Puntos de claridad

Mastretta, Clooney y Pompeu Fabra

Una imagen de 'Mal de amores', la adaptación de Netflix de la novela de Ángeles Mastretta
21/09/2026 - 07:15 h.
Escritora
2 min

BarcelonaHace muchos años, casi treinta, leí la novela Mal de amores, de la escritora mexicana Ángeles Mastretta (Puebla de Zaragoza, 1949) y me enamoré de esta autora –un amor ya de por vida– y de aquella historia de amor apasionada ambientada en Puebla durante la revolución mexicana de principios del siglo XX, la de Emiliano Zapata y Pancho Villa. El amor ineludible de la joven Emilia Sauri por un amigo de infancia, el rebelde e insobornable Daniel Cuenca, ha llegado ahora a la plataforma Netflix, en una serie titulada también Mal de amores. La ha dirigido Catalina Aguilar Mastretta, hija de la autora, y desde mi punto de vista esto hace que la adaptación –con la inevitable pérdida de espesor que casi siempre hay entre el libro y el audiovisual– trasunte un gran afecto y respeto por la obra original. Si quieren ver la serie no les diré que no; pero si quieren aceptar una recomendación, lean la novela de Mastretta, una de las grandes voces mexicanas, que siempre pone en el centro de sus relatos figuras femeninas que defienden encarnizadamente su anhelo de independencia.

Su primer gran éxito literario fue Arráncame la vida y nueve años más tarde, con la citada Mal de amores, ganó el premio Rómulo Gallegos. Después de muchos años escribiendo ficción, Mastretta regaló a su público fiel dos libros especialmente recomendables: La emoción de las cosas (2013) y El viento de las horas (2015), donde mezcla memorias de infancia, secretos familiares y reflexiones sobre el oficio de escribir y un montón de divagaciones sobre la maternidad, la muerte y las lecturas que más le impresionaron. La mirada de Ángeles Mastretta es experimentada y sabia, lúcida y generosa. “El deseo de esperanza en que me crecieron me obliga a responder con lo mismo que recibí”, escribe, como una auténtica declaración de principios.

Me aferro a estas palabras para obligarme, como Mastretta, a desear la esperanza en estos tiempos tan oscuros. Y releo Mal de amores para recordar que las causas justas siempre encontrarán revolucionarios obstinados que las defenderán con uñas y dientes, a pie y a caballo, por encima de sus intereses y de sus pasiones particulares.

No hace mucho escuché a George Clooney, que después de manifestarse horrorizado por el periodo que están viviendo ahora mismo los Estados Unidos, añadía que su país ha pasado por otros momentos tan terribles como este: “Estamos obligados a tener esperanza”, dijo.

Mastretta, Clooney, y también podemos recordar al maestro Fabra con su conocida y todavía vigente recomendación: “No hay que abandonar nunca la tarea ni la esperanza”.

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