Balaguer fue capital del poderoso condado de Urgel y proveyó gobernantes como el rey Pedro III el Ceremonioso, pero eso queda lejos. La degradación del centro histórico y la segregación social marcan una ciudad con una vitalidad menguante. En el centro y alrededor de la iglesia Santa Maria de Balaguer, las casas en ruinas, medio derruidas o ocupadas ilegalmente muestran la complejidad de la capital de la Noguera, de 17.700 habitantes, que ni siquiera está conectada con la autovía –la C-13 para enlazarla con Lleida solo es una promesa, y eso les hace perder empuje industrial.
La extrema derecha ya ha encontrado a los culpables de la situación: con el 25,2% de población extranjera, seis puntos más que en Cataluña, se señala a los inmigrantes como responsables de los problemas de convivencia. En las elecciones catalanas de 2024, Aliança Catalana obtuvo más del 10% de los votos, y Vox alcanzó el 6,6%. La alcaldesa, Lorena González Dios, explica a el ARA que incluso tiene que batallar dentro de su partido, el PSC, para luchar contra este relato: "Hay militantes nuestros que compran este discurso. Desgasta mucho internamente tener que decir que esto no es así", lamenta, sobre la cantinela de que una supuesta inseguridad lo colapsa todo. Una inseguridad que, asegura, bebe más de percepciones, a pesar de que se han puesto cuatro agentes de policía más de los 16 existentes. "Los buenos discursos no calan", afirma. Y hace una crítica a todo el arco parlamentario: "Los partidos les están dando más poder hablando de ellos, parece que solo se hable de ellos".
"En el centro histórico es donde vive la mayoría de la población gitana, ahora también hay gente venida de Marruecos... No nos han dado el plan de barrios, pero haremos alegaciones", explica la alcaldesa, a pesar de que apunta que "la integración funciona". Le ha sabido mal el portazo del ejecutivo de Salvador Illa al proyecto de remodelación del barrio. Y la vivienda también es un problema: Balaguer tiene más de 600 pisos vacíos y 110 ocupados ilegalmente, según el Ayuntamiento. El consistorio ha cedido 13 viviendas a la Agencia de la Vivienda, tiene siete cedidas por particulares y 61 que son propiedad de la Paeria, pero la demanda se dispara al centenar.
El malestar
Cristina Bonet es la quinta generación de la mercería Bonet, la más antigua de Cataluña (desde 1865), y capitanea a los comerciantes del centro. Ve "la ciudad un poco dormida", pero niega la "inseguridad" –cerca de la tienda está el juzgado–. Ella ya no vive en el centro, sino en el paseo, área nueva. "Con el plan de barrios y más limpieza, habría más comercio y movilidad", se queja. "Calles sucias, casas abandonadas, poca luz... No estamos contentos, son décadas en las que no se ha enderezado Balaguer y su degradación", añade.
Alianza, que no ha querido atender a el ARA, En la carnicería Teresina, en la calle Urgell, Xavier Baldomà constata que el comercio ha ido "más hacia Lérida". Su zona era "conflictiva, por las drogas y la violencia", pero la presión vecinal ha empujado a "reforzar la presencia policial". "Hay mucha inmigración, hay quienes se integran y hay quienes no", comenta. Entiende y censura el crecimiento de partidos como Alianza porque "señalan un problema sin soluciones y vendiendo odio".
Inmigración dual
La mujer de Baldomà es Andreia Gurau, rumana y la carnicera. Con un catalán perfecto, llegó hace dos décadas. Según ella, "la falta de luz" es "un foco de inseguridad". Además de rumanos, hay latinoamericanos, marroquíes y pakistaníes, como Alí, de 59 años, que tiene dos pequeños supermercados. Hace veinte años que vino al Estado y una década que tiene el negocio, después de ser camarero o limpiador. Habla castellano, con dificultades, y entiende el catalán, mientras que sus seis hijos sí que lo hablan. "Cataluña está muy bien gracias a Dios; vives una vida correcta y hay buena seguridad, no como en Pakistán", dice. Las ventas afluijen por la competencia con la misma clase de negocios, y admite que "si no fuera por el alcohol, caerían en picado". No ha notado odio por el hecho de ser musulmán y no conoce los partidos islamófobos.
Alí, tendero de Balaguer.R.P.
Alianza, que no ha querido atender a ARA, explota la inseguridad constantemente. Fuentes municipales apuntan que no ha aumentado la violencia en la calle, sino los hurtos ligeramente, delitos contra el patrimonio y denuncias contra la libertad sexual, aunque no se detallan los datos. Marc Solanes, líder de Junts en la ciudad, critica el centro deteriorado y una "gestión municipal ineficiente" con "solo un 15% de las inversiones ejecutadas" el año pasado. Lamenta la política lingüística poco intensa para velar por el uso del catalán en la rotulación de los negocios y, ante el crecimiento ultra, receta "derechos y deberes". Sí que ve que "hay percepción de inseguridad por episodios de apuñalamientos o decomisos de drogas". En cambio, destaca "una buena convivencia con la población musulmana".