En defensa de la civilización occidental

BarcelonaQuizá algunos hayáis leído la monumental SPQR de Mary Beard, la obra de toda una vida de investigación sobre la Roma antigua. En su nuevo libro, la autora nos sitúa en el interior íntimo de aquella investigación, con un consejo: "El mensaje de fondo es que se obtiene mucho más de los clásicos si se les reverencia menos". Una frase que podemos aplicar a todas nuestras inclinaciones: aficiones, hábitos, creencias, política, deporte... No va mal tomar un punto de distancia, una dosis terapéutica de escepticismo hacia lo que consideramos "nuestro". Se trata de hacerlo, sin embargo, sin perder la pasión, por ejemplo la que Mary Beard ha dedicado a la historia antigua, y que ahora nos sirve con amenidad en el texto autobiográfico Clásicos sin filtros (Columna, en traducción de Joan Solé).

El verano se ha acabado. Hemos dicho adiós a los meses de julio (bautizado así en honor a Julio César) y agosto (dedicado a su sobrino Augusto, el primer emperador). ¡Hay tantos detalles de nuestra cotidianidad que vienen de los romanos! Pero las culturas siempre son híbridas. Ahora que la ultraderecha europea blande el espantajo de la amenaza musulmana sobre la "civilización occidental cristiana", Beard nos advierte que nuestro bagaje es una fabulosa mixtura, una laberíntica complejidad.

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La misoginia y violencia del mundo clásico

Dice Beard: "La civilización occidental (sea como sea que la definamos) no se entiende bien si prescindimos del judaísmo, el islam, el cristianismo medieval y todos los demás elementos, y nos limitamos a intentar saltar directamente a la Atenas y la Roma clásicas". Claro, también pone al islam dentro del saco occidental. Es una de las tres grandes religiones monoteístas con raíces comunes nacidas en el Mediterráneo. No viene de Asia o del Lejano Oriente. Y la cultura y la ciencia de la Antigua Grecia en buena parte se recuperaron a través del mundo árabe. Pero ni Meloni ni Le Pen ni Weidel ni Orriols, ni tampoco los machos de su cuerda, deben haber leído a Mary Beard, ¿verdad? O quizás me equivoco, porque el mundo clásico también estaba lleno de misoginia, violencia y, claro, de esclavismo. Sin duda, el fascismo y el imperialismo del siglo XX encontraron parte de su inspiración en el mundo romano, una civilización, por cierto, que durante siglos masacró a los cristianos. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Civilización occidental cristiana?

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El peligro es reducir el pasado a nuestra estrecha conveniencia, desde un presentismo esquemático, monolítico, sectario. Como dice Beard, lo que cuenta no es tanto el pasado como "el debate entre nosotros y la antigüedad". Un debate sin miedo, con libertad. No en vano, la antigüedad grecorromana tiene muchas caras, desde la gran literatura homérica –ahora tenemos a mano la espectacular versión fílmica de la Odisea de Homero, dirigida por Christopher Nolan– hasta los genocidios, por ejemplo el que supuso la conquista de la Galia. Los mismos romanos podían ser muy críticos con su mundo. Tácito, historiador, a finales del siglo I, escribía: "Hacen un desierto y lo llaman paz".

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Beard nos sirve su diálogo con el mundo antiguo para hacernos pensar y dudar, para ayudarnos a cuestionar qué somos y hacia dónde queremos avanzar. Nos invita a sorprendernos y aprender. Cualquier excusa es buena para empezar. Su mágico "efecto guau" llegó muy pronto, un día de 1960 de visita al British Museum con su madre, cuando un conservador del museo le abrió una vitrina para que pudiera admirar de cerca un trozo de pan del Antiguo Egipto. Vete a saber qué curiosidades concretas despertaron el instinto de saber en Sócrates, Platón o Aristóteles, los filósofos que han inspirado, y todavía inspiran, la sabiduría occidental.

En el caso de Beard, trece años después de aquel trozo de pan estaba en Cambridge estudiando clásicas. Desde entonces no ha parado de admirarse y de reflejarse en ellos: "Los antiguos son más maravillosos y más conmovedores cuando podemos reconocer algo de nosotros mismos en ellos". Como por ejemplo descubrir que en Pompeya había más de cien bares, cafeterías y establecimientos de comida rápida (o para llevar). O la humanidad diversa que proyecta este poema escrito por el irlandés Louis MacNeice, también él un clasicista: "Y cuando debería recordar los modelos ejemplares de la Hélade / Pienso en cambio / En los bandidos, los aventureros, los oportunistas, / Los atletas despreocupados y los jóvenes presumidos, / Los sofistas, los pedantes, los escépticos endurecidos, / Y en el Ágora y el ruido / De los demagogos y de los charlatanes; y en las mujeres que / vierten / Libaciones sobre las tumbas / Y en los contemporizadores de Delfos y los bobos / de Esparta, y finalmente / Pienso en los esclavos". Griegos y romanos, a la vez tan lejanos y tan cercanos. Gracias, Mary Beard.