Nacho Vegas revoluciona Vic con un concierto fuera de guion
El músico asturiano hace una actuación especial con la Coral Sant Medir en el Mercado de Música Viva
VicLa majestuosidad narcótica de Noches árticas cerró el viernes el concierto de Nacho Vegas en el Mercado de Música Viva de Vic. Es la canción que contiene el título del segundo disco del músico asturiano, Cajas de música difíciles de parar (2003). Y sonó en el Teatro Atlántida en un formato muy especial: a trío de piano, dos guitarras y voz y con la imponente aportación de la Coral Sant Medir, una cincuentena de voces al servicio de una decena de canciones, conjunción de arte, emoción, amor y política. Tal como dijo Vegas, la insistencia de la dirección del Mercado le convenció de preparar una actuación fuera del guion de la gira del disco Vidas semipreciosas (2026), que pasó por la Sala Apolo de Barcelona. Y también fuera del guion del mismo Mercado, que prioriza los preestrenos de propuestas para que los programadores musicales sepan qué se cuece antes de contratarlas. O quizás no tan fuera de guion. El espectáculo inaugural del miércoles se preguntaba sobre qué es la música en directo. Y estos días ha habido comentarios de todo tipo que han enriquecido el debate que abrió aquel Non concerto. Pero faltaba un elemento. "Sin vosotros no existirían los conciertos ni la música", dijo Vegas dirigiéndose al público que llenaba el teatro.
Sin público no hay música en directo, claro, y el de Vic aplaudió una actuación memorable. Con el guitarrista Hans Laguna, el teclista Ferran Resines y la coral, el cantautor asturiano desplegó una selección antológica que se podía leer como un autorretrato casi perfecto. Temáticamente, porque estaba el melodrama más intenso de Cuando te canses de mí, la necesidad de la memoria histórica culminada con un Puxa la revolución! de Aida (dedicada a la revolucionaria asturiana Aida de la Fuente, muerta en la revolución de 1934), la política explícita de El runrún –de Resituación (2014), el disco más coral de Vegas–, la protesta contra los desahucios de Canción para la PAH, el amor en llamas de Perplejidad, el compromiso con la tradición y la lengua asturiana de El Carmín de la Pola, la ironía de Tengo algo que decirle para denunciar la violencia del poder... Y, claro, la reivindicación artística y política del canto colectivo.
La selección de canciones, tocadas en versiones generosas, también fue fiel al retrato musical. Aunque sin las tormentas eléctricas del formato rock, sí que consiguió la tensión volcánica. Por ejemplo, cuando la guitarra de Hans Laguna, la pandereta de Vegas y el coro se aliaron para remarcar el dramatismo al final de Aida. O cuando las guitarras y la coral condujeron el western de Tengo algo que decirle hacia la catarsis, recompensada con una ovación de descompresión.
A lo largo de casi una hora, mantuvo el compromiso con el formato, favorecido por la magnífica interpretación del coro, dramático y grave cuando tocaba, más juguetón cuando hacía falta, como en Perplejidad. El impacto final de la Noches árticas coral da la razón al Mercat: también es importante convencer a los artistas para traer a Vic conciertos fuera de guion como esta revolución coral de Nacho Vegas.
Mar Pujol y Lluki Valverde
Preestrenar repertorios poco antes de la publicación del disco y promover alianzas artísticas son dos características del Mercado de Música Viva de Vic. Como ejemplos de la primera, los conciertos de Mar Pujol y Lluki Valverde (el saxofonista de La Ludwig Band) el jueves. Y como muestras de colaboraciones, la de Amaro Freitas con Momi Maiga, la de Magalí Datzira con Xabier Badiola y la de Duot con Barbara Togander.
Mar Pujol llenó el Atlàntida en la presentación de D'aquesta aigua no en beuré, el disco que publicará el sello Hidden Track el 16 de octubre. Atendiendo a lo que interpretó en directo, el álbum promete ser uno de los destacados del año y un extraordinario sucesor del notable Cançons de rebost (2024). La cantante y guitarrista de Prats de Lluçanès compartió escenario y arte con la violonchelista Bruna González, impresionante como siempre gestionando la expresividad del instrumento, tanto frotando la cuerda como pulsándola, y aportando una segunda voz que ayudaba a comunicar la profundidad de unas canciones que viven dentro del folk con el mismo misterio y la misma sensibilidad que Irene Solà vierte en sus novelas.
