El fracaso del caza francogermánico destapa las vergüenzas de una defensa común de Europa
Dirigentes europeos admiten la falta de integración y las limitaciones de la industria bélica de la Unión Europea
BruselasEl discurso oficial de la Unión Europea aboga por una defensa común, más autonomía militar y menos dependencia respecto a los Estados Unidos de Donald Trump. A estas alturas, sin embargo, la realidad es que lo más caliente está en el agua. Tal como admiten los dirigentes comunitarios con la boca pequeña, los aliados europeos todavía no tienen suficiente capacidad industrial bélica para dejar de comprar armas a la potencia norteamericana, una carencia que se ha vuelto a hacer evidente con el fracaso de la producción de un caza francogermánico de última generación, que también debía contar con participación española.
El proyecto de un avión de combate fabricado por los dos grandes países europeos, Alemania y Francia, fue anunciado con bombo y platillos. Estaba valorado en 100.000 millones de euros y pretendía competir con los cazas F-35 producidos por la industria estadounidense. Además, la colaboración entre los dos principales estados miembros de la Unión Europea, que suelen remar en direcciones contrarias, quería ser un mensaje claro en favor de una futura defensa europea común. Incluso el mismo presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, intentaron evitar el descarrilamiento de la emblemática iniciativa.
A pesar de la voluntad política, las diferencias entre las empresas involucradas en el proyecto hicieron que fracasara y se ha abierto la caja de los truenos. Diversos dirigentes europeos se han pronunciado sin pelos en la lengua sobre la falta de unión en materia de industria militar europea y han admitido que el naufragio ha sido un golpe duro para los anhelos de autonomía de los socios de la Unión Europea. Uno de los que lo ha definido de manera más dura ha sido el ministro de Defensa de Bélgica, Theo Francken, que lo ha calificado como un "despertar doloroso" para el continente y la voluntad de avanzar hacia la creación de un "ejército europeo".
No ha sido el único ministro europeo que se ha mostrado tajante a la hora de valorar el fracaso del proyecto. El mismo titular alemán de Defensa, Boris Pistorius, ha asegurado en declaraciones a los medios que, a pesar de que se trataba de una "iniciativa europea ambiciosa y de gran envergadura", ha "naufragado ante la realidad".
La realidad es que al menos por el momento la industria europea no está suficientemente integrada y la capacidad fabril de cada aliado de manera individual es insuficiente para desarrollar proyectos de esta magnitud. Según diversos medios internacionales, Dassault quería liderar el proyecto y garantizar los derechos de propiedad intelectual y, en cambio, Airbus se mostraba abierto a una asociación más variada y transferencias de tecnología entre empresas. La intención inicial era que la propiedad intelectual se dividiera en tres partes iguales entre la compañía francesa, la alemana y Indra, que tiene su sede en el estado español.
Además, París y Berlín querían modelos de avión diferentes. La voluntad de las autoridades y la compañía francesa era que el avión pudiera portar armas nucleares, si bien el lado alemán se mostraba reticente y no lo encontraba necesario, ya que Alemania no tiene equipamientos militares nucleares. Otra de las líneas rojas que ponía el estado francés es que pudieran operar desde portaaviones, cosa que tampoco convencía a las autoridades y la compañía germánica, según señalan diversos medios de comunicación internacionales.
Ante las diferencias entre las diversas compañías, los detalles del avión de combate europeo de última generación no se acabaron de cerrar. Aun así, el objetivo era que el nuevo caza complementara y acabara sustituyendo al francés Rafale y al Eurofighter, que utilizan Alemania y España, hacia alrededor del 2040. La nueva aeronave debía funcionar junto con drones que la podían acompañar y darle soporte, y contar con la tecnología y la información de satélites y sensores. Y, más allá de las capacidades nucleares, Alemania y Francia sí estaban de acuerdo en el hecho de que el nuevo caza pudiera portar misiles de largo alcance y de precisión, tanto de aire como de superficie.
La UE no se da por vencida
El revés es duro, pero ni los dirigentes estatales ni los comunitarios se dan por vencidos. Pocas horas después de que la prensa informara del fracaso, el gobierno alemán y diversas empresas del sector militar y aeroespacial aseguraron que intentarían crear un proyecto alternativo de nuevo con el objetivo de fabricar un caza de última generación. Pistorius afirmó que ya se veía venir el fracaso desde hace unos meses y que ya está en conversaciones con otros socios europeos y un grupo de seis compañías liderado por Airbus —autodenominadas con el nombre de Team Gen 6— para volver a intentarlo.
La Comisión Europea tampoco se rinde. "Continuamos trabajando de manera muy intensa para aumentar nuestras inversiones en empresas nuestras de defensa", aseguró en rueda de prensa el portavoz comunitario de Defensa, Thomas Regnier. Y, de hecho, Bruselas ha sido la institución que más medidas está llevando a cabo para intentar potenciar y unir la industria bélica europea. Entre otras, el ejecutivo comunitario aprobó un préstamo por valor de 150.000 millones de euros para los estados miembros para comprar armas de manera conjunta y fabricadas principalmente en territorio comunitario.
Por el momento, sin embargo, tal como han admitido últimamente la misma jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, o el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, la capacidad de la industria europea todavía es limitada y, por eso, se ven obligados a comprar en gran parte armas estadounidenses. De hecho, un 75% del dinero que el año pasado destinaron los socios europeos a comprar equipamientos militares en el marco del gran rearme se fue fuera de la Unión Europea, sobre todo a la potencia norteamericana, según un estudio reciente del Atlas Institute for International Affairs con información del PESCO, el organismo comunitario de cooperación europea en materia de defensa.