Jorge Drexler: candombe, simpatía y 'Paraules d'amor' en el Palau Sant Jordi

El músico uruguayo despliega el potencial rítmico del disco 'Taracá' ante 7.200 personas

4 min
Jorge Drexler hoy en Barcelona
01/11/2026 - 10:03 h
  • Palau Sant Jordi. 31 de octubre de 2026

"Vivir y no tener vergüenza de ser feliz" puede ser el lema de Jorge Drexler. Es un verso de ¿Qué será que es?, la versión en castellano del tema del brasileño Gonzaguinha que el músico uruguayo tocó en el tramo final del concierto del sábado en el Palau Sant Jordi. Concierto generoso, de dos horas y media, con un notable despliegue rítmico y escénico y presidido por el carisma de un artista que fue capaz de transmitir proximidad, intimidad, de hecho, en la inmensidad del recinto. Tiene el don de la anécdota y el favor de un público que celebra sus habilidades monologuistas, tal como demostró él solo en el Palau de la Música en 2025. Y a pesar de la estupefacción ante la hostilidad que caracteriza el presente, persigue la felicidad con la determinación de un Quijote y una ironía delicada colgada de la sonrisa. Adscrito igualmente a la melancolía de la milonga, a veces roza la sobredosis de la rima consonante, como pasa en Cuando cantaba Morente con "candente", "inclemente" e "latente" (casi todos los poetas tienen una mala tarde), pero es indudable la consistencia de su cancionero, y la capacidad comunicativa de una voz que asume retos armónicos sin virtuosismo.

Utópico y sentimental por naturaleza, y con suficientes recursos artísticos y humanísticos para "no empalagarse de uno mismo", tal como explicó hace unos meses en el ARA, Drexler reunió a 7.200 personas, todos sentados, en la presentación en Barcelona del disco Taracá (2026), cuyas canciones ocuparon buena parte del repertorio. No es un detalle menor, porque los tambores del candombe, el ritmo afrouruguayo que articula el álbum, son el motor de esta gira. Cuenta, claro, con la ayuda de una banda de siete músicos y, en Barcelona, con la colaboración especial del percusionista Fernando Ramírez. Al ritmo del candombe llegaron los mejores momentos de la noche: en la primera parte, piezas como Tamborero, y en el bloque final, el espectacular Tambor chico, ¿Qué será que es? —que aprovechó para celebrar, en portugués, la victoria de Lula da Silva en las elecciones a la presidencia de Brasil— y Ante la duda, baila, una canción que recuerda la infamia del poder que a lo largo de la historia ha querido prohibir el baile sensual, ya fuera la zarabanda en el siglo XVI o el reguetón a finales del XX. "En Uruguay, el tambor también fue un símbolo de rebeldía durante la dictadura", recordó antes de hacer Tamborero.

Jorge Drexler en el Palau Sant Jordi. Barcelona, 31 de octubre de 2026. ‘Tamborero’, a ritmo de candombe.

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— Xavier Cervantes (@xaviercervantes.bsky.social) 1 de noviembre de 2026, a las 9:50

Drexler comenzó el concierto con Toco madera y ¿Cómo se ama?, dos canciones de Taracá que traslucen la innegable influencia de C Tangana, explícita en Tocarte (el tema que compartieron en el disco Tinta y tiempo, del 2021) y también presente en el aparato visual: dos pantallas verticales y una horizontal que ofrecieron imágenes en blanco y negro, la mayoría de acuerdo con lo que se espera en un concierto, pero algunas de lo más sorprendentes, como las que suministró una cámara instalada dentro de un tambor. Las primeras canciones ya mostraron la buena sintonía entre los músicos, la profundidad de la percusión triple y las ganas de repartir juego, una constante en un concierto en el que la cantante Miryam Latrece, la guitarrista y cantante Flor Gamba, la contrabajista Alejandra López y el batería ebrense Marc Pinyol tuvieron un protagonismo especial.

Homenaje a Serrat en catalán

En esta gira, Drexler incorpora un pequeño escenario que en el segmento central del show utiliza para el repertorio más íntimo, pero no exactamente solo porque a veces la banda también participaba tocando en el otro escenario. En este espacio más recogido hubo uno de los momentos más emocionantes de la noche, cuando Drexler cantó Milonga del moro judío, la utopía ecuménica del moro judío que vive con cristianos y que no sabe cuál Dios es el suyo, ni cuáles son sus hermanos. "¡Viva, Palestina libre!", gritó un espectador en el silencio del Sant Jordi.

La parte en el escenario pequeño la abrió con Las palabras y a continuación regaló una versión de Paraules d'amor de Joan Manuel Serrat. Drexler es amigo de las asociaciones léxicas más candorosas... Era la primera vez que la cantaba en directo, y salió airoso con la ayuda del público, a quien informó que fue la primera canción en catalán que escuchó hace cuarenta años. Además de cantar Paraules d'amor, también utilizó el catalán para saludar y para repetir agradecimientos ("gracias" y "merci"). Todo ello contribuía a reforzar la idea de que el del Sant Jordi no era un concierto convencional. "¡Es el concierto más grande que he hecho nunca en Europa! Barcelona siempre dándome alegrías", había dicho un rato antes. En Barcelona vive su hijo Pablo, y tiene un grupo de admiradores, músicos que el sábado también estaban entre el público como Meritxell Neddermann (que colabora en el disco Tacará), Pau Vallvé, Macaco y Salvador Sobral, entre otros. Ah, y no olvidó que en los años ochenta, haciendo de músico callejero, había tocado ante la catedral de Barcelona.

Además, aprovechando que la cantante Julieta Rada está estos días en Barcelona (actúa el 5 de noviembre en el Jamboree), la invitó a cantar La edad del cielo y a homenajear al padre, Rubén Rada, el legendario músico uruguayo que murió el 23 de agosto. Juntos hicieron Baile del candombe, con la asistencia imprescindible de la banda. Fue la transición para el regreso al escenario principal y poner en marcha el tramo final de un concierto que terminó a las doce menos cuarto con Todo se transforma. Noche de almas especialmente feliz, con una primera parte en la que la actuación avanzaba a trompicones, demasiado sometida a la dinámica de los monólogos-cuentos y las dedicatorias (también a Open Arms en Polvo de estrellas), y con una segunda imparable, sin vergüenza de ser feliz.

Jorge Drexler en el Palau Sant Jordi.
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