Literatura

Cómo hacer pasar un buen rato al lector sin ser pueril ni banal

Narraciones tan célebres como la 'Leyenda de Sleepy Hollow' y 'Rip Van Winkle', de Washington Irving, están incluidas en el 'Libro de esbozos (del caballero Geoffrey Crayon)', traducido al catalán por Joan Sellent

'Libro de esbozos (del caballero Geoffrey Crayon)'

  • Washington Irving
  • Adesiara
  • Traducción de Joan Sellent
  • 448 páginas / 25 euros

Hay libros que, sin ser pueriles ni banales, parecen hechos para hacer pasar un buen rato al lector. El Libro de esbozos (del caballero Geoffrey Crayon), del diplomático y escritor estadounidense Washington Irving (1783-1859), es un caso paradigmático de este fenómeno. El volumen, publicado por Adesiara, lo forman una serie de narraciones, entre ellas la célebre "Leyenda de Sleepy Hollow", la leyenda del jinete sin ninguna. Esta historia, junto con "Rip Van Winkle", son una muestra de la influencia cultural de los primeros colonizadores holandeses -y daneses y alemanes- de la zona de Nueva York. Los cuentos reunidos aquí son una muestra del primer romanticismo norteamericano, que inspirará a autores largamente conocidos y traducidos, como por ejemplo Edgar Allan Poepero también se emparenta con el trascendentalismo, la corriente de pensamiento que religa la divinidad con el curso de la naturaleza y que cree en una bondad inherente en el ser humano. Si bien no podemos situar a Irving dentro de una escuela de pensamiento específica, ni tampoco incluirlo en el grupo de Emerson o Thoreau, sí que formaba parte del ambiente cultural en el que nació esta corriente.

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Un rasgo que destaca de este volumen es como la voz narradora —que es muy variable— busca repetidamente el elemento fabuloso que amorosa lo que explica, en "una mezcla extraña de discreta astucia y de credulidad ingenua". Un ejemplo bastante claro de esto son las historias navideñas, en las que un viajero pasa la Navidad en una finca de una familia de la aristocracia inglesa. Los personajes, el joven estudiante pedante y mujeriego, el tío bocazas que es el alma de la fiesta o el abuelo que lo quiere todo tal-como-era-antes-que-Inglaterra-perdiera-su-carácter, podrían haber sido descritos con un cierto sarcasmo. Sin tener que exagerar nada, el narrador podría hacer burla del pastiche que representa a aquella familia, pero, en cambio, opta por destacar su carácter bondadoso. Las extravagancias se convierten en simpáticas ventanas al carácter inglés más genuino y así el patriarca, pese a su sentido pragmático, más cercano al ritual religioso que a la creencia metafísica, siendo una pequeña envidia de los más crédulos, "porque una persona supersticiosa, pensaba, debe vivir en una especie de mundo. Justamente este dualismo es característico de las circunstancias en las que nace el libro y hacen un buen ejemplo de ello.

Dispersión y unidad

Juega un papel la aparente dispersión de los materiales, que convierten el acopio de narraciones en un libro de esbozos, pero que, sin embargo, mantiene un carácter unitario, con rasgos estilísticos (falsa autoficción) y temáticos (tradiciones inglesas, herencia cultural holandesa, elementos fantásticos) constantes. Es una forma de hacer que aparece en otras obras clásicas del romanticismo, como por ejemplo Opiniones sobre la vida del gato Murr, de ETA Hoffmann. También destaca la forma en que la naturaleza se convierte no sólo en un escenario para la acción, sino también en un condicionante para el desarrollo de la obra. Es el caso de los Apalaches en "Rip Van Winkle", de los meandros oscuros y brumosos del Hudson en "Sleepy Hollow" y, claro, del campo en "La vida rural en Inglaterra". La interacción entre los individuos y la naturaleza se articula, pues, en términos culturales y morales como en el campo inglés, donde campesinos y nobles conforman un cuerpo social único y coherente gracias a la proximidad con la que viven ya las tradiciones que mantienen. Pero también se muestra la bondad de esta relación con la naturaleza en "Rasgos del carácter indio", en la que se explican las virtudes de los aborígenes de América y la incomprensión y violencia a la que fueron sometidos.

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Todo ello conforma un volumen del que el autor podría quedar del todo satisfecho, porque cumple con creces el propósito con el que cierra "La comida de Navidad": "Si consigo [...] deshacer una arruga del frente de la preocupación o liberar un corazón entristecido de un momento de pena; de si puedo [ una visión benévola de la naturaleza humana y hacer que mi lector esté de mejor humor con los demás y consigo mismo, puedo afirmar con certeza que no habré escrito en vano".