El presidente del Madrid fusilado por Franco que el club ignora porque era republicano
Una excavación intentará encontrar los restos del militar comunista Antonio Ortega, presidente del Madrid de 1937 a 1938
BarcelonaEspaña todavía está llena de fosas comunes con los cuerpos de simpatizantes de la República. El cementerio de Alicante todavía tiene una muy grande sin excavar. Un cementerio que es como una cápsula del tiempo para explicar aquella época, en la que está enterrado el poeta comunista Miguel Hernández cerca de donde estaba la tumba del líder de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. Las dos Españas, muy cerca. A Primo de Rivera, los franquistas lo desenterraron para enviarlo en procesión a una tumba en Madrid con todos los honores. Decenas de republicanos, en cambio, siguen en la fosa número 9 de Alicante. Una de estas personas es Antonio Ortega, presidente del Real Madrid.
La madrugada del 15 de julio de 1939, el presidente del club blanco de 1937 a 1938 fue fusilado con otros republicanos que no habían logrado escapar de Alicante, último feudo republicano. Ortega escribió una carta de despedida donde decía que moría tranquilo porque era inocente. Oficialmente, lo fusilaban acusado de la muerte de militares nacionales, pero en realidad lo hacían porque había sido republicano y comunista. Y por ser comunista, el Madrid no quiere saber nada. Todavía hoy no aparece en el listado oficial de presidentes del club blanco, que lo ignora justo en unos días en que se empezará a excavar la fosa donde se cree que están los restos de su cuerpo gracias a una dotación de 50.000 euros del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. Sus descendientes, que viven mayoritariamente en México, esperan novedades con inquietud.
Casi nadie sabía que Ortega había presidido el Madrid hasta 2018, cuando Frederic Porta y Ramon Usall publicaron un reportaje en la revista Sàpiens Julián García Candau, histórico periodista deportivo madrileño.
Sánchez Guerra, quien marcharía exiliado a Francia en 1939, volvió a España en 1959. Y una vez murió su mujer, se ordenó como fraile dominico. Quizás por este hecho él sí que es recordado en el listado oficial de presidentes del Madrid. Ortega no está. Tampoco está Juan José Vallejo, el hombre que dirigió el comité creado en 1936 por la Federación Cultural Deportiva Obrera, cuando esta entidad controló el club brevemente con el inicio de la guerra. "Ignoran a Ortega por comunista, simplemente. No lo han querido reconocer nunca, a pesar de los avisos que han recibido sobre el protagonismo de Ortega. En cambio, sí que lo han hecho con Sánchez-Guerra, oficial de la República, al creerle redimido por acabar como fraile dominico. Los directivos del Madrid se excusan diciendo que a Ortega nadie lo eligió. Tampoco votaron a Bernabéu y el contraste es absoluto", decía en 2018 a Sàpiens Julián García Candau, histórico periodista deportivo madrileño.
Pero, ¿quién era Antonio Ortega? Era un militar nacido en Rabé de las Calzadas, Burgos, en 1888. Estaba destinado al País Vasco, donde le sorprendió la guerra y lideró la defensa de Irún de las tropas nacionales con éxito. Después marcharía al frente de Madrid liderando el batallón Milicias Vascas Antifascistas. Ortega, sin embargo, sufrió un grave accidente de coche en 1937 supervisando el frente y, incapaz de estar en primera línea, fue nombrado director general de Seguridad, cargo que ocupó justo durante los sucesos de mayo, cuando en Barcelona estalló un conflicto que dejó cientos de muertos entre los anarquistas y el POUM, partido comunista trotskista, contra las fuerzas de orden público de la Generalitat de Cataluña, con el apoyo de milicianos del PSUC, de la UGT y de Estat Català. Enfrentamientos que serían aprovechados por agentes soviéticos para perseguir a enemigos de Stalin, como el líder del POUM, el catalán Andreu Nin. Todavía hoy los historiadores debaten sobre el papel de Ortega en la desaparición del político trotskista, asesinado seguramente por órdenes de los soviéticos. Según decía a la agencia Efe Pedro Barruso, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, "a Nin lo asesina el KGB soviético, pero le colgaron el muerto a Ortega, que estaba en Valencia en aquel momento". Otros historiadores como Hugh Thomas sí que acusan al militar de haber tenido un papel claro en la muerte de Nin, acusado injustamente de trabajar a las órdenes de los nazis.
Soñar un gran estadio
Como fuera, el caso Nin le costó el cargo a Ortega, a quien le buscaron nuevos cargos. Volvió a dirigir batallones militares, pero también le dieron la presidencia del Madrid. Ortega presidió el club blanco todo un año, y organizó amistosos y propuso que el Madrid pudiera jugar la Liga Mediterránea que se hacía en el bando republicano con clubes catalanes y valencianos. Clubs como el Barça se opusieron. Creó torneos, donde a veces sus hijas hacían el servicio de honor, defendía un deporte popular donde el dinero no fuera importante y soñaba con un futuro que no tendría. En una entrevista a la revista Blanco y Negro, por ejemplo, explicaba que quería darle al Madrid el estadio más grande de España. Proyecto que sí hizo realidad Santiago Bernabéu, quien entonces estaba al frente, pero con las tropas nacionales. Ortega, en el bando republicano, huiría hacia Gandía, donde ya tenía la familia, antes de la caída de Madrid. Más de 15.000 personas llegarían al puerto de Alicante en marzo de 1939 confiando en que fuera cierto el rumor de que se permitiría evacuar a muchos republicanos por mar. Entre ellos, los Ortega. Pero todos fueron capturados una vez las tropas italianas aliadas de Franco ocuparon la ciudad el 30 de marzo.
Una vez detenido, fue acusado de haber fusilado a 13 militares en San Sebastián al inicio de la guerra en un juicio irregular, ya que los nombres de los fusilados no coinciden con los citados en el proceso. Todo el mundo sabía que se trataba de buscar como fuera una causa para justificar el fusilamiento. Ni el hecho de que Ortega hubiera protegido a simpatizantes del bando nacional de la persecución de militantes anarquistas en 1936 sirvió de nada. Cuando el falangista Juan Tellería, compositor del Cara al Sol, pidió que Ortega fuera perdonado porque le había salvado la vida, fue ignorado. Franco lo quería muerto.
Ortega fue fusilado junto a diez personas más. Según su hijo, gritó: "¡Apuntad bien, soldados. ¡Viva la República!" antes de ser fusilado. Parte de la familia siguió en Madrid y otros fueron a México, donde su hija Amalia emigró después de enamorarse de un jugador de pelota vasca a quien le habían ofrecido jugar allí. Los descendientes, de hecho, confían en que gracias a las muestras de ADN se puedan reconocer los restos del hombre que presidió un club que lo ignora. Su idea es que descansen en un nicho familiar en México junto a su mujer, Josefa. Lejos de Madrid y de Chamartín.