Todo lo que la madera revela de 20.000 años de vida neandertal en el Abric Romaní
Bandejas, biombos y una maza extraordinaria: los restos encontrados durante 40 años de excavaciones en Capellades demuestran su sofisticación
BarcelonaHacer un viaje en el tiempo, plantarse en una noche de hace cincuenta mil años en una cueva en el actual término de Capellades (Anoia) y observar cómo viven y duermen una veintena de neandertales requiere imaginación, pero la arqueología puede ayudar mucho en ello. Y el Abric Romaní de Capellades es un escenario excepcional para hacerlo, porque durante cuarenta años de investigación se han podido estudiar ocupaciones neandertales de entre aproximadamente 62.000 y 40.000 años de antigüedad. Es decir, más de 20.000 años de prehistoria.
Un estudio liderado por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) de Tarragona y publicado en la revista Science Advances ha analizado el registro de madera recuperado durante estas cuatro décadas de excavaciones. En total se han analizado 597 restos procedentes de 16 niveles arqueológicos diferentes. El análisis demuestra que los neandertales hacían un uso recurrente, sistemático y enormemente diverso de esta materia prima: no solo como combustible para calentarse, sino para fabricar armas, herramientas de trabajo y recipientes domésticos, e incluso para construir o acondicionar los espacios que habitaban.
El conjunto ofrece una imagen muy poco habitual de un material que, por su carácter orgánico, casi siempre queda borrado del registro arqueológico. La madera es efímera, pero en Capellades ha podido sobrevivir durante miles de años por la singularidad geológica del Abric Romaní: el agua rica en carbonato cálcico que goteaba de manera constante por la cueva fue recubriendo rápidamente los troncos, las herramientas y las estructuras abandonadas por los neandertales. Cuando la materia orgánica se descompuso, el mineral ya había consolidado una huella exacta en forma de molde de toba carbonática. La impresión es de una precisión tan extraordinaria que permite a los paleobotánicos analizar la estructura de los árboles utilizados.
¡Cómo gestionaban el espacio?
Hasta ahora la mayoría de los restos de madera neandertales localizados en Europa se limitaban a hallazgos puntuales en lugares de caza o de obtención de recursos, como los conocidos yacimientos alemanes de Schöningen y Lehringen, donde predominaban los bastones cavadores y algunas lanzas. En el Abric Romaní, en cambio, se ha encontrado una gran diversidad de objetos con funciones muy diferentes. "Tenemos los hogares, las herramientas de piedra, los animales procesados y también la madera. Cuando lo ponemos todo junto podemos entender no solo qué hacían, sino cómo organizaban el espacio, cómo gestionaban el fuego y cómo desarrollaban sus actividades", destaca la arqueóloga Palmira Saladié, investigadora del IPHES-CERCA y coordinadora del estudio.
Ya hace tiempo que diferentes investigaciones muestran unos neandertales muy alejados de aquellos seres toscos y brutales que la historiografía del siglo XIX dibujó en el imaginario colectivo. Este estudio reafirma que se trataba de una comunidad con amplios conocimientos tecnológicos que organizaba su entorno. Tenían un espacio reservado exclusivamente para dormir, equipado con pequeños hogares que hacían la función de braseros individuales para mantener el calor corporal durante la noche. Para protegerse de las corrientes de aire, levantaban paravientos de madera. Lo demuestra uno de los restos que han encontrado los arqueólogos: una pieza rectilínea de 5,10 metros de longitud, completamente despojada de ramas y trabajada, que habría servido de palo maestro para sostener estructuras en trípode y proteger a los habitantes del abrigo contra las inclemencias.
Entre las herramientas de caza encontradas destacan dos lanzas de madera excepcionalmente bien conservadas. Una mide 2,45 metros de longitud y presenta un diseño específico para la estocada a corta distancia (lanza de empuje). La otra conserva 1,99 metros y tiene marcas evidentes de un trabajo de corte y modelado intencionado. Este segundo proyectil apareció directamente asociado a restos de ciervo, herramientas de piedra y estructuras de combustión, lo que ofrece una instantánea congelada en el tiempo de una jornada de caza y procesamiento de la carne.
Bandejas para la comida y paravientos
Pero el hallazgo que más fascinación provoca entre el equipo de investigadores es una maza tallada en un solo bloque de madera. El objeto dispone de un mango definido de 16 centímetros y una cabeza asimétrica en forma de media luna con un extremo ensanchado y apuntado. La superficie muestra estrías de haber sido raspada minuciosamente para darle forma. "Es una pieza extraordinaria", señala Saladié. La investigadora plantea diferentes hipótesis sobre su uso: desde que era una herramienta para rematar presas de caza o un utensilio tipo martillo, hasta un objeto con un cierto valor simbólico. "Si miramos los paralelos etnográficos en comunidades de cazadores recolectores como los aborígenes australianos, vemos herramientas de esta morfología que sirven tanto para la caza como para otorgar prestigio social a determinadas personas del grupo. Es una hipótesis imposible de demostrar al cien por cien, hoy por hoy, pero prueba que tenían piezas mucho más elaboradas de lo que podíamos imaginar", explica la investigadora.
El estudio también ha identificado cuatro piezas de corteza carbonizada y aplanada, situadas alrededor de los hogares, que serían similares a una bandeja. "Estos recipientes servían para aislar la comida de la suciedad del suelo, recolectar vegetales o miel, y quizás incluso para transportar bebés", explica Saladié. Asimismo, se han documentado herramientas pequeñas como palillos y punzones de madera pensados para perforar materias blandas como tejido, cuero o pieles de animales, así como una estructura de palos cruzados sobre un hogar que podría haber funcionado como una parrilla o plataforma elevada para ahumar y conservar la carne.
El dominio técnico de la madera en el Abric Romaní se extendía a todo tipo de necesidades cotidianas. Los neandertales sabían elegir la materia prima idónea para cada función: mientras que la madera de pino albar era la preferida para quemar en los hogares y hacer herramientas resistentes, para los recipientes domésticos optaban por la corteza de enebro, mucho más flexible y fibrosa.