"Somos el verdadero motor social del pueblo": las peñas del Barça que dan vida a villas catalanas
En poblaciones de menos de mil habitantes, las peñas del Barça están unidas gente de diferentes generaciones y crean espacios donde hacer vida en común
BarcelonaEn Sant Bartomeu del Grau tienen la llanura de Vic a sus pies. “Somos tierra de frontera”, dicen medio en broma, ya que el pueblo está dentro del Lluçanès pero administrativamente está adscrito a Osona. Un fin de semana de primavera, los vecinos van llegando al edificio municipal donde está el salón de actos. Gente de todas las edades. Unos niños juegan al fútbol fuera, y dentro se van preparando las mesas para una comida de hermandad en la que no faltan embutidos de la zona. La peña del Barça organiza un acto, y parece que medio pueblo estará allí.
Hace dos años un grupo de gente de Sant Bartomeu del Grau decidió sacar adelante una peña del Barça. Todavía no es oficial y van avanzando en el laberinto de la burocracia para obtener un NIF, paso previo antes de ser reconocidos por el club. Cuando el Barça juega partidos importantes, casi un centenar de personas se congregan para verlo. El día de la comida de hermandad anual pasan de las 200 personas. “Para una población de menos de mil habitantes está bastante bien, ¿no?”, dice Joan Salvans, el presidente de la peña. “Tener la peña ha dado vida al pueblo. En los pueblos cierran los bares, se pierden espacios para estar juntos... Nosotros éramos del Club de Fútbol de Sant Bartomeu y jugábamos cada jueves. El equipo desapareció hace doce años por falta de gente, pero los jueves lo alargábamos como podíamos. Y fue así que pensamos en crear la peña”, añade.
En Arnes, en la Terra Alta, está pasando lo mismo. Conocida por su excelente miel, esta villa tiene menos de 500 habitantes. Arnes ha ido perdiendo población en las últimas décadas y, como pasó en Sant Bartomeu del Grau, el club de fútbol se quedó sin jugadores y desapareció. Pero lo que ha dado vida al pueblo ha sido la peña del Barça. “Desde el club nos dicen que están notando un fenómeno de rejuvenecimiento de las peñas. Hay gente que se piensa que es cosa de gente mayor, pero en muchos pueblos la gente de otras generaciones está entrando a formar parte de las peñas porque permite dar vida a la población”, explica Roger Blanc, presidente de la peña. El día que el Barça ganó la Liga contra el Madrid, el local de la Penya d’Arnes se quedó pequeño: la gente se sentaba en las escaleras, los niños en el regazo de los padres... En la nevera tenían botellas de espumoso frío, a punto para brindar. Las abrieron en un bar improvisado que han creado bajo un cartel en el que se lee “VAR”, como si fuera lo que usan los árbitros.
En muchos pueblos pequeños de Cataluña está pasando lo mismo: las peñas del Barça reviven unidas a la necesidad de generar espacios para los vecinos. En Tivenys lo tienen claro: “Queremos hacer pueblo desde el barcelonismo”, comenta Siscu Pinyol, el presidente de la peña blaugrana. Estamos justo delante del Ebro, un pueblo precioso abierto al río. Tivenys tiene unos mil habitantes, pero aquí sí que no paran quietos. “A diferencia de otros, es un pueblo muy activo. Si no quieres que la gente se marche, hace falta que haya asociaciones que hagan cosas. En Tivenys la peña nace después de la final de la Copa de Europa perdida en Sevilla con el Steaua en 1986. Y la hemos mantenido viva. Ahora hace falta incorporar gente joven. Por eso hemos organizado torneos de PlayStation, por ejemplo”, comenta Pinyol.
