Andrè Schuen y Pere Arquillué, amor por la palabra cantada y recitada en Vilabertran
El barítono y el actor, junto con el pianista Daniel Heide, ofrecen en la Schubertíada una lectura del ciclo 'Die schöne Magelone' de Johannes Brahms
Andrè Schuen, Pere Arquillué y Daniel Heide
- 'Die schöne Magelone', de Johannes Brahms.Schubertíada. Canónica de Vilabertran. 20 de agosto de 2026.
Las noches de agosto en la Schubertíada de Vilabertran son siempre garantía de calidad y excelencia. Todavía más cuando en el programa figura el barítono Andrè Schuen, uno de los grandes especialistas actuales del lied, fijo en la programación del festival ampurdanés desde que debutó en 2018. Este año ha protagonizado un recital especialmente lucido y original junto a su pianista habitual, Daniel Heide, y al actor de Tarrasa Pere Arquillué, que ha hecho de narrador.
El programa estaba dedicado íntegramente a Die schöne Magelone de Johannes Brahms, un ciclo de quince canciones luminoso y vital sobre la historia de amor medieval entre el caballero Pedro de Provenza y Magalona, hija del rey de Nápoles, reescrita en 1797 por Ludwig Tieck. Schuen y Heide interpretaban los lieds con maestría, y Arquillué, con su voz profunda y clara, entre pieza y pieza, narraba como un cuentacuentos parte de los fragmentos restantes del texto original. El resultado es una alternancia entre voz cantada y recitada, poco habitual en el mundo del lied, pero especialmente pertinente e interesante.
Las quince canciones de Brahms, compuestas entre 1861 y 1869, toman los poemas que cierran cada capítulo del cuento medieval recuperado por Tieck, de manera que, por sí solas, no permiten reconstruir toda la línea de la historia. Por ello, con los años, en la interpretación en vivo del ciclo se instauró la costumbre de incorporar un narrador que completara el argumento, tal como hizo Arquillué en la Canónica de Vilabertran. Ciertamente, esta opción resta un punto de protagonismo a la música, ya que no permite consolidar una atmósfera total de escucha, silencio y recogimiento, pero al mismo tiempo realza la dimensión teatral y dramática de la obra, que es igualmente esencial en el género del lied.
En sus intervenciones, Schuen, con una voz sólida, bien fundamentada y un control del fiato excepcional, se movía por toda la tesitura con una naturalidad encantadora, pasando de la expansión gallarda al hilo de voz más delicado sin perder nunca la línea. Sin impostar el timbre ni sobreactuar, el barítono convierte cada inflexión de la voz en una prolongación del hablar realmente expresiva y extraordinariamente comunicativa. A su lado, Daniel Heide gobernaba la complejidad armónica y contrapuntística de Brahms, con sus líneas entrelazadas y voces interiores que en este ciclo, menos atormentado e introspectivo, dialogan con un espíritu popular y aventurero.
Y como interlocutor de esta dupla magnífica, tomaba la palabra Arquillué, auténtico hombre de teatro, que con una cadencia solemne, una dicción pulcra y una gestualidad mínima, cautivó a todo el público de la iglesia narrando el amor cortés entre dos amantes separados por el infortunio y reencontrados por el azar feliz.