Rafael Argullol: "La belleza es un espacio no domesticado ni por la moral ni por las ideologías"
Acantilado publica los 168 artículos sobre obras maestras de la pintura que Argullol publicó en el ARA
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BarcelonaPara el escritor y profesor Rafael Argullol (Barcelona, 1949) el arte "completa la vida", tal como dice él mismo con motivo de la publicación en la editorial Acantilado del libro Pinacoteca soñada, la recopilación de los artículos semanales que publicó en el ARA entre 2014 y 2017 traducidos al castellano por Maite Madinabeitia. "La vida humana es siempre imperfecta, incompleta y, aunque a veces hablemos de la plenitud de la vida, nunca es plena. La virtud que el arte tuvo desde el comienzo es la búsqueda de llenar eso que es incompleto a través de la imaginación", dice Argullol. "Y, por otra parte, me interesa el arte que es interrogativo. El arte no nos da respuestas, sino que nos plantea interrogantes. Todo arte es actual, independientemente de su cronología, si tiene esa capacidad de interrogar. Por eso, las pinturas de Altamira y las de Lascaux son tan actuales como las de Rothko", añade el autor.
Argullol recibió la propuesta de colaborar en el ARA por parte del director fundador Carles Capdevila. La idea inicial era que Argullol publicara artículos de opinión, pero terminó haciendo una colaboración de arte. En cuanto a la elección de los 168 artistas sobre los cuales escribió, Argullol se impuso que fueran europeos y que todos hubieran fallecido. La obra más antigua es uno de los retratos del Fayum (en la provincia romana de Egipto), de hace unos dos mil años, y la más reciente, Nigredo (1984), de Anselm Kiefer. Este último es el único artista vivo de la selección. Argullol lo incluyó por equivocación, pero como Kiefer le gusta mucho, lo mantuvo. Y entre uno y otro, Argullol se adentra en obras de pintores entre los cuales hay Giotto, Fra Angelico, Da Vinci, Durero, Miguel Ángel, Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Goya, Van Gogh, Picasso, Magritte, Francis Bacon y Lucian Freud.
"Una de las gracias de los artículos es que no tenía una selección previa de artistas en mente. Era como si cada semana colgara un cuadro en este museo imaginario –recuerda Argullol–. Siempre he sido un gran entusiasta de la pintura, tengo una memoria visual muy grande, pero había un filtro que dependía del estado de ánimo, de lo que pasaba en el mundo, de muchas cosas. Por eso creo que una de las gracias del libro y de la serie fue no poner ningún orden cronológico, ni ningún orden estilístico". Así, los artículos tienen también un carácter autobiográfico. "Siempre he hecho un ensayo muy personal; es decir, un ensayo donde no hay notas a pie de página, donde de alguna manera se ha ido reflejando mi experiencia de la vida –explica–. En el caso de las pinturas, aunque parezca un poco chocante, las he visto como un espejo. En cierta manera, la pintura es mirar. No es únicamente un objeto exterior, sino que es un mirar que te refleja en ti mismo", remacha el autor.
La esperanza de Géricault
Los artículos recogidos en el libro son fruto de la tensión entre tener una reproducción del cuadro en una mano y, en la otra, la hoja en blanco y el bolígrafo. Y muchas veces la escritura ha transformado la percepción que Argullol tenía de una pintura determinada. Así, descubrió el aspecto "esperanzador" del fondo de La balsa de la Medusa, de Géricault, y el "silencio excepcional" que sintió con El grito, de Edvard Munch. "Siempre escribo por las tardes, y recuerdo la tarde que el Agnus Dei, de Zurbarán, del cual tenía una idea rudimentaria, me llegó a obsesionar. También me encontré con dos obras maestras de la ternura: una pintura de Renoir de una niña leyendo, el retrato de un viejo con la nariz deformada por la enfermedad con un niño en brazos, de Ghirlandaio", explica. Otra de las obras seleccionadas es, Noctámbulos, de Edward Hopper: "Nosotros, en nuestra época, no hemos superado la perplejidad de los antiguos. Como ellos, no sabemos si es bueno o malo tener esperanzas, no sabemos si vale la pena esperar. Pero, a pesar de todo, esperamos. Esperamos en las salas de espera de los hospitales, de las estaciones de tren o de los aeropuertos. Esperamos en la larga barra de un bar, como el crepuscular óleo de Edward Hopper, porque siempre creemos, o queremos creer, que un rayo de luz penetrará la oscuridad", dice en el artículo Argullol.
Por otra parte, ¿qué es la belleza para Argullol? "La belleza es aquella convulsión que experimentas de manera individual, pero que puede ser ante cosas consensuadas con otros individuos. Pero siempre la experimentan de manera individual y transferible. Y da la impresión de que el espacio de la belleza no está domesticado ni por la moral, ni por las normas ni por las ideologías, es un espacio que se da con un gran grado de espontaneidad y que te lleva a interrogarte sobre ti mismo y sobre el mundo".
Los peligros de la especulación urbanística y la IA
Argullol reivindica el hecho de ver, que no de mirar, como un acto a contracorriente. En cuanto a los museos, los que más le gustan son el Museo Thyssen de Madrid y la Galería Tretiakov de Moscú. "Si hubiera un Ayuntamiento de Barcelona ilustrado, que no es el caso, antes de meterme en líos con el Museo Carmen Thyssen de Barcelona, me aseguraría de cuáles serán las obras que se podrán ver para que no sea una especie de cosa un poco secundaria y que sirva para hacer una gran operación especulativa", advierte.
Por otro lado, Argullol está trabajando sobre el impacto de la IA. Asegura que dirá la suya muy pronto, pero avanza una de las reflexiones. "Quien está matando primero la memoria, la capacidad de concentración y el deseo y puede matar la imaginación somos nosotros, no la inteligencia artificial", advierte. "A la inteligencia artificial le hemos cedido cosas que creemos imprescindibles, lo que tradicionalmente se llamaba espíritu. Entonces el problema no es la IA o las nuevas tecnologías, el problema es una especie de suicidio espiritual". Y la consecuencia de esto es que "finalmente nosotros seremos prescindibles".