Resurgir después de la pandemia
Curiosamente, en Arnes también se fundó la peña después de aquella final perdida en los años 80 contra los rumanos. “Pero en 2017 dejó de estar vigente. El fútbol se podía ver en los bares y la gente ya no quería ir al local, donde hacía frío o calor. Y la covid-19 nos hizo daño. Para nosotros tampoco era fácil, ya que para tener la peña había que ir a las reuniones de las asociaciones territoriales y nos tocaba ir hasta Móra d'Ebre. Era un esfuerzo, y todo fue decayendo”, dice Blanc. En pueblos como Arnes, uno de los inconvenientes clave es el hecho de tener que pasar horas en la carretera para hacer ciertos trámites y gestiones. Pero en los últimos años un grupo de gente joven decidió cambiarlo todo. “El día de la final de Copa contra el Madrid del gol de Koundé unos cuantos estábamos juntos en casa. Y fue entonces cuando nos dijimos que habría sido muy bonito verlo en un local con más gente del pueblo. Nuestra idea era socializar, ver el fútbol juntos. Y ya llevamos unos tres años muy activos. El Ayuntamiento nos ha arreglado el local y lo ha climatizado. Los días de partido el local se queda pequeño, y cuando hacemos una cena de hermandad somos 170 socios”, añade. Una cifra altísima para un pueblo de menos de 500 habitantes.
La peña de Tivenys supera los 150 socios y siempre tiene presencia en los tres autocares que cada partido organiza la Federación de Peñas de las Terres de l'Ebre. “Ir al campo una vez al año es importante. Nosotros gestionamos unos abonos para garantizar que la gente pueda ir haciendo rotaciones”, dice Siscu Pinyol. “Para la gente de pueblos como el nuestro, poder ir una sola vez al año al estadio es emocionante”, añade Blanc. Con el regreso de Joan Laporta a la presidencia, la relación con las peñas cambió, ya que el presidente quitó mucho poder a la Confederación de Peñas y se generaron situaciones muy tensas. Uno de los cambios, sin embargo, ha gustado a muchas peñas: la manera de sortear entradas. “Antes quien repartía las entradas eran las federaciones territoriales, en función de quién iba a las reuniones. Ahora el Barça se ha puesto por delante de la Confederación de Peñas, que ya no decide, y se hacen sorteos. A muchas peñas no les gusta, y lo respetamos, pero en los pueblos pequeños nos juega a favor”. De esta manera, no tienen que perder horas en la carretera para estar en las reuniones, tal como explica Blanc. “Hay un conflicto abierto entre la Confederación y la directiva del club. Siento pena, espero que acaben acercando posiciones”, admite Pinyol, que ha tenido cargos en la federación de peñas territoriales e intenta tejer buenas relaciones con todas las partes.
Los bares que desaparecen
Muchos peñistas coinciden en destacar que los bares juegan un papel clave. En muchos pueblos han cerrado. “Piensa en la gente mayor. Antes podías ir al bar cuando jugaba el Barça y no estabas solo. Ver el partido tú solo en casa es muy diferente”, dice Joan Salvans. A algunas de estas peñas hasta les pasa que, cuando ponen el partido en la sede, llegan vecinos que son del Madrid, del Espanyol... o personas que tampoco están muy interesadas en el fútbol. La clave es tener un pueblo vivo. “Tenemos una chica casada con un madridista. Tienen una hija que es muy culé y se hizo pruebas para jugar en el club. ¡Y él es socio de la peña siendo madridista!”, explica entre risas el presidente de la peña de Sant Bartomeu.
“La gente dejó de ir a la peña para ir a los bares. Después los bares dejaron de poner el fútbol porque era muy caro. Y algunos bares han ido cerrando. Ahora, cuando hay partido, tenemos de media 50 personas en la sede”, dice Roger Blanc. “Tenemos el local dentro del Casal Municipal. Y al lado hemos creado un pequeño espacio con la historia del fútbol en Arnes, con fotografías de los años 40, camisetas, botas, un libro que hicimos... Ahora ya no tenemos equipo. Hacían falta dinero para fichar jugadores de la zona del Ebro. No creo que el fútbol vuelva nunca a Arnes”, dice.
