Bob Dylan fue tentado por Albert Serra
El cineasta de Banyoles y la periodista Imma Merino presentan el libro 'Dylan y el cine. Filmar la leyenda', de Àngel Quintana
Barcelona«Esto es periodismo cultural del bueno», dice la periodista Imma Merino sobre el libro de Àngel Quintana Dylan i el cinema. Filmar la llegenda (Enderrock Llibres, 2026). «Es fruto de la pasión por Dylan, pero esta pasión la pones a trabajar», continúa Merino, que no oculta la amistad y la admiración por Quintana (Torroella de Montgrí, 1960), catedrático de historia y teoría del cine y uno de los críticos de cine más relevantes del país. En la presentación de este libro espléndido en la Llibreria Ona de Barcelona también está el cineasta Albert Serra, que explicará una anécdota inesperada y que igualmente alaba el trabajo del autor, y destaca unas frases que, dice, describen perfectamente a Bob Dylan, «un hombre que vive en el mundo como si viviera en una ficción»: «Dices que Dylan es alguien que «decidió convertir su existencia en una especie de encrucijada entre viejas ficciones míticas, el deseo constante de vivir experiencias diversas y de convertir la creación en un impulso que todo lo acaba condicionando»». Por cierto, tanto Serra como Merino coinciden en criticar la portada del libro, que reproduce una imagen de Timothée Chalamet haciendo de Dylan en el film A complete unknow (John Mangold, 2025). "¿Qué hace el chaval del Chalamet aquí!", exclama Merino, que, ya que está para criticar, lamenta que Quintana no elogie más a Cate Blanchett, una de las actrices de I'm not there (2007), la aproximación de Todd Haynes a la multiplicidad dylaniana. Los tres, por cierto, admiran a Dylan. Merino, además, valora que tenga como referente cinematográfico Les enfants du paradis (Marcel Carné, 1945). Serra lo considera un "antiacadémico en todo" que recoge el legado del cantante como predicador, "como Hank Williams". "Y es un gran poeta y un gran músico", añade Quintana, que lleva una camiseta con la frase I contain multitudes que Dylan tomó prestada de Walt Whitman para titular una de las canciones del disco Rough and rowdy ways (2020).
Dylan está huyendo constantemente, como un Ulises, cuya carrera, escribe Quintana, "no es nada más que la crónica de un largo e interminable retorno a una Ítaca a la que nunca acaba de llegar, porque le da miedo establecer unas raíces que sean definitivas". Y según Serra, el tema "más importante del libro es que la relación de Dylan con el cine es una relación frustrada, equívoca, fracasada". "Se ve enseguida que en Dylan, cuando empieza a ver las primeras imágenes filmadas suyas, ya se siente incómodo porque lo asocian demasiado a un movimiento social como cantante protesta. Él no tiene bastante fuerza para combatir esta imagen, y huye", dice Serra, que subraya la incapacidad de Dylan de adaptar el misterio poético de la huida a la concreción que pide la imagen cinematográfica. Por eso la experiencia de Dylan como director y como actor es tan frustrante. "Toda su relación con el cine parece un autosabotaje", dice Serra. Y bien que habla Quintana en un libro tocado por la erudición y la lucidez analítica, "analizando las fuentes a fondo y escrito con una narrativa muy clara que no excluye la complejidad", tal como apunta Merino. Efectivamente, Dylan y el cine es una lectura enriquecedora, que aborda también el cine en las canciones de Dylan y que no esconde las críticas más feroces, como las que recibieron las películas Renaldo & Clara (1978) y Masked and Anonymous (2003), pero que no renuncia a ir más allá, como cuando encuentra correspondencias entre los fracasos políticos que empapan Masker and Anonymous y Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson, 2025). La incapacidad para interactuar
Quintana también habla de las decepcionantes prestaciones de Dylan como actor, y Serra explica el porqué. "Dylan tiene una incapacidad profunda para interactuar con otro actor, porque eso se tiene que hacer sobre la base de la concreción. No puedes estar escapando todo el rato y no articular una cosa concreta. Por muy poética que sea, tiene que ser una reacción concreta que interactúe con alguien. Pero miras las películas y ves que Dylan no está reaccionando absolutamente nunca a ningún tipo de input. Reacciona arbitrariamente, siempre. Y eso no lo explicas en el libro", dice Serra con toda la confianza que da la amistad.
De hecho, Albert Serra ha revisado las películas de Bob Dylan hace poco. "Es una anécdota que no tiene demasiada importancia, pero que es un poco divertida", avanza. En la próxima película de Serra, que ahora está en fase de montaje, hay "un personaje protagonista de unos ochenta años que de alguna manera tiene un aura un poco también etérea y bohemia, y con unas características que podrían ser interpretadas por Bob Dylan". Incluyeron su nombre en la lista que enviaron al director de casting norteamericano, "porque es una película en inglés y tiene que ser con actores norteamericanos conocidos". "De los cinco actores de la lista, Dylan era el que menos me convencía", admite.
Así que revisó Pat Garrett & Billy the Kid (Sam Peckinpah, 1973), en la que Dylan tiene un papel. "Me gusta esto que dice Àngel [Quintana], que Dylan se inspiró en Chaplin cuando hace aquel gesto con el sombrero, que es una destilación rockandrollesca del vagabundo de Chaplin", hace un inciso Serra antes de continuar. El director de casting le hizo la propuesta a Dylan, y lo tentó. "El mánager" del músico, "que es una especie de abogado que lo lleva todo, contestó que a Bob Dylan le había interesado mucho el papel porque era una especie de personaje que le gusta mucho, pero que le era imposible porque en esas fechas estaba de gira". En la gira interminable que Dylan creó como una huida eterna donde "prácticamente no muestra ningún tipo de emoción ni interactúa con el público". "Es otra manera de estar en el mundo, incompatible con el cine", concluye Serra. En cualquier caso, hay que leer este libro de Àngel Quintana sobre una leyenda.