Mayoría de edad merecida de la OBC con la 'Turangalila'
Jonathan Nott hace un gran papel en el diseño de dirección de la sinfonía de Messiaen en L'Auditori
'Simfonía Turangalila', de Olivier Messiaen
- Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), dirigida por Jonathan Nott.Solistas: Pierre-Laurent Aimard, piano; y Thomas Bloch, ondas Martenot.
Antes que nada, una llamada de atención a nuestro público sinfónico. Y es que hay obras que reclaman llenar auditorios. Este es el caso de la Sinfonía Turangalila que Olivier Messiaen escribió entre 1946 y 1948 y se estrenó en Boston en 1949 a las órdenes de Leonard Bernstein. Llamada de atención, pues, ante la poca afluencia en L’Auditori (al menos el viernes por la noche; también se interpreta este sábado). Porque la pieza del compositor francés, enseña del sinfonismo del siglo XX, es una obra fundamental para entender la música del siglo pasado. Cuando hace diez años la dirigió Gustavo Dudamel en el Palau de la Música, despertó mucho más interés, y las entradas, si la memoria no me falla, se agotaron. ¿Qué pudo más, en aquel momento, la obra o el mediático director? Quizás esto último.Pero es que en el caso que nos ocupa, que es la interpretación de la obra de Messiaen este fin de semana, se trataba de nuestra primera orquesta. Y, además, de Jonathan Nott, el director que a partir de la temporada que viene ocupará el podio titular de la orquesta del Liceu.Cuando todavía era Orquesta Ciudad de Barcelona, la orquesta de la ciudad interpretó la singular pieza de Messiaen en 1985. Supongo que debió pasar sin pena ni gloria, pero ahora su programación constituye –o habría debido constituir– un evento singular al cual habría que haber respondido con más concurrencia. Porque programar Turangalila implica creer en la mayoría de edad de una orquesta y en un examen de reválida para evaluar la potencialidad de la formación. Y también, claro, el virtuosismo de una batuta que ha de guiar a los músicos por los senderos, los márgenes y los atajos de una obra laberíntica y fascinante a la vez.Y cabe decir que Jonathan Nott ha hecho un gran papel en el diseño de dirección de la sinfonía. Buenas intenciones y, en general, buenos resultados en algunas secciones especialmente lucidas (viento-metal) y con la complicidad de dos solistas de excepción: Pierre-Laurent Aimard (piano) y Thomas Bloch (ondas Martenot). Además, obras así suponen también otra mayoría de edad: la del espacio donde se interpretan. Y la remodelación acústica de L'Auditori por fin ha contribuido al notable alto de esta versión de la pieza de Messiaen.En definitiva, y partiendo de la base de que una partitura como esta ha requerido mucho trabajo, vuelvo a decir que es una lástima que parte de nuestro público se haya quedado en casa.