La fascinante danza de Peeping Tom
'Crónicas' reproduce el sinsentido de cinco machos en un espacio escénico impresionante
Crónicas Idea y dirección: Gabriela Carrizo
- Intérpretes: Simon Bus, Seungwoo Park, Charlie Skuy, Boston Gallacher, Balder HansenTNC Sala Gran. Hasta el 15 de junio
Peeping Tom era una compañía de danza-teatro con dos cabezas que trabajaban conjuntamente: la argentina Gabriela Carrizo y el francés Frank Chartier. Ahora sigue siendo una compañía de danza-teatro, pero cada espectáculo está comandado por uno de los dos creadores y fundadores. Hace dos años vimos en la Sala Gran del TNC la versión más teatral de Peeping Tom (S 62°58’, W 60°39’) donde la danza física, casi acrobática que caracterizaba las propuestas de la compañía, prácticamente había desaparecido.
Chronicles, de Gabriela Carrizo, es la otra cara de la moneda. Pura danza en un montaje sin texto, más allá de alguna palabra que se escapa casi accidentalmente. El espectáculo conserva, y esto también estaba en la propuesta de Chartier, la creación de una atmósfera inquietante sobre un espacio escénico impresionante, así como la importancia de la banda sonora. Y si Chartier imaginaba su reflexión sobre el teatro en las gélidas aguas de la Antártida argentina en una superba escenografía, Carrizo no se queda atrás en la grandiosidad, y sitúa su reflexión sobre la humanidad en una inmensa cueva paleolítica. El espacio escénico incluso se eleva por el telar del TNC (Amber Vandenhoeck), si bien casi todas las coreografías se manifiestan en el proscenio.
Parece que Carrizo se aferra al cuento El inmortal de Jorge Luis Borges, aunque esto no se manifieste en esta fantasía que reproduce el sin sentido de cinco machos desde la prehistoria hasta la violencia más contemporánea. De la piedra a la pistola. Cinco fantásticos bailarines llenan el espacio de una danza física, casi atlética, con coreografías que llevan al límite las extremidades de los intérpretes. La banda sonora (Raphaëlle Latini) fluctúa entre el clasicismo de una orquesta sinfónica, la dulce cadencia de melodías orientales, las percusiones de los sintetizadores e, incluso, la recreación de un famoso tema de Elvis Presley. Fiel al pasado, Carrizo salpica las enérgicas coreografías con toques de humor. La atmósfera y el movimiento reinan dejando que cada mirada construya una lectura individual tan desconcertante, seguramente, como el desconcierto de los oficiantes. Al final, danza. Danza abstracta de una gran calidad.