Cine

De los fantasmas sexuales de Mariana Enríquez al carisma exuberante de Lali Espósito

El cine argentino domina la cuarta jornada de la competición del Festival de San Sebastián con 'Mis muertos tristes' y 'Glaxo'

La actriz y cantante Lali Espósito en el Festival de San Sebastián.
21/09/2026 - 08:30 h.
3 min

Enviado especial a San SebastiánEl cine empieza a hincar los colmillos en el fascinante universo de terror gótico de Mariana Enríquez, que es el gran referente actual de la literatura fantástica latinoamericana, con un extraordinario universo de terror gótico muy arraigado en la realidad argentina que no ha pasado inadvertido para el cine. Mientras se acababa de concretar la adaptación que el barcelonés Marçal Forés prepara del cuento ¿Dónde estás, corazón?, el año pasado se estrenó en el Festival de Sitges la notable La virgen de la tosqueraque partía de dos cuentos de la autora, y este domingo ha llegado al Festival de San Sebastián Mis muertos tristes, en el que el chileno Pablo Larraín adapta cuatro cuentos de Enríquez: Un lugar soleado para gente sombría, Mis muertos tristes, Cuando hablábamos con los muertos y Julie.

Como en La virgen de la tosquera, Mis muertos tristes injerta los diferentes relatos cortos en una única historia, que en San Sebastián se presenta como película y que, a partir de este viernes, se podrá ver en Netflix en formato de miniserie de cuatro episodios. Según la plataforma, no hay casi ninguna diferencia entre el material de una versión y de la otra. En un contexto en el que las categorías tradicionales cada vez tienen menos peso, ¿por qué no programarla en el festival como serie? ¿O en Netflix como película? Sea como sea, Mis muertos tristes es una de las obras más estimulantes de la competición oficial: un drama sobrenatural que mastica la atmósfera turbia, el fatalismo y el horror de cocción lenta de la literatura de Enríquez.

La siempre excelente Mercedes Morán ocupa el centro de gravedad narrativo de Mis muertos tristes con un personaje magnético, Ema, una cirujana retirada y arisca que desde pequeña ve y siente a los espíritus de los muertos, un don que es más bien una maldición con la que ha tenido que aprender a convivir. También es médium su sobrina, una adolescente obesa y víctima de bullying que por las noches tiene intensas orgías ectoplásmicas con un grupito de fantasmas. A su alrededor, Larraín y los otros dos guionistas orquestan una historia sobre el peso del pasado y su tendencia a resurgir, un tema siempre pertinente en un país con tantos esqueletos en el armario como Argentina.

Es una lástima que Mis muertos tristes no saque más provecho del personaje de la hija que interpreta Dolores Fonzi, bastante desaprovechada en buena parte de un metraje inflado en su tramo final, seguramente para ajustarse a las convenciones episódicas y acabar de rellenar el capítulo final. En cualquier caso, el principal reproche que se le debe hacer a la serie (o película) es estético: una fotografía apagada y gris, tan muerta como los fantasmas que habitan la historia, y que va en contra de imágenes tan poderosas como la del cadáver flotando en un depósito de agua.

Había una vez en Argentina

El cine argentino ha sido el gran protagonista del día en la competición oficial, donde también se ha estrenado la nueva película de Benjamín Naishtat, un habitual del festival que hace dos años presentó allí la brillante comedia universitaria Puan, codirigida con María Alché. Naishtat recupera en Glaxo al protagonista de aquel filme, un siempre magnífico Marcelo Subiotto, pero su nuevo trabajo tiene mucho más que ver con Rojo, el drama político ambientado en los meses previos al golpe de estado de 1976, que en el Festival de San Sebastián de 2018 se llevó tres premios del palmarés oficial.

En Glaxo, que adapta la novela homónima de Hernán Ronsino, Naishtat toma prestada la estructura en múltiples tiempos de los dramas épicos en la tradición de Érase una vez en América para explicar la historia de un grupo de jóvenes de una ciudad de provincias fascinados por la joven y exuberante esposa de un policía retirado y la traición imperdonable que comete uno de los chicos. La película gana interés cuando se explora el pasado represor del policía –y, por tanto, la impunidad de los crímenes de estado en Argentina– y cuando Naishtat se recrea en el carisma de Lali Espósito –actriz y cantante muy popular en Argentina y una de las voces más críticas contra Milei–, muy convincente como femme fatale involuntaria. Pero todo ello no acaba de redimir una película correcta que transita caminos demasiado familiares y que promete una catarsis que no llega nunca.

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