Tener una peña del Barça también permite ocupar el espacio que han dejado los clubs pequeños que han ido desapareciendo por todo el país, castigados por la despoblación o los altos costes de un deporte cada vez más profesionalizado. En Tivenys sí que tienen bares. “Tenemos tres donde se pueden ver los partidos. Hay uno que tiene una pantalla grande, y la sacan a la calle los días importantes. Antes la peña tenía un acuerdo para ver el partido en un bar concreto”, dice Pinyol. Si hay bares vivos, los peñistas se encuentran allí. Cuando cierran los bares, peñas como las de Sant Bartomeu de Grau o Arnes aparecen al rescate.
“Tenemos más de 170 socios de todas las edades. Abuelos, madres, niños... De todo. Podemos decir que somos el verdadero motor social del pueblo”, dice Salvans con orgullo. “Tenemos un solo bar, que abre los viernes por la noche, los sábados y un rato los domingos. La gente ya no hace vida de bar. Han ido cerrando negocios y el pueblo no tenía tanta vida. La pandemia hizo mucho daño, había que hacer algo para juntar a la gente”, añade. “Antes íbamos a un restaurante a ver el fútbol. El dueño era perico, pero igualmente nos dejaba poner el partido y hacíamos broma, pero cerró. Si la peña ha nacido es para dar vida al pueblo”, defiende. Siscu Pinyol lo ve igual. “No se trata de tener una peña y ya está. Cuidamos el pueblo y participamos en todas las actividades que podemos. Hemos organizado concursos de dibujo para niños, hacemos talleres para recuperar los juegos locales de la zona como los bolos, hacemos presentaciones de libros... No queremos ser una peña y ya está”.
Roger Blanc lo ve igual. “Hemos recuperado la peña pensando en el pueblo, va todo atado. Y porque somos muy del Barça y futboleros”, añade. “Siempre hay la típica persona que sufre tanto que quiere ver los partidos sola en casa. Pero a la gente que ahora tiene 75 u 80 años les da vida. Llegan antes del partido para tomar un cafecito o un chorrito y charlar. Los niños corren entre las sillas y la gente se cuenta la vida mientras mira el partido. El ambiente es tan bonito que gente que vive en Vic quiere venir aquí, ya sea porque tiene raíces en el pueblo o amigos. También viene gente de Calldetenes o Perafita. Estas cosas tienen mucho valor”, dice Salvans. El día del Barça-Madrid, más de 200 personas se reunieron en Sant Bartomeu del Grau. En Arnes, un centenar. En Tivenys, más de 100 socios llenaron dos bares, y otros llegaron a las tres de la madrugada a casa después de ver el partido en directo en el campo.
En Sant Bartomeu, hasta que no sean peña oficial no podrán aspirar a tener entradas para los partidos. Pero tienen siete abonos entre los socios a disposición de toda la peña. “Hemos hecho milagros para intentar que las 112 personas que lo han pedido puedan ir una vez al campo esta temporada. Hay gente muy maja que cede su abono a la Peña para que otros puedan ir un día”, explica Salvans. “Está entrando gente joven que quiere ir al campo, pero también a los desplazamientos. El año pasado se tuvo que hacer un sorteo entre las peñas en todos los desplazamientos excepto a Las Palmas. Hay más petición de entradas para los partidos de fuera de casa que nunca, algo se mueve”, añade Blanc, que destaca que las peñas se ayudan entre ellas. La peña de Arnes, por ejemplo, fue hasta Madrid para ver el partido de cuartos de final de la Champions con la gente de Vall-de-roures, un pueblo del Matarranya, ya en Teruel, pero a un paso en coche de Arnes. “Sí que todavía se ven peñas un poco envejecidas, pero la sensación es que cada vez más jóvenes están entrando al movimiento de las peñas –dice Blanc–. No hay ninguna asociación en el pueblo ni en la zona que sea tan activa como la nuestra. Ni la asociación de cazadores ni ninguna otra. Ha entrado gente joven, pero el orgullo es tener socios de 2 y 80 años. Y hacemos rotaciones para que todos puedan ir al campo”, defiende. “Que el Barça gane ayuda. Si la pelota no entra ya veremos cómo reacciona la gente”, añade medio en broma. De momento la pelota entra y provoca gritos de euforia en un montón de pueblos pequeños de Cataluña. Pueblos donde una peña es más que una peña, de la misma manera que el Barça es más que un club.