El Orfeó Català hace la cima en Los Ángeles con Gustavo Dudamel
El primero de los tres conciertos de la 'Missa solemnis' acaba con el público de pie ovacionando a los artistas
Los AngelesLos Angeles. La Grand Avenue flanqueada por las características palmeras del Pacífico. Al fondo, los picos de las montañas de Saint Gabriel, todavía empolvados en algunos puntos. Esta madrugada, hora española, el rescoldo del debut estallante del Orfeó Català en Estados Unidos con la Filarmónica de Los Ángeles bajo la batuta de Gustavo Dudamel se ha impuesto a unos días inusualmente fríos en la metrópoli californiana.
Todo el auditorio, unas 2.000 personas, se ha puesto en pie para ovacionar a los artistas del Orfeón y el Coro de Cámara del Palau de la Música en el primero de los tres conciertos del exigente Misa solemnios de Beethoven. También es la primera vez que Dudamel la dirige. "Lo más bonito de todo esto es que tenemos una identidad de comunidad muy bonita y que otra comunidad, la catalana, tan generosa, llega hasta aquí a Los Ángeles y la abraza", ha dicho Dudamel tras el concierto, recibido como toda una estrella.
"Lo mejor es no hablar de política, pero en la partitura Beethoven hacía una oración por la paz interna y la paz externa, y nosotros tenemos un poder enorme con lo que hacemos, un poder transformador: en un mundo tan dividido, tenemos el poder de encontrarnos a través de lo sublime, de la belleza, de lo que es un mensaje de la expresión más elevada de lo humano. y de amor", ha añadido Dudamel, que ha avanzado que habrá más Misas solemnios en los próximos años y una Octava sinfonía de Mahler, aunque no ha revelado si invitará al Orfeó Català y al Cor de Cambra en su próxima etapa como director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva York.
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Dudamel ha optado por mantener el carácter inconcluso del final de la Misa solmenios, y después de los últimos compases la sala ha quedado en un silencio absoluto. "Dudamel ha hecho una versión muy intrépida, muy arriesgada. De hecho, ha improvisado muchas cosas nuevas respecto a los ensayos", explicaba un emocionado Xavier Puig, el director del Cor de Cambra y del Orfeó Català. "Hoy estaba especialmente pletórico, estaba especialmente revolucionario, y el corazón ha respondido muy bien. De lo que estoy más satisfecho es de la confianza que él ha demostrado que tenía en el corazón y de ponerlo en su límite, que es lo que hace siempre Beethoven, de ponernos todos en el límite. Y lo ha hecho con mucha valentía", explicaba Puig.
"Cuando ha terminado el momento de recogimiento que ha habido al final, se ha quedado como en tránsito, con mucha paz. Cuando he entrado dentro, entre bastidores, Dudamel estaba apoyado en una pared e iba repitiendo: «Qué paz, por favor, qué paz»", decía Puig, que había ensayado una versión más celebrativa. "En el fondo es así, el final es así, y maquillarlo de cualquier otra forma, de forma festiva, quizás no tiene sentido porque realmente está hecho para dejarnos con esa sorpresa final. Y creo que el público lo ha entendido respetando ese momento de silencio", ha reconocido Puig, que ha perdido una cena en la apuesta de si Dudamel dirigiría de memoria, como ha hecho el vene.
Presencia institucional
Los conciertos del Orfeó Català en Los Ángeles han contado con la presencia de la consejera de Cultura, Sònia Hernández Almodóvar; el delegado del Gobierno en Estados Unidos y Canadá, David Andrés Viñas, y la directora de Turismo de Catalunya, Arantxa Calvera. También estaba el cónsul general español en Los Ángeles, Gerardo Fueyo; Mariona Carulla, que fue la presidenta del Orfeó Català durante trece años, hasta que pasó el relevo a Joaquim Uriach; y Maria Lladó, la directora del área de Creación del Institut Ramon Llull. La expedición catalana a Los Ángeles la forman unas 200 personas, entre ellas unos 123 cantores y cantantes, los equipos del Palau de la Música, una veintena de socios de la institución y patrocinadores. "La de estos días es, sin duda, una de las páginas más extraordinarias en la historia del Orfeó Català y del Coro de Cámara del Palau de la Música, y una de las páginas más extraordinarias de la historia de la cultura catalana en el mundo", ha dicho la consellera de Cultura.
La ocasión es aún más especial porque ésta es la última temporada de Dudamel al frente del LA Phil, la Filarmónica de Los Ángeles, después de diecisiete años. "Gracias, Gustavo", proclama una lona gigante colgada en la fachada del auditorio. "Usted sí es omnipotente", le ha dicho Joaquim Uriach en los parlamentos posteriores al concierto.
La jornada había empezado temprano, con 96 cantantes del Orfeó Català y los 27 cantantes del Cor de Cambra desafiando el frío a las nueve de la mañana para hacerse una foto de familia ante el auditorio luciendo la camiseta que se han hecho para la ocasión. El lema que lleva estampado es "Y love GustavoSin embargo, en vez de un corazón, está el logotipo del Orfeó Català-Palau de la Música. Los cantores estaban exultantes, pero tres días después de llegar algunos todavía notaban el jet lag. A pesar de venir muy preparados, tenían poco tiempo para ensayar, y para remachar el clavo, estos días Dudamel ha tenido una fuerte sinusitis. Además, a última hora tuvieron que sustituir a uno de los solistas, y el barítono Rod Gilfry ocupó el puesto de Nicholas Brownlee.
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Los valores de la cultura europea
"La Misa solemnios es una obra exagerada, desmedida", advertía el director general del Palacio de la Música, Joan Oller, antes del concierto. En un viaje en taxi, Oller le dijo a Dudamel que les gustaría ir a Los Ángeles. Y cuando algunos cantores supieron que Oller había aceptado la propuesta de un Dudamel entusiasmado de hacerla, le fueron a Misa solemnios era demasiado difícil. "Para nosotros, que Dudamel haya elegido el Orfeó Català y el Cor de Cambra y que haya insistido para que le acompañen en esta aventura, es la culminación de un proceso de mejora de calidad, de desarrollo internacional y de mejora también de la autoestima", decía Oller. "En el mismo Los Ángeles hay un gran corazón sinfónico, Los Angeles Master Choral, pero estoy convencido de que el carácter latino de Dudamel, ese carácter emocional, le llevó a buscar un corazón europeo para interpretar música europea y que tenga los valores europeos que él tanto valora, como son los de la fraternidad, la concordia, la felicidad, la tolerancia y la bondad superiores", explicaba Puig.
El Coro de Cámara conoció al Walt Disney Concert Hall cuando colaboró con Dudamel en el 2024 en otra obra de Beethoven, Fidelio. Esta vez, para preparar el viaje a Los Ángeles, tanto el Cor de Cambra como el Orfeó Català hicieron tres conciertos de la Misa solemnios en Cataluña en noviembre, después de un proceso especial de preparación y de tres meses de ensayos. Y después de los conciertos, Dudamel viajó a Barcelona para realizar otro ensayo. "Le cantamos toda la misa, y hay un momento muy especial, el deTe incarnatus este, que ese día fue muy mágico. Dudamel tiene esa inocencia, esa capacidad casi infantil, y en ese momento nos expresó su ilusión de poder finalmente hacer esta Misa solemnios. Fue un ensayo muy inspirador. Lo fue casi más que los de aquí, porque aquí también debe estar pendiente de la orquesta y los solistas y ese día lo teníamos sólo para nosotros", recordaba Puig.