Literatura

La muerte de la madre rusa de Emmanuel Carrère

'Kolkhoz' retoma la temática de 'Limónov' y 'Una novela rusa' para despedirse con emoción de la madre del autor, la historiadora Hélène Carrère de Encausse

18/02/2026

'Kolkhoz'

  • Emmanuel Carrère
  • Anagrama
  • Traducción de Ferran Ràfols Gesa
  • 448 páginas / 23,90 euros

La muerte de la madre de el escritor francés Emmanuel Carrère debía desembocar en un libro. La inevitable rememoración del pasado que conlleva la muerte de un progenitor fue la palanca que le impulsó, una vez digerido el material altamente sensible, a escribir la mezcla de crónica y autobiografía familiar que es Kolkhoz. Un libro lleno de parientes sorprendentes –¡Carrère tiene una prima que es presidenta de Georgia!– y primo hermano él mismo deUna novela rusa y de Limónov, dos de las cimas de la producción de Carrère. Con una traducción de Ferran Ràfols Gesa que suena de maravilla, Kolkhoz retoma la temática rusa e incluso saca a algunos de los personajes de esos libros, pero juega en otro terreno, el de la historia familiar ligada a la historia del siglo XX: ¿puede la descripción de una habitación privada contar un cambio histórico? En el país de Georges Duby, la respuesta es "por supuesto", y Carrère nos lo demuestra con creces.

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A partir de un primer plano de Emmanuel Macron haciendo la laudatio en el entierro de estado de mamá Carrère, la máquina de contar historias que es la pluma de Carrère echa atrás hasta comienzos del siglo XX en la lejana Georgia del Cáucaso y empieza a hilar: ancianos exiliados georgianos que huyen con una sola maleta y ramas de la familia que vienen de la Rusia anterior a la revolución soviética, veranos inolvidables. Todo lo que se explica desemboca en la aparición de una mujer pequeña y decidida, Hélène Carrère de Encausse, de nombre original Hélène Zourabichvili, georgiana de origen pero rusa de corazón y francesa de intelecto, que acabaría siendo la secretaria permanente de la Academia Francesa y una reconocida historia cargos honoríficos más. La relación, intensísima, entre ella y su hijo mayor será el eje que hará rodar el libro: "el optimismo alucinante de la madre, su mala fe infinita y su robustez inoxidable" son los tres alimentos que harán crecer al niño Carrère. Las lecturas obligatorias de Dostoyevsky a los ocho años se mezclan con recuerdos más dulces, como el que da título al libro ya las cooperativas agrarias de la Unión Soviética basadas en la propiedad colectiva de los bienes producidos. "¡Ven, hijos, hacemos Kolkhoz!", les decía la madre a Emmanuel ya las dos hermanas para acogerlos alrededor de la cama a primera hora de la mañana. Tener una madre casi soviética fue seguramente sinónimo de una educación severa, pero si también se traducía en una estampa tan llena de vida como ésta, merecía la pena.

Despreciar Dostoievski, admirar a Tolstoi

El libro no se limita a contar las historias de la familia Carrère de Encausse, llena de personajes memorables, complejos y contradictorios: qué personaje, el del padre, un pobre vendedor de seguros que, más que una vida, vive una desaparición; qué otro, el del tío Nicolas, detestado por la madre, de quien Emmanuel decide convertirse en cómplice y discípulo literario, y qué pedazo de personaje es también la prima que acaba de presidenta de Georgia. Funciona también como una reflexión sobre el paso a la edad adulta que supone rechazar la educación literaria recibida: el desprecio por Dostoyevski sustituido por la admiración por Tolstoi es uno de los grandes momentos del libro. También le sirve a Carrère para preguntarse qué significa escribir una biografía y para contestarlo con el ejemplo que tenemos bajo los ojos. Hay orden cronológico (¡gracias!) pero no hay grandes capítulos con títulos pomposos: todos son brevísimos, llenos de pequeñas subdivisiones, para representar la precipitación de recuerdos que nos sobreviene en alud cuando echamos la mirada atrás.

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Toca cuestiones aún más hondas: qué significa no estar de acuerdo con la madre, política y vitalmente, desobedecerla y hacerle daño escribiendo lo que te había prohibido, qué significa que estalle una guerra –la de Ucrania– que cuestiona todas las creencias familiares. Y qué significa ir, y escribir lo que se le ocurre: en eso, Carrère hace de escritor estadounidense. La diferencia es que él debe digerir cómo cae el castillo de naipes que era la gran Rusia a la que su madre había idolatrado, convertida, por culpa de un Putin dictatorial y criminal, en el país del que hay que huir y el enemigo a batir: ese luto se trenza al luto por la muerte de su madre de forma magistral en las páginas, las de las más que las de las madres hemos leído a Emmanuel Carrère. La recompensa por llegar al final de todo del libro es de las que llenan el corazón durante unos días.