogante sobre qué habría pensado Puig Antich si hubiera podido ver La esperanza del condenado a muerte: "¡Habría dicho una palabrota!", dijo a sus hermanas desde la primera fila. "No sé si habría dicho una palabrota, pero habría estado muy, contento", añadió Montse Puig Antich. "Le decía a Oriol que nunca pensó que lo habíamos dejado de lado, y yo pienso que estaba muy orgulloso", dijo.