Historia

Un republicano infiltrado dentro del aparato represor franquista

Jaume Font Marí-Martí salvó a diversas personas de la pena de muerte

BarcelonaJaume Font Marí-Martí (Terrassa, 1918-2010) era tan discreto que prácticamente nunca habló de toda su lucha clandestina ni de cómo se infiltró en la maquinaria judicial militar franquista para alterar expedientes y salvar vidas. "He tenido que mover muchos hilos. Solo una vez me habló de ello. Caminábamos por la Cerdaña con unas amigas, éramos adolescentes. Sin mirar a nadie directamente, casi contemplando el paisaje, mi padre explicó que después de la Guerra Civil había trabajado en la Auditoría de Guerra y que se había arriesgado mucho alterando documentos para reducir condenas o evitar penas de muerte. Fue una revelación inesperada y breve. Nadie hizo preguntas. La conversación se detuvo allí y él no volvió a hablar nunca más de ello", dice su hija, Núria Font.

Si ha podido reconstruir la historia de su padre, es porque envió cartas a personas que él consideraba que debían saber qué había pasado. A sus hijos también les dejó algunas misivas en el buzón de casa. Y lo hizo explícito en la esquela que quiso dejar escrita muchos años antes de morir. "Allí mencionaba que había trabajado de infiltrado en la Auditoría de Guerra. También aparecía una referencia a la Hermandad de las Cruces de Sangre, nombre que adoptó en la clandestinidad Unión Democrática de Cataluña", detalla Núria Font.

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Jaume Font Marí-Martí estudió en la Mutua Escolar Blanquerna –la institución que fundó Alexandre Galí i Coll, una figura clave de la modernización educativa catalana–, que fue clausurada con la victoria franquista. Cuando tenía 18 años se alistó como voluntario en el ejército republicano, pero por motivos de salud hizo trabajos administrativos hasta muy poco antes de la derrota. En enero de 1939 fue declarado apto y fue movilizado. Llegó a la frontera el 5 de febrero con Raimon Galí, que había sido compañero suyo en la escuela. Tres días después, fue internado en el campo de Sant Cebrià. "Galí, en su libro, Recalada (1984) habla de mi padre", explica Núria Font. Galí escribió que Jaume Font "salvó infinidad de vidas a riesgo de la suya propia. Todo sin ruido y sin hacerse visible". "En el campo, no les dieron ni agua ni comida durante cuatro días", explica Núria Font. Se fugó aprovechando una visita de una familia que había comenzado una serie de trámites para sacarlo de allí.

Hacer desaparecer informes

Después de un tiempo escondido en Béziers, Font decidió volver a Barcelona. Nunca habló de quiénes eran sus padres. "Después de que muriera supimos que era hijo de una mujer soltera, Asunción Martí de Moxó, y de un industrial casado, Jaime Prunés. En casa siempre los conocimos como padrinos", dice Núria Font. Uno de los motivos por los que volvió a la España franquista, fue precisamente que había recibido noticias de que Asunción estaba enferma. Se presentó en el consulado español de Perpiñán y comunicó que quería volver. Lo enviaron al campo de concentración del convento de Sant Domènec de Girona, de donde salió a los pocos días. "Cuando llegó a Barcelona, se dirigió a la Junta Clasificadora de Presos y Presentados. Tuvo la suerte de que el soldado que había detrás del mostrador era un antiguo compañero de la Mútua Escolar Blanquerna, Lluís de March", afirma Núria Font. March le ofreció quedarse a trabajar con otros exalumnos de Blanquerna. Se alistó en el ejército español y obtuvo el certificado que lo declaraba adicto" al régimen.

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Pasó a ser secretario judicial de la Auditoría de Guerra y poco tiempo después secretario del juzgado militar número 4. Tenía acceso a muchas causas generales abiertas y, como estaba solo en el despacho, hizo cambios en los expedientes. "Si los informes eran muy desfavorables, los alteraba o incluso los hacía desaparecer. Otras veces alteraba los apellidos, cambiaba las letras", explica Núria Font. No es la única lucha clandestina que libró. "El padre, que había participado en el movimiento scout, ayudó a pasar gente por la frontera y, una vez en Barcelona, les ayudaba a conseguir documentos", asegura. Entre quienes recibieron ayuda estaba el mismo Alexandre Galí i Coll, que en 1942 decidió retornar de su exilio francés.

Con el paso de los años, Jaume Font continuó vinculado a iniciativas de resistencia cultural y política. Colaboró con el Front Nacional de Catalunya y participó, según su hija, en acciones simbólicas como el secuestro de la virgen de Núria la noche del 8 al 9 de julio de 1967. Dejó un legado archivístico importantísimo. En los años sesenta comenzó a grabar voces relevantes de la cultura y la sociedad catalanas. Lo que había comenzado como una afición evolucionó hasta convertirse en una fonoteca con más de doce mil registros que se conserva en el Arxiu Nacional de Catalunya. "Mi padre era una persona muy discreta, muy tímida, no hablaba mucho y trabajaba muchísimo, era poco amante de la juerga y el bullicio", explica Núria Font. El estrés y la angustia que vivió mientras retocó expedientes le dejó secuelas: "Tenía muchos problemas para dormir, tomó somníferos toda la vida", recuerda su hija.

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