Huesos y milagros: una ruta por la Cataluña más devota
El periodista Sergi Ramis, autor de 'El camino de los huesos', ha recorrido iglesias, museos y procesiones en busca de reliquias
BarcelonaUn mechón de pelo rubio de Jaume I que se guarda en el Palau de la Música. La rotunda transformación de la plaza Sant Agustí, en el Raval, cuando sacan a Santa Rita y los fieles dejan mensajes con peticiones llenas de esperanza a la patrona de las causas imposibles. Las astillas de la cruz donde torturaron y mataron a Jesús, que atesora la iglesia de Anglesola. Una gota de sangre de Juan Pablo II, que conserva la iglesia de la Virgen del Prat de Argelès. La leche de la Virgen que tiene la Asociación Antiguo Gremio de Revendedores 1447 en la plaza del Pi, en Barcelona. Los huesos de San Félix en Vilafranca del Penedès. Son sólo algunas de las reliquias, de origen legendario, que el periodista Sergi Ramis (Barcelona, 1964) ha ido encontrando por capillas, museos, altares y criptas de Cataluña. Lo explica, con bastante sentido del humor, en El camino de los huesos. Viaje verídico por la Cataluña de las reliquias (Columna).
La idea del libro comenzó hace décadas. Ramis, especialista en periodismo de viajes y dirigió las revistas Altaïr y El mundo de los Pirineos, viajó a finales de los años 80 al Himalaya indio, y le invitaron a entrar en una mezquita para enseñarle los pelos de la barba de Mahoma. Todo ello le espoleó la curiosidad y, en otros destinos, admiró muchas otras reliquias. "He pasado toda mi vida explicando cosas exóticas y lejanas, y tenía muchas ganas de hacer un libro de viajes por Catalunya con un hilo conductor distinto, que me permitiera contar un aspecto muy poco conocido del país, y surgieron las reliquias", asegura.
Ramis es agnóstico, pero conoce bastante la liturgia porque estudió en un colegio de monjas. "Las monjas no consiguieron convertirme, pero sé cómo dirigirme a los curas, a las monjas oa los obispados, cómo asistir a los oficios religiosos, entiendo su lenguaje, y eso me ha ido muy bien, porque para hacer el libro he tenido que ir a muchas misas, procesiones y rosarios." Además, tengo. A lo largo del viaje, afloran muchas de las contradicciones de una sociedad que ha cambiado mucho desde que Josep Pla o Josep Maria Espinàs hicieron crónicas con sus viajes.
¿El final del catolicismo?
"Pensaba que conocía bien el país, pero he descubierto muchas cosas. Como espectador externo, me ha interesado ver lo que seguramente será el fin del imperio más longevo de la historia, el fin de la religión católica. En las misas nadie queda por debajo de los 80 años, y hay media docena de personas. Algo muy distinto es el día de la fiesta mayor, cuando la gente acude como una actividad más cultural o tradicional", detalla. Tampoco hay muchas vocaciones. "Hay muy pocos curas del país y todos tienen entre 80 y 90 años; el resto son del hemisferio sur", explica. Ramis llamó a muchas puertas y, en algunos casos, se encontró con que los rectores estaban algo "irritables": "Hay que multiplicar, porque deben peregrinar por siete u ocho poblaciones haciendo misas y atendiendo a feligreses. Están pluriocupados".
En su periplo, Ramis se ha topado con reliquias religiosas y otras que no lo eran, como un hueso de Calderón de la Barca o el corazón del presidente Macià. Hay reliquias que lo son por contacto, como el algodón que rodea el busto y relicario de san Patllari, en Camprodon. El cura coloca el algodón y, después de un año en contacto con los restos, toma propiedades protectoras. Cuando se realiza la misa del 21 de junio se reparte en fragmentos pequeñísimos. Ramis se ha hallado también algunas contradicciones. Los Martisantes, según la tradición cristiana, son una madre y sus dos hijos sacrificados por Herodes que se guardan en la iglesia de San Cristóbal, en Peramea (Pallars Sobirà). "Cómo pueden ser mártires cristianos, ¿si cuando Herodes murió, Cristo ni siquiera había nacido? En el libro hay otros santos que ni siquiera han sido reconocidos por la Iglesia, pero como hay mucha devoción popular, se acabó aceptando que se les pueda venerar", afirma el autor.
