Los individuos somos un fruto comunal
Olivia Lund debuta con 'Corcs', un libro sorprendente y atrevido
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- Olívia Lund
- Nova Editorial Moll
- 184 páginas / 20 euros
“La tradición sobre todo es importante para los que no son tradicionalistas”. La frase, brillante, provocadora y lúcida, es del escritor mallorquín Guillem Frontera, un maestro a la hora de hacer una literatura muy moderna pero, a la vez, llena de las lecciones y los bagajes del pasado. El autor de Els carnissers y de La mort i la pluja, entre tantos otros, escribió la frase para poner en evidencia y desacreditar el adamismo de aquel tipo de artistas que van de rupturistas, transgresores y experimentales pero que, después, en realidad se pasan la vida descubriendo la sopa de ajo. Me ha hecho pensar en la frase de Frontera la lectura de Corcs, la sorprendente y osada primera novela de Olívia Lund (Felanitx, 2002).
Lund es muy joven, pero no cae en ninguna de las dos tentaciones en las que más suelen caer los creadores noveles, que son la inocencia pretenciosa de creerse que todo ha comenzado con ellos y el desprecio engreído y risible por todo aquello que les ha precedido. Aquí es todo lo contrario. Lund ha escrito una novela temática y formalmente moderna –la mirada es feminista, el estilo es vivo y libre y toma recursos y dicciones tanto de la oralidad como de la literatura más libresca, la estructura narrativa sigue unos patrones establecidos de entrada y, sin embargo, en todo momento mantiene la agilidad–, pero también ha escrito una novela preñada de pasado, de antigüedad ancestral, de memoria comunitaria.
El tema de la novela, quizás mejor llamarlo el núcleo expresivo, es precisamente la influencia del pasado sobre el presente, la incorporación de muchos ayeres en el hoy, la conciencia viva de que lo que un individuo concreto es ahora y aquí, en el momento presente, es la consecuencia de muchas herencias, de muchos individuos y muchas vidas concretas que le han precedido.
Dos esferas narrativas
La maniobra narrativa que Lund ha montado para dar forma a su concepción de la vida individual como fruto comunal –también como carga de carcomas germinativos...– es muy sencilla, pero también es de una audacia y una efectividad muy notables. Lund combina a lo largo de toda la novela dos esferas narrativas que apenas se tocan directamente pero que están comunicadísimas. La trama principal cuenta la vida de Gloria, una mallorquina de Felanitx, desde que nace hasta que ella misma es madre, sin dejar de lado ninguna de las etapas de una vida convencional: la escuela, el divorcio de los padres, la relación con la familia y con las amigas, la iniciación en el amor y el sexo, etcétera. Este plano narrativo, que Lund hace que sea el esqueleto que articula y hace avanzar la obra, se complementa con la carnalidad de otras historias, con recuperaciones de vidas de personas del pasado: no de unas personas cualesquiera, claro está, sino de antepasados de Gloria, de aquellos fantasmas que le han llegado por memoria celular y que ella lleva dentro y que transmitirá a su hija. Porque nadie es él solo, y esta idea, tan luminosa y colosal, Olívia Lund sabe escribirla muy bien, más allá de algunos detallitos por pulir –alguna cacofonía, alguna fluidez de frase un poco trabada.
La novela de Lund ha sido publicada por la Nova Editorial Moll, que desde hace unos años ha revivido gracias al empuje del empresario Antoni Mir y el buen ojo del editor Tomeu Canyelles, los cuales han conseguido que una marca míticamente prestigiosa que había medio desaparecido haya recuperado una actividad admirable. Es de lo más pertinente, bien mirado, que Corcs haya salido en Moll.