Amanda Seyfried es Dios
La actriz protagoniza 'El testamento de Ann Lee', el nuevo filme del equipo artístico de 'The brutalist'
'El testamento de Ann Lee'
- Dirección: Mona Fastvold. Guión: Mona Fastvold y Brady Corbett
- 136 minutos
- Reino Unido y Estados Unidos (2025)
- Con Amanda Seyfried, Lewis Pullman, Thomasin McKenzie, Christopher Abbott
Es difícil resistirse a comparar The brutalist con El testamento de Ann Lee, dos películas escritas por Mona Fastvold y Brady Corbett en las que esta pareja creativa y sentimental se ha alternado en el rol de dirección. Ambos filmes pueden leerse como relecturas críticas del mito fundacional de Estados Unidos a través del retrato de dos personajes heterodoxos que, de formas distintas, proponen utopías que ponen en cuestión elstatu quo de su época. Las similitudes terminan aquí, ya que, en su segundo largometraje como directora, Fastvold propone una mirada arriesgada e insólita hacia un personaje femenino inclasificable.
El testamento de Ann Lee es un drama histórico biográfico y un musical de sutil discurso feminista centrado en la figura real de Ann Lee (una Amanda Seyfried descomunal), pionera líder religiosa del siglo XVIII y fundadora de la secta de los Shakers. Sus seguidores eran pacifistas y célibes, creían en la igualdad entre géneros y practicaban rituales para conseguir el éxtasis religioso a través del canto coral y de los bailes grupales espasmódicos, en una comunión febril entre espíritu y cuerpo. El filme, artísticamente impecable –los números musicales son prodigiosos y combinan fisicidad extrema y virtuosismo técnico, y la banda sonora de tonalidades experimentales corre a cargo de Daniel Blumberg, ganador del Oscar por The brutalist–, acaba resultando agotador narrativamente y bastante ambiguo en su opaca descripción de esta mística avanzada en su época y convencida de ser la reencarnación de Dios en la Tierra. Una afirmación difícil de asumir para aquellas personas que no participamos en el culto de los Shakers, pero absolutamente plausible después de asistir al tour de force actoral, físico y musical de Seyfried, más cerca de la revelación divina y de la posesión sobrenatural que de cualquier método interpretativo terrenal.