Marisol, la reina del 'pop art' que huyó
El Centro Botín presenta la primera retrospectiva de los dibujos de esta artista pionera de los discursos raciales y de género
'Marisol: Cuando todo está por empezar'
- Centro Botín de Santander. Hasta el 25 de octubre.
La artista Marisol Escobar (París, 1930-Nueva York, 2016), conocida sencillamente como Marisol, recibe al público de la exposición que le dedica el Centro Botín de Santander hasta el 25 de octubre desde una película de Andy Warhol, quien dijo de ella que era la primera artista "con glamur". En este filme, Marisol aparece inmóvil durante algunos minutos junto a su escultura Mujeres y perro (1963-1964), actualmente propiedad del Whitney Museum, como si fuera una figura de madera más. Esta película sirve para recordar que Marisol triunfó en la escena neoyorquina incluso antes que Warhol, y que la definieron como "la reina del pop art".
Las esculturas y dibujos, entre la introspección y el absurdo y la crítica social y de género, aparecieron en diarios y revistas destacados entre los que se encuentran Life, Glamour y The New York Times, y se pudieron ver en importantes citas artísticas como la Bienal de Arte de Venecia y la Documenta IV (1968), donde fue una de las cuatro mujeres que expusieron en ella.
Pero a Marisol, convertirse en un personaje público le resultó abrumador, y rompió con las reglas del mundo del arte. El título de la muestra, Marisol: cuando todo está por empezar, está extraído de una carta que le envió el galerista Leo Castelli cuando ella decidió "escapar" a Roma tras el éxito de su primera exposición individual. "¿Cómo puedes marcharte, cuando todo está por empezar?", le dijo Castelli. Más adelante, cuando la barbarie de la guerra de Vietnam fue cada vez más visible, en 1968 volvió a marcharse del mundo del arte, en el momento que tenía más visibilidad, para viajar al sudeste asiático.
Además, Marisol rechazó la etiqueta de "belleza latina" con la que la presentaban en los medios, y utilizó su propio rostro en una escultura, Indio, creada en solidaridad con los nativos americanos, cuya imagen las empresas tabaqueras utilizaban en unos tótems que colocaban delante de los estancos. "Se trata de una escultura que hoy puede ser problemática por cuestiones que tienen que ver con la cuestión colonial y el apropiacionismo, pero que está atravesada por la misma experiencia como mujer racializada, emigrante y representada en los medios como belleza latina", dice Laura Vallés, comisaria de la exposición en el Centro Botín. "Las crisis y las políticas de la representación, y cómo salir de ellas, de sus compartimentos estancos, es quizás lo que mejor define el trabajo de Marisol", añade.
Marisol nació en París en el año 1930 en el seno de una familia venezolana que, más adelante, quedó destrozada por el suicidio de su madre. Se crió entre Caracas, Los Ángeles y Nueva York. "Los desplazamientos geográficos definen una forma de vida muy particular y también un carácter muy esquivo", dice Vallés. Marisol tenía once años cuando su madre se suicidó, y prácticamente dejó de hablar durante cinco años. Precisamente, una de las piezas expuestas recuerda a su madre, una escultura titulada La mamá y yo, que siempre conservó con ella. "De alguna forma, este proceso de duelo la acompañó toda su trayectoria", señala la comisaria.
La fama internacional Marisol la consiguió por las esculturas, pero el dibujo fue una práctica constante, incluso cuando sufrió los estragos del Alzheimer al final de su vida. En muchos de sus dibujos se pueden ver rostros, máscaras y fragmentos de cuerpos: manos, bocas... Entre los más innovadores hay algunos en los que el género y el sexo de los personajes es indefinible, también en los autorretratos.
Cuerpos en disputa
La muestra incluye más de un centenar de obras, entre dibujos, esculturas y grabados. En los dibujos de los años 70, después de los viajes por el sudeste asiático y la Polinesia, los cuerpos son "más ácidos y en disputa". En uno de ellos se puede leer el texto: "La única salvación para un americano es ser queer". Otro de los grandes viajes lo hizo a Tahití, donde aprendió a bucear y realizó películas subacuáticas y unos dibujos con los cuales imaginaba una convivencia entre el hombre y la naturaleza. En uno de los dibujos de este ámbito se puede ver el aquabell, un artefacto inventado por ella misma para poder convivir con los peces en los fondos de los océanos. Una de las obras más destacadas de este momento que se puede ver en la muestra es otra escultura, Triggerfish, un pez ballesta de grandes dimensiones con su rostro con la boca abierta. "Volvemos a la idea de máscara –dice Vallès–. Utilizó algunos de los peces más oscuros y violentos para hacer referencias a los misiles, en el contexto de la Guerra Fría, y de los avances tecnológicos que se produjeron en aquel momento".
La última sala es la más delicada del recorrido. Vallés asumió el "desafío ético" de mostrar los dibujos de una Marisol enferma de Alzheimer en la última década de su vida, entre los cuales hay un retrato de su cuidadora. El hecho de que la enfermedad le alterase la memoria y el lenguaje no impidió que Marisol, que no perdió "la memoria de la mano", continuara dibujando. "Me parece bonito señalar que Marisol tuvo la fortuna de poder pasar toda la enfermedad en su casa, en su propio estudio. Los dibujos de este momento son unos trabajos que responden a la misma inercia y a la propia vida de la artista conviviendo con la enfermedad, pero al mismo tiempo dejando que la mano se mueva en el dibujo", dice Vallès.