El Sónar 2026 empieza con sexo explícito, tecno y nostalgia
Metrika, Speedy J y Cabaret Voltaire destacan en la primera jornada del festival en la Fira Gran Via de L'Hospitalet de Llobregat
L'Hospitalet de LlobregatSensación de cambio de ciclo en la primera jornada del Sónar 2026, la primera edición desde 1994 sin los tres fundadores (Sergio y Enric Palau y Ricard Robles). Por lo tanto, la primera con François Jozic como director, y también la primera sin distinción entre Sónar de Día y Sónar de Noche porque ahora toda la actividad se concentra en un único recinto, la Fira Gran Via, en l'Hospitalet de Llobregat, aunque la parte profesional del Sónar+D estrena ubicación en la Llotja de Mar y se recupera el Sónar Kids, que se hace en el Parc del Fòrum. A pesar del aroma de página pasada, hay cosas invariables, como la agradable sensación de dejarse llevar por el hedonismo y el descubrimiento inesperado.
La concentración suma escenarios como el Village y el Hall, que de 2013 a 2025 estuvieron en Montjuïc, y mantiene los que ya funcionaban en l'Hospitalet, histórica sede de la programación nocturna desde 2001. Ahora todo ello empieza a las 17 h y termina en el mismo lugar de madrugada. Eso sí, se mantiene el precio de las cervezas de 2025: 5,50 euros. Entre otras cosas que no cambian está el apoyo que el Sónar da a propuestas emergentes o que apenas se están consolidando. Por ejemplo, la castellonense Metrika, estrella de media tarde en el escenario Park en una primera jornada todavía no a pleno rendimiento y, como es habitual los jueves del Sónar, con menos escenarios en juego.
“Mucha perrita y muchos maricones”, dijo Metrika para saludar al público, aún no muy numeroso pero bien predispuesto a recibir una convincente bocanada de trap macarra, dembow y reggaeton filtradísimo a cargo de una “diva a la que hacen el pasillo cuando entra a la rave”. Desafiadora tras unas gafas oscuras enormes y unos versos que hablan de sexo explícito, de automedicación, de deseos satisfechos, de promesas escatológicas y de un coño que huele diferente, fía el show al carisma escénico propio y al del eficaz cuerpo de baile y, claro, a una poética sexual primaria, sin preliminares metafóricos, y a veces de primaria. Canciones como Madre fundadora, Lip combo (la de “dame un besito en el toto”) y otras casi makineras como la exitosa Humedad valenciana conectaron con un público que mayoritariamente seguía la actuación con una sonrisa cómplice. Metrika es una diva capaz de brillar en un parking de centro comercial abandonado gracias a artefactos como Toto de loca, una de las proclamas sexuales más descabelladas de los últimos años. La disparó hacia el final del show (antes de Diva del infierno) mientras buena parte del público cantaba el estribillo “Quiere toto de loca / Perra, pon la boca, boca, ah” y otros hallazgos como “Que me metan dos pollas y me salgan siamesas / Hoy busco una zorrita nueva que me rece / Pa' darle duro, duro, duro, pa' darle duro”.
Menos procacidad pero mucha más inclemencia rítmica había en SonarCar con el neerlandés Speedy J, que cada día del Sónar despliega el proyecto STOOR: una especie de jam session techno compartida con otros productores. El jueves, durante cinco horas, creó con Colin Benders, Nadia Struiwigh, Reeko y .VRIL, los cinco en el centro del espacio, como oficiantes de una ceremonia pagana muy bien recibida por la asistencia.
(1983) y material más abrasivo transmitieron la sensación de que sí valía la pena hacer esa gira.
The crackdown (1983) y material más abrasivo transmitieron la sensación de que sí que merecía la pena hacer esta gira.