Todo Salvat-Papasseit (y más) en una caja de madera gigante

BarcelonaJoan Salvat-Papasseit es el poeta del erotismo y la revuelta, del viva la vida a pesar de que la muerte le atascase. Es el poeta fugaz que permanece eternamente entre nosotros, enamoradizo y elegíaco. Siempre vuelve para anticiparnos Toda la añoranza del mañana. "Si no me puedo levantar/ nunca más,/ he aquí lo que me espera:/ –Vosotros quedaréis,/ para ver lo bueno que es todo:/ y la Vida/ y la Muerte".

Ahora lo tenemos aquí de nuevo de la mano de un juego formal innovador, elegante guiño al espíritu de vanguardia: sus poemarios se han convertido en una caja gigante. Se trata de una arriesgada y feliz iniciativa editorial que reúne a los seis poemarios de Papasseit en un estuche de madera de cedro del Líbano, una pieza concebida por los diseñadores Salvador Saura y Ramon Torrente e ilustrada por el pintor Perico Pastor. A los libros se añade un ensayo introductorio de Ferran Gadea Gambús, del que ya se realizó una edición previa autónoma en editorial Barcino.

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De esta caja-estuche se ha producido una tirada limitada de 300 ejemplares. Es una obra de coleccionista, que contiene también una carpeta con una pieza gráfica de Perico Pastor firmada a mano y estampada en tres tintas en serigrafía. Vicenç Cases, de AQC Editors, es el impulsor y responsable final: "He querido crear un artefacto artístico, único, que a la vez permita leer cómodamente los poemas, ya que cada libro se puede extraer". ¿Por qué de madera? "He aquí: yo he guardado madera en el muelle", escribía Salvat-Papasseit.

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No es, pues, un libro de bibliófilo, de aquellos de atril de mírame y no me toques, que sólo hacen bonito, sino un objeto para tocar y remover. "Para agacharse y chapotear, que es, como dice la Biblia, lo que Yahvé hizo al crear la Tierra", explica Perico Pastor. Hace unas semanas, en su estudio de Poblenou, Perico me abrió esta caja que contiene toda la magia poética de Salvat-Papasseit y donde él ha dibujado dos amantes abrazados con un barco al fondo. Éste es el motivo gráfico que abarca los libros en el interior. Por fuera, un grupo de gaviotas sobrevuela el puerto. El universo del poeta en dos imágenes icónicas.

La poesía no es cosa de ricos

Seductor en alerta permanente, amante y amigo, autodidacta intuitivo e inteligente, menestral-proletario-intelectual, vanguardista popular, un siglo después Salvat-Papasseit sigue cautivando a lectores y traspasando generaciones. "Hacía poemas como quien hacía una tortilla a la francesa", se admira Perico Pastor, quien no cree en los artistas visionarios, sino en los que están contentos de comer caliente todos los días. Así lo explicó hace años a los alumnos del Instituto Joan Salvat-Papasseit: "Es de los suyos, era huérfano, su padre murió al caer en la caldera de un barco. La poesía no es cosa de ricos, pero se puede ganar algo de dinero. Te saca de la pobreza".

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Para Salvat-Papasseit fue el salvoconducto a la plenitud, a la libertad. "Salvat-Papasseit se hacía amigo de todos y chupaba de todos", me comenta Ferran Gadea. Esa empatía y simpatía vitales las transmitió a sus versos. Por eso todavía nos penetran con tanta facilidad, sutilmente, como si su mirada íntima y juguetona fuera la nuestra, como si paseáramos juntos por el puerto o por la Barceloneta, como si nos cantara-recitara al oído.

Guardados en la caja, los seis poemarios se han reproducido con todas las ilustraciones de las ediciones originales, es decir, con los dibujos de Joaquim Torres-Garcia y el retrato que Rafael Barradas le hizo al poeta para Poemas en ondas hertzianas, con las obras de Ramon Campany para Las conspiraciones –el libro catalanista– y con las imágenes figurativas y alegóricas de Josep Obiols para El poema de la rosa en los labios y para la recopilación póstumo Osa menor.

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Si Perico Pastor ve a Papasseit sobre todo como un menestral de la poesía, como un artista trabajador, Ferran Gadea nos narra la evolución desde el niño huérfano encerrado a los 7 años en el Asilo Naval hasta el adulto tuberculoso encerrado en un balneario, del joven libertario autodidacta que ha hecho mil oficios y las ha hecho mil oficios periodísticas como Gorkiano– hasta el poeta activista de vanguardia a la vez influenciado y emancipado de todos los ismos por vía maragalliana: lengua sonora, optimismo vital y festivo, los poemas como canciones.

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Sobre todo amigo de sus amigos –y tenía muchos–, es a través suyo que se adentra y zambulle en las letras: primero son Joan Alavedra, Emili Eroles y Antoni Palau; después, una vez apadrinado por Xènius –sí, Eugenio de Oros le dio su primer trabajo cultural–, los citados Torres-Garcia y Barradas, y Tomàs Garcés, Josep Obiols y un largo etcétera. Todos los que pasaban por las Galerías Layetanas de las que él era un puntal de dinamismo. También pronto le llegaron los mecenas, el industrial de Terrassa Emili Badiella y el también industrial y coleccionista de arte Lluís Plandiura.

"Todo el secreto de mi optimismo... viene de lo que yo he sufrido mucho", escribía Salvat-Papasseit. Josep Maria de Sagarra le recordaba así: "Tenía la tumba a tres pasos y pensaba en la vida, y creía en la vida desesperadamente". Casado con Carme Eleuterio y padre de dos hijas, cuando es confinado en el sanatorio de Les Escaldes, en la Alta Cerdanya, se enamora seguramente de una enfermera francesa y de ahí nace el maravilloso libro El poema de la rosa en los labios. La muerte se la llevaba y la vida también.

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"Profundamente creyente" -un aspecto normalmente obviado: se declaraba "cristiano dolorido, socialista"- y catalanista radical -entre sus amigos se contaba Daniel Cardona-, Salvat-Papasseit todavía nos proporcionará pronto otra sorpresa: el propio Ferran Gadea, junto con Jordi Cornudvat- aparecerán inéditas que estaban en manos de la familia.