Novela

"Cuando lo explicaba la abuela no parecían hechos traumáticos, lo relataba como si fueran aventuras"

Nelio Biedermann, el prodigio de 23 años que ha revolucionado el mercado literario con una saga húngara

09/09/2026 - 11:28 h.

Barcelona“Tomé la decisión de explicar esta historia cuando tenía unos 16 años, pero me di cuenta muy rápidamente de que aún no tenía los recursos ni suficiente madurez para hacerlo. Sabía que solo tenía una oportunidad para escribir esta novela, porque solo tienes una historia familiar. Por eso la dejé a un lado y fui volviendo a ella a lo largo de los años”, explica el escritor suizo Nelio Biedermann. Nacido en 2003 y estudiante de cine en Zúrich, Biedermann publicó Lazar (Edicions 62/Salamandra; con traducción al castellano de Ignasi Pàmies) cuando tenía 21 años y se ha convertido en todo un fenómeno. Aclamada por la crítica y elogiada por Dua Lipa y Patti Smith, la novela, escrita en alemán, se ha traducido a más de treinta idiomas, la revista Forbes ha incluido a Biedermann entre los 30 jóvenes más influyentes del mundo, y ya se han vendido sus derechos cinematográficos.

Biedermann creció escuchando las historias de su abuela sobre su infancia en un castillo. La abuela le hablaba de la familia paterna, aristócratas húngaros que habían vivido en castillos rodeados de tierras que eran suyas, y de una época no tan lejana: la primera mitad del siglo XX. “Cuando lo explicaba la abuela no parecían hechos traumáticos. Lo relataba como si fueran aventuras, incluso la huida a Suiza”, dice Biedermann. Lo que explica la novela, sin embargo, está lejos de ser un cuento de hadas. Es una saga familiar que empieza con Lajos, que nace con una piel casi transparente, bajo la cual se distinguen los órganos. Hijo de la baronesa y de uno de sus criados, nace en un castillo situado junto a un bosque que puede hacer enloquecer a quien se adentra en él. El bosque, sin embargo, no hace de frontera: la familia no puede aislarse del terror de un siglo convulso que incluye dos guerras mundiales, el derrumbe del Imperio Austro-Húngaro, la persecución de los judíos, la represión comunista y el exilio.

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Llenar los silencios

En toda historia familiar hay lagunas. “Este fue mi punto de partida: llenar estos agujeros y poner luz en la oscuridad a través de la ficción y mi fantasía. Para escribir el libro necesitaba hacer perceptible una atmósfera y la vida cotidiana, y por eso tuve que empezar a investigar, tanto sobre las partes menos positivas como sobre la vida diaria", explica el autor en Barcelona. Para llenar los silencios, también decidió introducir el realismo mágico: "Me hizo posible escribir de forma muy libre”.

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Mientras escribía la novela, Biedermann no dijo a su familia qué contaba en ella. Cuando la tuvo terminada, se marchó de viaje a México y les dejó el texto para evitar, al menos por un tiempo, cualquier comentario. “Cuando mi padre la leyó, me llamó y me dijo: «No has dicho la verdad, esta novela no tiene nada que ver con nuestra familia». Le dije que me parecía perfecto, porque era una novela de ficción. La volvió a leer y, dos semanas después, me volvió a llamar para decirme: «Debo retirar lo que te dije; la historia está realmente muy cerca de nuestra familia». Este era exactamente mi objetivo: que la historia real y la ficción se mezclaran”, asegura.

Es una ficción, pero el fondo histórico es real. Entre los personajes de la trama destaca Imre, que elige huir de la realidad. “Durante la escritura me preguntaba a menudo cómo la gente no se volvía loca con toda la locura de aquel siglo. Me sorprendía cómo la gente continuaba viviendo su rutina como si el mundo no se derrumbara a su alrededor. Para un personaje como Imre, la locura es su salvación y su huida de una vida que no ha elegido. La locura tiene un doble sentido: puede ser una amenaza, pero también puede significar libertad", explica Biedermann. Hay también quien pierde la memoria. "He tenido que aceptar que hay cosas que se pierden para siempre. La tarea del arte es crear recuerdos y memoria que se acerquen mucho a la realidad”, añade.

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La fuerza sensorial

Lazar destaca por la potencia sensorial (los olores, la textura de la comida, las escenas de sexo, el paisaje). Hay algunos momentos tomados prestados. Los riñones con sabor a pis son una referencia a Ulises de Joyce y, mientras escribía, el escritor asegura que leía mucho a Marcel Proust. “La memoria no aparece solo a través del lenguaje, sino también a través de los sentidos, que hacen volver a la infancia. Por eso esta novela tenía que ser muy sensorial”, dice.

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Este viaje al pasado acaba dialogando con el mundo actual: “Cuanto más escribes, más paralelismos encuentras. Por ejemplo, yo escribía sobre el Ejército Rojo y los rusos avanzando hacia el oeste, y después miraba la televisión y veía que la situación se repetía. Hay una influencia inconsciente de la actualidad, sin que fuera mi intención”.

La novela habla de temas bastante sensibles en Alemania, donde ha tenido una gran acogida, como el nazismo y el estalinismo. "En la política vemos una constante reescritura de la historia, como ocurre actualmente con opciones como AfD en Alemania. La historia nunca está cerrada. Por eso creo que en estos tiempos es importante utilizar el arte y la literatura para luchar contra esta falsa historiografía y mantener la memoria arraigada en la conciencia de la población. Aunque resulta entristecedor ver la fuerza que tienen estas falsas narrativas en las masas, esto debe ser un estímulo para actuar y no un motivo para desanimarse", dice Nelio Biedermann, que ya está escribiendo una nueva novela. Pero no quiere decir nada. Ni siquiera a la familia.