Roman Krznaric: "Es muy difícil construir movimientos colectivos sin el contacto directo y presencial"
El filósofo australiano propone inspirarse en las revueltas del pasado para sobrevivir al futuro
BarcelonaSamuel ha-Naguid fue un judío que en el siglo XI se convirtió en un diplomático que gozaba de la confianza de un rey musulmán en Al-Ándalus. "Es un ejemplo de cómo el contacto en una relativa igualdad y la interacción reducen los perjuicios, y un ejemplo de la capacidad que tenemos los humanos para llevarnos bien", asegura el filósofo australiano Roman Krznaric (Sydney, 1971). "Edo, que hoy se conoce con el nombre de Tokio, era una ciudad japonesa que en el siglo XVIII no echaba nada", explica. Todo se reparaba, reutilizaba o se convertía en otra cosa. Y se logró regenerar los bosques en una sociedad donde la madera era como el petróleo de hoy. "Fue la primera civilización ecológica de la historia", añade. Si no hubiera sido por la rebelión de los esclavos de Jamaica, las luchas por la abolición de la esclavitud en los territorios británicos se habrían eternizado. Son algunos de los ejemplos que propone Krznaric en el ensayo Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro (Capitán Swing).
La suya es una propuesta original: si queremos sobrevivir a las turbulencias del presente, debemos mirar el pasado. "No podemos esperar a que las nuevas tecnologías resuelvan todos nuestros problemas o que la inteligencia artificial (IA) se ocupe de las desigualdades. Tenemos que abrir los ojos y mirar diferentes maneras de organizar nuestras economías o nuestra política en el pasado", asegura Krznaric, quien cree que deben reinventarse completamente las instituciones. "No digo que tengamos que eliminar la democracia representativa, pero sí hay otras vías. Por ejemplo, en el Reino Unido está la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores. ¿Por qué no convertir esta última en una asamblea ciudadana, rotativa? Así, al menos, tendrías otras voces. Había experiencias similares en la G el Estado Libre Rético, basado en asambleas vecinales que funcionó a gran escala durante un largo período de tiempo", explica.
El filósofo recuerda la anécdota de un granjero que se encontró a un príncipe en un camino alpino. Cuando el príncipe le dijo que le dejara pasar, el granjero respondió: "Soy un hombre libre rético. ¡Yo también soy príncipe!". No era perfecto, claro, porque en el Estado Libre Rético las asambleas eran exclusivamente masculinas. El autor cree que las asambleas ciudadanas son una esperanza, porque sus integrantes tienden a tener una mirada más a largo plazo que los representantes políticos. En Gales, por ejemplo, se encuentra el Comisionado para las Generaciones Futuras, que tiene en cuenta el impacto de las políticas públicas a treinta años vista. "Hay muchos ejemplos de descentralización. Creo que las ideas transformadoras tendrán lugar en las ciudades y regiones, y no en los estados. Las ciudades son muy eficientes resolviendo problemas y muchos nuevos modelos se están aplicando", añade.
Delegar el voto a los hijos menores de edad
"Necesitamos una visión a más largo plazo, porque nunca en la historia de la humanidad nuestras acciones habían tenido consecuencias potencialmente tan dañinas para las generaciones de mañana", afirma Krznaric, que lleva sus ideas a muchos ámbitos de su vida. Por ejemplo, en el 2019, dio la papeleta electoral a sus hijos gemelos, que tenían entonces 11 años, para que fueran ellos los que votaran. También lleva un reloj distinto que tiene diez horas en un día. Cada hora son 100 minutos y cada minuto 100 segundos.
El filósofo es optimista porque en el pasado ha habido rebeliones que han desafiado al poder y han superado muchas crisis. "Una de las palabras más peligrosas en política es inevitable. Nos dice que no podemos cambiar el sistema y que sólo tenemos que vivir en él. Es la narrativa que utilizan quienes tienen el poder. ¿Quién quiere ceder el poder a una asamblea ciudadana? El sistema existente funciona para aquellos que tienen el poder y siempre se necesitará lucha social porque nadie le cede gratuitamente. ¿Puede la IA generar riqueza? ¿Y quién hará que quienes acumulen esta riqueza la distribuyan de forma justa? Ellos seguro que no", concluye.
Krznaric está convencido de que la historia es como una semilla bajo la nieve que espera germinar. Si en estos momentos pudiera sentarse alguien en la mesa para debatir la situación actual, escogería a los sindicatos surgidos en el siglo XIX, que se plantaron contra los grandes empresarios que controlaban fábricas. ese momento, el sindicalismo era una actividad de alto riesgo: los trabajadores podían acabar encarcelados o incluso asesinados. Sin embargo, hoy uno de los grandes retos del sindicalismo es la fragmentación del trabajo: los sindicatos han sido más efectivos cuando los trabajadores compartían un mismo espacio, como una fábrica o una mina, una realidad muy diferente a la de los repartidores, por ejemplo. Es muy difícil construir movimientos colectivos sin el contacto directo y presencial", dice.