50 años del sello literario catalán que se puede comer
A lo largo de medio siglo de historia, La Magrana ha publicado autores como Maria Barbal, Jesús Moncada, Philip Roth, Marta Rojals y Antònia Vicens
BarcelonaLa Semana del Libro en Catalán no tiene suficiente con los 9.000 m2 que ocupa en el paseo Lluís Companys de Barcelona hasta el domingo y se expande en alguna actividad fuera del recinto, como por ejemplo el cóctel de celebración de los 50 años de La Magrana que ha acogido el Museo Marítimo, con la presencia de algunos de los autores que integran el catálogo actual del sello, como Montse Virgili, David Moragas, Núria Perpinyà, Aina Gatnau y M. Mercè Cuartiella. También Cristina Genebat, ganadora de la primera edición del premio Lo Somni amb Sorra, que poco antes del inicio de la fiesta no encontraba, igual que otros autores de la casa, por qué acceso del museo había que entrar. "No te preocupes, tarde o temprano encontraremos el camino", le decía, con razón, el novelista Aniol Florensa, a quien acababa de conocer, poco antes de encontrarse con una futura autora de la casa, Paula Vidal, que debutará en La Magrana a principios de 2027.
"Celebrar 50 años es mirar atrás con orgullo, pero sobre todo es mirar adelante con ilusión —decía Núria Cabutí, CEO de Penguin Random House, que también cuenta con sellos en catalán como La Campana y Rosa dels Vents—. Continuaremos trabajando para ofrecer libros que expliquen el mundo, que nos transformen y que mantengan viva la pasión lectora que ha acompañado a La Magrana durante toda su historia". Después de su intervención, y antes de una avalancha suculenta de canapés, Antònia Vicens —que La Magrana incorporó al catálogo en 2022, con Quasi un miracle. Tots els contes— declamó un sentido elogio de la lectura ante una nutrida representación de autores, libreros y editores. "De pequeña, no quería ser una mujer; no quería ser un hombre; no quería ser un animal. ¿Qué puedo ser?, pensaba. Seré palabra", admitió después de explicar que aunque en su casa no tenían libros ella se enamoró muy pronto del "nombre de todas las cosas", que el descubrimiento de la literatura, más adelante, gracias al boticario y escritor Bernat Vidal i Tomàs, acabó de magnificar.
De Moncada a Rojals
La Magrana publicó los primeros libros por Sant Jordi en 1976. La histórica editorial, que en su primera etapa publicó novelas como Camí de sirga, de Jesús Moncada, Pedra de tartera, de Maria Barbal e Júlia, de Isabel Clara-Simó, e impulsó colecciones de novela generalista, negra y juvenil emblemáticas –Les Ales Esteses, La Negra y L'Esparver–, fue fundada "con una clara voluntad política por Jaume Fuster, Jordi Moners, Francesc Vidal y Carles-Jordi Guardiola", según recuerda, en el catálogo que todos los asistentes a la fiesta se han llevado a casa, Joan Riambau, director literario del sello, que desde enero de 2022 ha renacido gracias al impulso que le ha sabido dar Penguin Random House.
"La vitalidad, la ambición y el acierto de esta primera vida de La Magrana" dio paso a una segunda etapa vinculada a RBA, continúa Riambau, que empezó en 2000 y se alargó dos décadas. En el catálogo de estos años conviven voces internacionales tan diversas como las de Philip Roth, Zadie Smith, Mark Haddon e Irène Némirovsky, la consolidación de autores en lengua catalana como Joan-Lluís Lluís, Imma Monsó, Joan Pons y Miquel Pairolí y el descubrimiento de Marta Rojals. En un lejano 2011, Primavera estiu etcètera se convirtió en una de las sensaciones de la temporada, y la autora ebrense confirmó su talento tres años después con L'altra, al mismo tiempo que picaba la curiosidad de los lectores porque no concedía entrevistas presenciales ni aparecía en ningún acto público relacionado con sus libros. Este martes podría haber venido de incógnito a la fiesta de La Magrana, pero no era una de las autoras más esperadas en el photocall, teniendo en cuenta que en 2018 se incorporó al catálogo de Anagrama con El cel no és per a tothom, su tercera y, de momento, última novela.
Isidre Grau, uno de los autores más veteranos de la casa —debutó en 1984 con Vent de memòria— resumía con estas palabras el espíritu creativo que compartía con decenas de los asistentes a la fiesta: "Por mucho que haya intentado dejar de escribir, me he dado cuenta de que lo que me hace realmente feliz es tener un proyecto literario en la cabeza".