Teatro

"¡Escuchad este sonajero!": la historia de una madre fusilada sube al escenario

El TNC estrena un espectáculo inmersivo inspirado en el caso real de Catalina Muñoz

Uno de los momentos de la obra 'El sonall'
3 min

Barcelona"Con los cascos, la música y todo lo demás, me ha llegado al corazón", dice un estudiante del IES Terra Roja de Santa Coloma de Gramenet después de la función de El sonall, que se puede ver hasta el 26 de abril en el Teatre Nacional de Catalunya. Este espectáculo inmersivo, con música en directo (incluso se lee algún párrafo de una tesis doctoral a ritmo de rap), recoge la investigación de un caso real: el de Catalina Muñoz. Madre de cuatro hijos, tenía 37 años cuando los franquistas la ejecutaron al principio de la Guerra Civil. Algunos vecinos la habían acusado de hacer proclamas a favor de la República y su marido había huido después de haberse enfrentado con falangistas. Cuando la asesinaron llevaba encima el sonajero del hijo pequeño, el Martín, que entonces tenía nueve meses. Cuando los arqueólogos exhumaron su fosa, en el parque de La Carcavilla (Palencia), encontraron el pequeño juguete junto con algunos botones y las suelas de sus zapatos de goma.

A Catalina la enterraron el 22 de septiembre de 1936, hace cerca de 90 años. Ha pasado casi un siglo, pero la historia ha conmovido a los estudiantes del Institut Terra Roja que, en muchos casos, tienen abuelos nacidos fuera de Europa. "Es un poco diferente de lo que estoy acostumbrada a ver, pero por cómo los actores se han metido en el papel, la música y todo, me ha llegado. No conocía mucho el tema, pero ahora cuando me lo expliquen en clase tendré mucha más idea de qué pasó. Está bien recordar lo que pasó y todo lo que se sufrió, es una lección a aprender", explica Aia.

En la sala no hay asientos, y el público se pasea con unos cascos, pero adonde llegan las voces y los sonidos en este espectáculo del Projecte Ingenu que dirige Marc Chornet con dramaturgia de Alba Collado. Tampoco hay ningún escenario sino cuatro grandes bloques cubiertos por una pantalla translúcida. Los actores suben y bajan y se pasean entre el público. No solo hay música, también hay baile, el espacio escénico se modifica y todo pasa a 360 grados alrededor del espectador. El sonajero también se oye, pero no se ve: "¡Escuchad el sonajero!", dicen los actores en diferentes momentos.

Conectar con las generaciones más jóvenes

La obra reflexiona sobre la memoria histórica desde una perspectiva contemporánea, poniendo el foco no solo en el pasado, sino también en la manera como se transmite o se entierra. "Catalina no era una militante política muy activa, no era militar, era una madre de familia. Su caso permite mostrar el horror de la guerra desde algo muy íntimo", dice Collado, que tiene 28 años y ha querido evitar una reconstrucción histórica tradicional. "Se han hecho muchísimas obras sobre la Guerra Civil y no queríamos hacer una obra historicista al uso. Quería conectar esta historia con mi generación", afirma. En el proceso para construir la obra, Collado habló con muchos adolescentes y se sorprendió porque algunos conocían muchos detalles. Al final, le pareció más honesto indagar en su propia historia y en su bisabuelo, Baudilio Collado, que vivió la guerra, pero a quien no conoció. "Era una manera de conectar con mi propio olvido", dice.

En opinión del equipo de Ingenu, el uso de diversos lenguajes, como la música o el movimiento, genera una experiencia directa y más accesible. "Queríamos conseguir un impacto emocional para explicar cómo las heridas de la guerra quedan y se transmiten a las siguientes generaciones –explica Collado–. Con todos estos recursos queremos dar voz a un esqueleto y un cuerpo a un fantasma. Podemos llegar a personas de 16 años pero también de 65, y es como dar un puñetazo sobre la mesa".

"Hay algo inherente en la obra que intenta ir directo a la esencia de la persona, más allá de cuál sea la edad. Ha sido un proceso muy artesanal y todos hemos aportado algo nuestro. Si has vivido una guerra te toca de lleno, pero si no, si vives en una sociedad como la nuestra, donde han vuelto la extrema derecha y las mentalidades opresivas, te puedes sentir interpelado", afirma Pol Blancafort, uno de los intérpretes, junto con Toni Guillemat Álvarez, Gerard Marsal Norte, Neus Pàmies Juárez, Anna Pérez Moya, Mireia Sala Aresté y Xavier Torra Xuriguera.

El teatro tampoco obvia que algunos pusieron en duda que el sonajero fuera real y, hasta incluso, acusaron a los arqueólogos de haberlo puesto expresamente. Se tuvo que demostrar que era de celulosa, y no de plástico, y que era de aquella época. El marido de Catalina salió de la prisión después de 25 años, pero nunca habló ni de la guerra ni de su mujer. Martín, el verano de 2019, recuperó el sonajero de colores que su madre se había llevado a la tumba. Murió en 2023 y pudo ser enterrado junto con su madre. Ahora el sonajero lo guarda una de las nietas de Catalina.

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