Festivales de música

Michael Spyres y Sara Blanch, un castillo de fuegos artificiales en Peralada

El cantante norteamericano y la soprano catalana exhiben su extraordinario virtuosismo vocal en un recital de ópera y zarzuela en la recta final de la 40ª edición del Festival Peralada

09/08/2026 - 16:45 h.

Michael Spyres y Sara Blanch

  • Giulio Zappa, piano.Festival Peralada.Iglesia del Carmen, 8 de agosto de 2026.

El último fin de semana de la 40ª edición del Festival Peralada ha brindado un recital de ópera y zarzuela de muy alto nivel, protagonizado por el tenor norteamericano Michael Spyres y la soprano catalana Sara Blanch, acompañados al piano por Giulio Zappa.

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En cada una de las intervenciones, los dos cantantes exhibieron sus mejores dotes. Spyres posee un instrumento absolutamente privilegiado: su voz tiene una capacidad innata para transitar con extrema solvencia y facilidad de la tesitura grave de barítono hasta los agudos de tenor lírico o ligero y abarca un repertorio extensísimo, desde Händel hasta el bel canto y Wagner. Esta versatilidad de registros, única en el panorama operístico, supera el encasillamiento de cualquier cuerda: ni barítono ni tenor; el término que más le conviene es baritenor. Blanch, por su parte, es una de las grandes sopranos ligeras de la actualidad, habitual en las temporadas de los teatros de ópera más prestigiosos de Europa. Con una voz ágil y fresca, especialmente versada en la coloratura, atesora una línea de canto preciosa, de gran expresividad, moldeada sobre un timbre realmente bonito.

El cantante norteamericano comenzó interpretando Il était une fois, de Les contes d’Hoffmann, de Offenbach, con una puesta en escena teatral y cómica, haciendo gala de ese doble registro de graves frondosos y, al mismo tiempo, un agudo brillante, vibrante y lleno de armónicos. A su lado, Blanch, que volvía a Peralada 10 años después de su debut, ofreció un delicioso Je veux vivre, de Roméo et Juliette, de Gounod, seguido de un O mio babbino caro de mucha altura.

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A partir de aquí, el programa encadenó un éxito tras otro, trazando una velada de grandes fuegos de artificio y filigranas, pero que en conjunto acabó resultando un punto demasiado pomposa y recreativa. Sobre todo en los pasajes de zarzuela, como Las carceleras, Granada o el dúo del torero de El gato montés, interpretados con una pompa castiza innecesariamente impuesta, que sonaron un poco fuera de contexto dentro de una iglesia del Empordà.

Del repertorio restante, en la primera parte Spyres brilló sobre todo en el famoso Largo al factotum, de Il barbiere di Siviglia, de Rossini, con trabalenguas imposibles, una emisión torrencial, juegos de vocinglería y un dominio absoluto de las dinámicas. En la segunda, Blanch entusiasmó con una versión muy sentida de la particular escena de la locura de Hamlet, de Ambroise Thomas. Y, de las intervenciones conjuntas, especialmente celebrada fue el jocoso Caro elisir! Sei mio!, de L’elisir d’amore, de Donizetti y el divertido Addio, addio de Rigoletto, con que cerraron los bises finales.

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