Un cabreo de más de 600 años
Las reliquias atraen a feligreses. Por eso durante la Edad Media hubo mucho tráfico de huesos, y pugnas entre poblaciones para acumular más. A finales del siglo XIV, cuando Manresa estaba a punto de terminar la catedral gótica, se dieron cuenta de que carecían de reliquias. "Buscó cerca, en Sant Fruitós de Bages, que tenían las reliquias de san Mauricio, san Fructuoso y santa Agnès, y se las llevaron. Todavía ahora les dura el cabreo", asegura Ramis. En Sant Fruitós hay una corranda que lo explicita: "Manresanos, ladrones, pillos y gormands, que nos han robado los Cuerpos Santos, santa Agnès, san Fructuoso, san Mauricio glorioso".
¿Ha entendido Ramis, por qué todavía se veneran fragmentos humanos? "Hay cierta creencia en la magia. Son rituales que nos confortan. El confort es lo que busca la gente con las reliquias. Es un rito católico, pero que enlaza con creencias anteriores. Yo mismo tengo mis rituales. Cuando entro a trabajar cada mañana en mi estudio, pongo una barco, pongo la música, pongo la música, pongo la música de incienso, porque hacerlo me hace sentir bien", explica.
El mapa de las reliquias
- Peramea: Martisantes, los restos de una madre y sus hijos supuestamente asesinados por Herodes
- Lleida: la arqueta que contenía una sandalia (desaparecida) de la Virgen
- Inglesola: las astillas de la cruz donde torturaron a Jesús
- Verdú: la costilla de san Pedro Claver y los restos óseos de san Faviano
- Tárrega: dos de las espinas que torturaron a Jesús
- Cervera: una astilla de la Cruz donde torturaron a Jesús
- Ivorra: una parte del mantel manchado de sangre; supuestamente, son prueba del milagro de unos hechos de hace más de mil años, cuando el cura Bernat Oliver dudó de si la hostia y el vino eran realmente el cuerpo y la sangre de Cristo.
- Calaf: los huesos del cráneo santa Calamanda
- Cardona: huesos de san Celdonio y san Ermentero
- Solsona: el pelo rubio de san Sebastián
- La Seu d'Urgell: los restos de san Ermengol
- Ripoll: trocitos de cráneo de san Eudaldo
- Camprodón: el cráneo de san Patllari
- Prados de Molló: los huesos de Santa Justa y Santa Rufina
- Arles: los restos de San Abdón y San Senén
- Sant Miquel de Cuixà: la cripta que había conservado los restos del establo donde nació Jesús
- Argeleros: los huesos de san Cosmo y san Damián y una gota de sangre de san Juan Pablo II
- Gerona: la estola de san Narciso
- Besalú: una astilla de la cruz donde torturaron a Jesús y los restos de san Delgado, san Feliciano, san Ferriol y san Vicente
- Olot: los cajones llenos de ojos de cristal del Museo de los Santos
- San Quirce de Besora: un hueso de san Quirce
- Manlleu: diferentes reliquias, desde huesos de santos hasta un pedacito de pañuelo manchado de sangre, en el Centro de Interpretación de Reliquias, que es un domicilio particular
- Vic: restos óseos de san Sebastián y santa Margarita.
- Sant Feliu Sasserra: restos óseos de san Pedro Almató
- Centillas: un trocito de hueso de uno de los brazos de santa Coloma y huesos de san Lobo
- Navarculos: la mitad de un hueso de San Valentín
- Manresa: los restos óseos de San Mauricio, San Fructuoso, Santa Agnès y Santa Magdalena
- Mataró: las tibias y el cráneo de Santa Semproniana y Santa Juliana
- Vilassar de Dalt: restos óseos de sesenta y dos mártires que llegaron en 1623 de Cerdeña
- Barcelona: la leche de la Virgen, un melo de pelo de Jaime I, un hueso del pie de Calderón de la Barca, el corazón de Francisco Macià, los huesos de san Raimundo de Peñafort, los restos de santa Eulalia, los huesos de santa Lucía y un trozo de hueso de san Francisco de Salas
- Vilafranca del Penedès: los huesos de san Félix
- La Guardia de Els Prats: los huesos de san Pedro Ermengol
- Valles: una mandíbula de santa Úrsula
- Aleixar: fibras de la túnica de Jesús
- Reus: un hueso de san Pedro
- Tarragona: los huesos de santa Tecla
- Falsillo: el esqueleto de santa Candia
- Tortosa: un pedazo de la Cinta (cinturón o un ceñidor de mujer embarazada), de la Virgen de la Cinta