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Generalitat de Catalunya

Probablemente el primer libro de divulgación científica en catalán

Visitamos el laboratorio de física experimental Mentora Alsina, en el MNACTEC

El laboratorio de física experimental Mentora Alsina, en el MNACTEC.
13/08/2026 - 00:22 h.
4 min

En el ámbito científico a menudo es arriesgado confirmar la autoría de un invento. De disputas entre un científico o un equipo de científicos y otros sobre quién ha sido el inventor de algo las ha habido –y las hay– las que quieras. Por eso, prefiero ser prudente y decir que el magnífico libro que tengo en las manos, que durante mucho tiempo se ha conocido como el primer libro de divulgación científica en catalán, es probablemente el primer libro de divulgación científica en catalán. Esta publicación, que se encuentra en el Centre de Documentació del MNACTEC (Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya), tiene el título de Noves científiques (Novas científicas, dice el original). Está escrito por el político, economista, técnico textil y gran divulgador de la ciencia Ferran Alsina, en un catalán prenormativo. Leyéndolo me encuentro con unos cuantos entrebances: ab (con), aixís (así)... Al cabo de un rato ya me he acostumbrado.

Es un libro de 1904. Hago una búsqueda rápida, para situarme en aquel año, de qué cosas pasaban: leo que empezaban a extenderse las líneas telefónicas fuera de Barcelona y que se hacían en esta misma ciudad pruebas de navegación aérea con globos aerostáticos, cuando todavía no estaba claro que los aviones se convertirían en el mejor medio de transporte por el cielo.

Alsina escribió Noves científiques con la intención de presentarlo a la Royal Society, la academia nacional de ciencias del Reino Unido, una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo, fundada en Londres en 1660. Pero no se sabe si llegó a presentar el libro a esta institución.

Alsina era muy humilde: "No nos puede venir de nuevo que nuestra labor sea imperfecta", dice en el libro. Para él, lo que explica es un escalón modesto dentro de un proceso colectivo de búsqueda de la verdad natural.A Nuevas científicas, Ferran Alsina expone primero conceptos falsos y después "nuevos conceptos justos y naturales", que demuestran determinados principios o comportamientos de la materia a través de la experimentación o las observaciones que él hacía con instrumentos científicos y técnicos que adquiría en Inglaterra y en Alemania. Los objetos acabaron formando una magnífica colección. Tengo delante unas cuantas piezas que están expuestas. Las voy repasando con la mirada. Encuentro que es un acierto que no se hayan repintado. Son tal como eran. También encuentro genial que con algunas réplicas de estos objetos se hagan talleres. Se hacen encima de una larga mesa de madera, enorme. Por unos momentos la imagino parada para una buena comida. ¡Cabría una multitud! Yo no he comido nunca en una mesa tan larga.Ahora estamos acostumbrados a los museos de ciencia donde la experimentación es fundamental –el CosmoCaixa es el gran ejemplo–. La colección de Alsina fue pionera en esta línea. Contiene objetos de disciplinas muy diversas: mecánica, presión, hidrostática, óptica, acústica y electricidad. Ya estaban pensados para que se pudieran manipular y hacer funcionar. Algunos se usaban en centros de investigación, y aún se usan. Es el caso de los tubos capilares (tubos de diámetro de un cabello, que permiten analizar microvolúmenes de líquidos en biología o química analítica). Otros ya no se usan, pero son la base de los actuales. También hay que son réplicas de dimensiones reducidas. Por ejemplo, la máquina de vapor, que precisamente es la razón de ser de donde soy: la fábrica textil Aymerich, Amat y Jove, que al cabo de unos años de su cierre se convirtió en museo, el MNACTEC.El laboratorio de física experimental Mentora Alsina ha sufrido unas cuantas vicisitudes, entre las cuales la desgracia de su creador. "Alsina tenía una salud débil: fundó este gabinete de física en el año 1907 y, tan solo un año después, murió de tuberculosis. Pudo verlo abierto al público muy poco tiempo", me explica mi anfitriona, Vanessa Vicente, conservadora del MNACTEC. Suerte que Alsina había fichado a un colaborador. Un día puso un anuncio en el periódico por si alguien estaba dispuesto a hacer un "trabajo especial". Ramon Llobregat, después de hacer el bachillerato, se había alistado en la guerra de Cuba –llevado por un capricho para huir de su tío cura, que se había empeñado en hacerlo entrar en el seminario–. Harto de la guerra, desertó y volvió a Barcelona. Vio el mencionado anuncio y le cambió la vida. El señor Ramon se convirtió en mano derecha de Alsina y también en el alma de esta colección extraordinaria: adquirió nuevos objetos e incluso hizo algunos, siempre con gran precisión. La colección pasó a manos del Ayuntamiento de Barcelona, y desde hace unos años se encuentra en el MNACTEC. El edificio del Tibidabo de Ferran Alsina, donde inicialmente estaba la colección, quedó vacío, y se instalaron unos okupas.Si asiste a uno de los talleres en los que algunos de estos objetos se ponen en movimiento, quedará fascinado. No sabrá si ve magia, ciencia o ambas cosas.Les cuento uno, para terminar. Se trata de un pedestal aparentemente vacío. Pero... a medida que se acerquen les aparecerá un reloj. Inspirado en este experimento, el poeta Joan Brossa creó un poema visual para el vestíbulo del Teatre Poliorama de Barcelona. Ferran Alsina, el ideólogo de la Colonia Güell"Ferran Alsina inventó un telar para fabricar panes estampadas que patentó y vendió a Eusebi Güell, con quien participó en la fundación y el diseño de la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló", explica Vanessa Vicente, conservadora del MNACTEC. Anteriormente, Alsina había dirigido el Vapor Vell de Sants (donde, a causa de la conflictividad laboral, sufrió un atentado).

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