El osado debut como directora de Kristen Stewart
La actriz adapta el libro autobiográfico de Lidia Yuknavitch en una propuesta que flirtea con el cine experimental
- Dirección y guión: Kristen Stewart.
- 128 minutos. Estados Unidos, Francia y Letonia.
- Con Imogen Poots, Thora Birch y Jim Belushi.
Ninguna otra estrella femenina como Kristen Stewart se ha desmarcado tanto, a través de sus decisiones profesionales, de la imagen de actriz adolescente que llega a la fama con la película romántica juvenil más popular de su época. En su primer largometraje como directora, que adapta el libro homónimo y autobiográfico de Lidia Yuknavitch, Stewart también evita caer en el modelo más desgastado de cine independiente. De forma inesperada, adopta estrategias estéticas más típicas del ámbito experimental, como la hiperfragmentación, el desenfoque y las estructuras no lineales, que le sirven para desmarcarse de dos lugares comunes de la puesta en escena cinematográfica.
A partir de la experiencia subjetiva marcada por el trauma de la protagonista, una joven nadadora que confronta su pasado doloroso y no explicitado entregándose a una vida de excesos, La cronología del agua pone en evidencia la naturaleza inestable y frágil de la memoria mediante recursos estructurales, poéticos y plásticos, y no sólo a través del enunciado narrativo. Además, la directora logra abordar la sexualidad de una manera frontal, íntima e inconformista, pero sorteando el tradicional punto de vista voyeurístico. La elección de secundarios es más que atractiva: recupera a otra actriz adolescente, Thora Birch; otorga a Kim Gordon (Sonic Youth) un papel pequeño pero carismático; y permite a Jim Belushi lucirse en un registro inesperado. Si en sus partes el filme resulta suficientemente atrevido y heterodoxo, la suma resulta menos satisfactoria. La intensidad de la interpretación de una omnipresente Imogen Potts resulta algo carregosa y el arco dramático de su personaje, una historia de superación a través del arte que desemboca en la fundación de una familia clásica, acaba siendo del todo previsible y convencional.