Festivales

El terror negrísimo de 'Cuando acecha la maldad', primer triunfo latinoamericano en Sitges

El contundente relato de posesiones demoníacas de Demián Rugna se lleva el premio a la mejor película

SitgesEl demonio siempre gana en Sitges. La argentina Cuando acecha la maldad, de Demián Rugna, se ha llevado este sábado el premio a la mejor película del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges. El reconocimiento del jurado hace justicia a la cinta más terrorífica y nihilista de la competición oficial, una pesadilla negra como la noche más oscura en la que se van sumergiendo los protagonistas de la historia, dos hermanos que encuentran en su finca de la Argentina rural un cadáver mutilado. El hallazgo les pone sobre la pista del drama que se está produciendo en casa de unos vecinos: una posesión demoníaca. Con la infección maléfica avanzada y el cuerpo del "embichado" terriblemente deformado, sólo queda una opción: matar al poseído, pero incluso eso es delicado y debe hacerlo un experto para que la muerte del huésped del demonio no abra la puerta de nuestro mundo a la maldad más absoluta. "Hemos visto mucho cine de terror, pero nunca habíamos visto nada como esta película", resumió la crítica Alexandra Heller-Nicholas, miembro del jurado.

Cuando acecha la maldad también ha ganado otro premio del palmarés, el Blood Window a la mejor película iberoamericana, que Rugna ya se llevó en el 2018 con su anterior trabajo, Aterrados, estremecedora cinta sobre fenómenos paranormales en un vecindario de Buenos Aires. El nuevo terror latinoamericano está cada vez más presente en la programación de Sitges, y el triunfo de Cuando acecha la maldad, el primero de una película latinoamericana en 56 ediciones del festival, confirma la creciente diversidad cultural del cine de terror moderno. De hecho, en un hito histórico para el cine en castellano, la película de Rugna se estrena este octubre en más de 650 salas en Estados Unidos antes de su llegada (coincidiendo con Halloween) a la plataforma especializada en cine de terror Shudder, coproductora del filme. El estreno español está previsto para el 19 de enero.

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El palmarés de Sitges ha sido muy repartido, tanto que el segundo premio más importante, el especial del jurado, lo han compartido la británica Stopmotion, de Robert Morgan, y la francesa Vermin. La primera, un viaje a la locura protagonizado por una animadora en stop motion, rodado en imagen real con fragmentos animados, provocó una de las anécdotas del festival en su proyección en el cine Retiro, en la que una espectadora se desmayó cuando la protagonista comienza a utilizar partes de su propio cuerpo para construir las figuritas. Vermin, de Sébastien Vaniče, es una pesadilla ambientada en la banlieue en la que una plaga de arañas asesinas infesta un edificio de viviendas marginales: tensión, toques cómicos y trasfondo social en la monster movie de esta edición.

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También es para Francia el premio al mejor actor de Karim Leklou, a quien todo el mundo quiere matar en Vincent debe morir, y el de mejor actriz para la estadounidense Kate Lyn Sheil de The seeding. Una de las favoritas del público, Late night with the devil, sobre un talk show que acoge a una poseída como invitada, tuvo que conformarse con el premio al mejor guion. El palmarés de la sección oficial lo completan Omen (dirección), El reino animal (efectos especiales) y La morsure (fotografía), que pescó además el Méliès de Plata a la mejor película europea. La mención especial a Riddle of fire deja cierto regusto agridulce: esta vibrante aventura de tres niños de un pueblecito estadounidense merecía más reconocimiento. Pero el olvido más incomprensible del jurado oficial es la magnífica Las chambres rouges, perturbador thriller psicológico canadiense que reflexiona sobre la fascinación del mal y la empatía a través de la historia sobre dos chicas que no se pierden ninguna sesión del mediático juicio de un psicópata asesino.

La edición de los récords

La gran noticia de esta edición de Sitges, sin embargo, no han sido los premios sino la impresionante afluencia del público. A falta de dos jornadas para cerrar el festival, el número de entradas vendidas ha pasado en un año de 73.257 a 83.163, que marca un máximo histórico. El aumento es del 13,5%, y si comparamos las cifras de esta edición con las de 2021 sería de un 20%.

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Los resultados son especialmente significativos en una edición sin grandes estrellas de Hollywood por culpa de la huelga de los actores. "La ausencia de las grandes estrellas preocupa más a los patrocinadores que al público, que viene a ver películas, y de todo tipo, no sólo de Hollywood", ha afirmado Ángel Sala, director del festival. "Además, Sitges crea sus propias estrellas, que suelen ser directores".

Sala reconoce que el festival está "muy cerca de tocar techo" y que mucha gente "se queda fuera" de muchas sesiones. "Necesitamos más infraestructura, y eso quiere decir otra sala con mayor capacidad", defiende, "y la propuesta está sobre la mesa del festival, también de los representantes políticos". Lo que no se plantea Sala como solución es reactivar la plataforma online que funcionó durante las dos ediciones pandémicas: "Sitges es un festival de presencia, encuentro e interacción, y su futuro no pasa por ser online sino por mejorar la presencialidad" .