Literatura

Una gran novela antirracista de William Faulkner

'Intruso en el polvo' comienza cuando un viejo negro es acusado de haber disparado un blanco con alevosía

10/02/2026

'Intruso en el polvo'

  • William Faulkner
  • La Aguja Dorada
  • Traducción de Manuel de Pedrolo
  • 288 páginas / 20,90 euros

Intruso en el polvo no suele incluirse entre el puñado de obras maestras de William Faulkner (1897-1962) sin embargo, bien mirado, es una novela excelente y de gran fortaleza literaria. Podríamos considerarla incluso como un título muy adecuado para aquellos lectores que quieran adentrarse por primera vez en el universo del autor. Es también uno de sus títulos con un compromiso antirracista más evidente. Una circunstancia a destacar sobre todo si tenemos en cuenta que fue publicada en 1948, algunos lustros antes de que el movimiento de los derechos civiles tomara un protagonismo decisivo en Estados Unidos.

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Lo primero que sorprenderá al lector novel de Faulkner es su frase. Sinuosa, serpenteante, rellena de nutrientes semánticos, con un esqueleto poderoso, caudalosa como un río que no ansía el delta, densa, hipnótica y retadora. Tras la de Proust es una de las más características de la literatura contemporánea. Un período que navega impetuoso y, de repente, se ancla en unas líneas de diálogo que saben recoger el tono informal de la lengua coloquial.

Obviamente, Faulkner es fiel a su estilo, pero no encontraremos aquí las técnicas que caracterizan a títulos como El ruido y la furia o Absalom, Absalom: la retórica inflamada, la sintaxis enredada, la puntuación dislocada, las frases interrumpidas, la confusión de puntos de vista... Parece como si el autor, sin abdicar de lo esencial de sus principios estilísticos, no quisiera distraer al lector del tema central del relato.

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El tema central es el siguiente: Lucas Beauchamp, un viejo negro del mítico condado de Yoknapatawpha (que es como decir el crisol de todos los paisajes humanos y sociales del Sur), es acusado de haber disparado por la espalda contra un blanco. Un protagonista insólito porque es un negro que no se pone de rodillas: "terco, arrogante, arisco, independiente (y también insolente)". En una sociedad tan excitable e intransigente con la cuestión racial, lo que le espera a Lucas es la aplicación estricta de la infame e inexorable Ley de Lynch. Sólo un milagro puede salvarle del linchamiento, pero éste, inopinadamente, puede producirse: un adolescente blanco, su tío y una anciana septuagenaria buscan las pruebas que demuestran que Lucas es inocente. Su peripecia es el motor narrativo del relato.

Una discriminación inasumible

La traducción del original es la que hizo Manuel de Pedrolo, actualizada por Carles Miró y Núria Bendicho. El resultado es más que aceptable, teniendo en cuenta sobre todo que Faulkner no es un autor fácil de versionar. Sus proverbiales digresiones, en todo caso, no tropiezan en absoluto el recorrido del relato, que se va siguiendo como la peripecia detectivesca que en realidad es. El autor quiere simplemente demostrar que ya a su tiempo la discriminación por raza en la mayor democracia del mundo era inasumible: "Nos encontramos en la misma posición que Alemania en 1933, cuando sólo les quedaba la alternativa de ser nazis o judíos, o de los rusos de ahora (que también son nosotros o no sólo los europeos), a los que no les queda ni a los que no les queda ni a los que no les queda de hacer y debemos hacerlo solos sin ayuda, interferencia ni (muchas gracias) el consejo de nadie, ya que sólo nosotros podemos hacerlo si la igualdad de Lucas debe ser algo más que una prisionera de sí misma detrás de la barricada inexpugnable de los herederos directos de la victoria de 1861-1865".

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Sólo el Sur puede salvar al Sur: una teoría discutible pero un paso de gigante ante las creencias de muchos de sus ciudadanos, convencidos de que un negro podía no ser ya un esclavo, pero en modo alguno debía entrar en el mismo bar, el mismo baño, el mismo hospital, o la misma escuela que un blanco. Y ahora, por cierto, de esos desamparados niggers (sic) lo llamamos inmigrantes...