El silencio del público, admirable, acompañó canciones como Mitja vida yDe saber no sé. Era una señal de respeto pero también la prueba del poder conmovedor de este formato eminentemente acústico. Y el estrépito de los aplausos posteriores confirmaban la buena acogida. Una de las piezas nuevas, Quilòmetres llum, fue precedida de un llamamiento de Mar Pujol a vivir el tiempo de una manera "más intuitiva, menos productiva, menos capitalista, más salvaje". Ella misma estaba definiendo su música. Un aliado de la actuación fue el diseño de luz, que parecía reproducir el transcurso de un día. La penumbra brumosa del principio daba paso a la luz de un sol de invierno que poco a poco desaparecía en el atardecer. Y al final, nuevamente la penumbra, solo rebatida por un foco que iluminaba a Pujol mientras tocaba Jo soc. Una de las colaboradoras del disco nuevo, la cantautora Carmen Acíar, participó en el concierto, sobre todo en una parte final en la que también interpretaron piezas antiguas como Per cada u y Cabell d’àngel.
En la carpa situada en el exterior de l'Atlàntida y en un ambiente más distendido, también porque era medianoche, Lluki Valverde presentó en sociedad su proyecto personal, paralelo a su actividad como saxofonista de La Ludwig Band. Un compañero de grupo, el guitarrista Gabriel Bosch, le acompaña en esta aventura de espíritu rebel, con rumba, pop, rock y cabaret queer felizmente desgarrado. Por cierto, entre el público también había otros miembros de La Ludwig Band.
Valverde, con alas de ángel y mirada nocturna, combinó canciones del disco que publicará Primavera Labels el 2 de octubre, como la balada laietana No vull tornar sol a casa, con otras anteriores como El cuartel dels polissons, aquella joya que camina como Sisa y termina remarcando el verso "un juez, un fiscal y un guardia". Habrá quien efectivamente encontrará a Sisa, Pau Riba y Gato Pérez en la propuesta de Lluki Valverde. Otros quizá relacionarán el carisma teatral y el susurro travieso con el del primer Albert Pla. Y todo el mundo tendrá razón, incluso los que piensen en Marc Almond caminando por un callejón del Raval de los años 80. El perfil se completa con una actitud juguetona y combativa a la vez: puede celebrar que ha venido a este mundo a repartir amor y acto seguido repartir ira contra la policía que ejecutó el desahucio de dos mujeres que antes que ser expulsadas de casa prefirieron tirarse por el balcón. Es lo que canta en El 248 del carrer Navas.
Hay mucha potencia en la propuesta de Lluki Valverde, que en Vic fue de menos a más. Empezó un poco desubicado, como si el personaje escénico no estuviera cómodo, pero en cuanto encontró un tono más visceral, ganó seguridad y los cinco músicos que le acompañan también daban la sensación de disfrutar más que al principio.
El ambiente que genera Lluki Valverde en directo está muy conectado con el Adoberies Fest, el off Mercat que cada noche programa una decena de conciertos en dos escenarios, de grupos y artistas como Andris el Sardo (un proyecto de Andreu Galofré, el bajista de La Ludwig Band), Grup de Ties, Les Creuet, Jordi Matas y Roko Banana. También ha actuado el occitano Rodín (ex del grupo Lo Còr de la Plana), que ofreció un excitante show de rap-punk aprovechando el espacio de la calle Adoberies.
Piano y kora
En cuanto a las alianzas artísticas, en el Mercado de Música Viva de Vic ha habido de diferentes formatos y estilos. En coproducción con La Marfà de Girona, donde realizarán una residencia artística, el brasileño Amaro Freitas y el senegalés establecido en Cataluña Momi Maiga unieron piano y kora con una armonía envidiable y un agradable margen para la improvisación. El jazz libre de Freitas y la magia de las cuerdas de Maiga (que hace poco ha colaborado con Youssou N'Dour) confluyeron en l'Atlàntida en una música deslumbrante y comprometida con realidades propias: la de la Amazonia amenazada y la de un continente africano que, como dijo el korista, ya es hora de que tome sus propias decisiones.
Un jazz sin dios ni amo ni pentagrama es el contexto que abrazan el batería Ramon Prats y el saxofonista Albert Cirera, que están celebrando el vigésimo aniversario del proyecto Duot. Una de las maneras que han encontrado para celebrar el aniversario es colaborando con Barbara Togander, turntablista y vocalista igualmente libre. En la Jazz Cava encadenaron improvisaciones que tan pronto secuestran al público en tormentas rítmicas como lo sacuden con giros inesperados y silencios.