Seguridad

Son habituales las infiltraciones de mossos? Así han intentado ordenarlas los últimos años

Fuentes consultadas por el ARA marcan el 1-O como una de las fechas clave en que la Comisaría de Información delimitó mejor sus métodos

Núria Parlon y Josep Lluís Trapero este pasado miércoles en la comisión parlamentaria.
16/05/2026
5 min

BarcelonaDe repente, los manifestantes empiezan a gritar: "¡Fuera, policía!" Poco después, dos personas abandonan caminando la protesta y se pierde su rastro en una esquina. ¿Quiénes son? Normalmente, una pareja de agentes de los Mossos d'Esquadra, de la Comisaría General de Información, que visten de paisano y escuchan de cerca las concentraciones, sobre todo aquellas que pueden tener un componente violento. Ahora, pongamos por caso que la concentración ha terminado con disturbios y los manifestantes se reúnen en asamblea para decidir los próximos pasos. Tampoco es extraño que haya agentes de los Mossos camuflados para escuchar qué harán.

Estas son situaciones habituales en las que se pueden encontrar agentes de Información de los Mossos camuflados en medio de una protesta. ¿Se pueden comparar con la infiltración de la semana pasada en una asamblea de docentes donde se preparaban las futuras huelgas? Diversas fuentes policiales admiten que no. Personas que han conocido de cerca esta tarea explican que no es habitual, y menos en los últimos años, que agentes se camuflen en encuentros sindicales y en movimientos sociales que no tienen un carácter violento.

La infiltración ha enfurecido al colectivo de docentes, que ya estaba indignado –y más en plena negociación sindical–, y ha generado una fuerte polémica que ha llevado a los partidos de la oposición a pedir el cese de Josep Lluís Trapero como director de la policía. La consejera de Interior, Núria Parlon, ha intentado salir del paso refirmando la confianza en Trapero, pidiendo disculpas, admitiendo que fue un error y abriendo una investigación interna. Ahora mismo en la Comisaría General de Información hay un fuerte hermetismo sobre este operativo, pero fuentes consultadas insisten en que están convencidos de que no han hecho nada fuera de la legalidad, a pesar de que ya hay alguna denuncia presentada por los sindicatos.

Los casos de policías nacionales infiltrados en movimientos sociales e independentistas catalanesMás límites

En 2017, explican diversas fuentes, sirvió para que el servicio de información se enderezara internamente y se marcaran mejor los límites, también de las actuaciones camufladas que ahora están en el centro de la polémica. Los casos de policías nacionales infiltrados en movimientos sociales e independentistas catalanes –que no tienen nada que ver con el caso de la asamblea, ya que eran agentes con una doble identidad– también hicieron que el cuerpo se replanteara algunas de las técnicas de obtención de información.

que va ser la gota que va colmar el vasPor eso, las escuchas activas se han intentado limitar en entornos que pueden ser potencialmente peligrosos, como manifestaciones antisistema que pueden acabar con disturbios. En estos casos, el objetivo es saber qué harán para poder planificar los recursos operativos que la policía pondrá en aquel lugar. Normalmente, hablamos de casos en los cuales no hay unos interlocutores claros y actúan desde la clandestinidad. Y aquí es donde hay más críticas internas al caso de la asamblea: diversas fuentes consideran que no tenía sentido ir allí cuando los sindicatos, que tienen unos interlocutores claros, suelen hacer público de una manera u otra dónde cortarán las carreteras. En el ámbito sindical, añaden las mismas fuentes, nunca ha sido un objetivo hacer una escucha activa permanente, como tampoco lo es en el caso de los movimientos sociales que no son ni violentos ni clandestinos. Por eso, algunas fuentes no acaban de entender qué pasó la semana pasada y se preguntan si en los últimos meses pueden haber cambiado algunas directrices que se habían ido siguiendo hasta ahora.

También se ha pronunciado en una publicación en las redes sociales el excapo de los Mossos Eduard Sallent, que hace poco dejó la policía para dedicarse al sector privado. "En Cataluña, la infiltración no es, en general, una buena opción operativa. Todo apunta a que la seguridad operativa no se planificó adecuadamente. Esto debería preocupar y ocupar a los responsables políticos y policiales. Actuaciones como esta pueden erosionar la confianza entre la ciudadanía y el cuerpo policial", afirmó Sallent, que también fue jefe de Información de la policía.

Una de las medidas que anunció Parlon es revisar el decreto que organiza a los Mossos para delimitar mejor los métodos de información. Este viernes se reunieron los sindicatos policiales con Trapero y mandos del cuerpo y el director reafirmó la apuesta por actualizar los protocolos a la sociedad actual, según fuentes sindicales. Las mismas fuentes afirman que Trapero dejó claro que el hecho de asumir en el Parlament un error operativo y abrir una información reservada no significa que se hayan dirigido las culpas al cuerpo.

Crisis tras crisis

Esta crisis no ha podido llegar en un peor momento para la consellería de Interior. Parlon y Trapero ya estaban en el punto de mira de los docentes –y de la opinión pública– por el plan piloto para poner policías de paisano en las escuelas. Las dos polémicas, además, coincidieron con dos asesinatos muy violentos en Barcelona y Esplugues y el debate sobre la inseguridad emergió de nuevo.

Internamente, en los Mossos también hay ciertos sectores que expresan malestar porque consideran que se ha menospreciado la ayuda que puede prestar la presencia de policías en las escuelas. Algunas fuentes también critican la manera de comunicar al cuerpo el plan piloto: lamentan que ha faltado información y que hay mandos que lo habrían de haber sabido antes. Fuentes consultadas por el ARA apuntan que fue un plan que asumió el director de la policía y que incluso se reunió con los agentes asignados para hacer la prueba piloto. No todo el mundo comparte el personalismo de Trapero a la hora de tomar decisiones.

El cuerpo de los Mossos también se encuentra en un momento clave. Sobre todo, hay expectación. En verano muy probablemente se jubilará el actual comisario en jefe, Miquel Esquius, y esto reabrirá el debate de quién debe ser el nuevo jefe del cuerpo. Por las comisarías ya hay diversas apuestas de nombres. Y con el aterrizaje de un nuevo jefe se esperan cambios. Desde la llegada de Trapero y Esquius, se han hecho algunos cambios internos –ulimamente se han movido diversas piezas en la Comisaría General de Investigació Criminal, por ejemplo–, pero la gran mayoría de comisarios –el rango más alto del cuerpo si no se tiene en cuenta el mayor– no se han movido del lugar donde estaban. Hay la sensación de que con la nueva jefatura se abordarán los cambios profundos que hasta ahora no han llegado.

Y también llegará muy probablemente una nueva promoción de comisarios que hará que algunos intendentes pasen a tener el máximo rango del cuerpo y tengan que asumir más responsabilidades. Tanto la elección del nuevo jefe del cuerpo como la de los nuevos comisarios –que fue la gota que colmó el vaso en la relación entre el anterior consejero, Joan Ignasi Elena, y el entonces comisario jefe, Josep Maria Estela– serán un termómetro de la sintonía entre Núria Parlon y Josep Lluís Trapero. Las fuentes consultadas no creen que haya mala relación entre ellos, pero admiten que el hecho de que Trapero llegara de la mano de Illa –que anunció su cargo en un debate electoral antes de ganar los comicios– y no de Parlon –que optó por un equipo que ya tenía en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet– ha hecho que la relación no siempre haya sido fácil.

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