Un programa y un repertorio necesarios
Una gran velada en el Palau de la Música con Balthasar Neumann Chor & Orchester
- Palacio de la Música. 11 de marzo de 2026
El nuestro es un mundo cada vez más ruidoso. Llueven bombas informativas y bombas de metralla. Altos mandatarios del todo inoperantes se contradicen sobre el viejo orden mundial y el sometimiento a gobiernos directamente psicópatas, cuando lo necesario es paz, silencio, reposo y, sobre todo, música que simule que el tiempo se detiene. Va ilusión, partiendo de la base de que la música es un arte, precisamente, del tiempo.
Pero hay experiencias que nos permiten vivir ilusionados durante un par de horas. Por ejemplo, las del concierto del miércoles en el Palau de la Música en la que fue la primera de las dos actuaciones que el conjunto instrumental y coral Balthasar Neumann ofreció en la sala modernista, con pulcra dirección de Lionel Sow.
La primera parte de la velada no podía ser más acertada, con la Misa sine nomine, de Pierluigi da Palestrina, interpretada en la versión orquestada nada menos que por JS Bach. Los miembros del Balthasar Neumann tuvieron, además, el buen pensamiento de salpicar a las diferentes partes del ordinario de la misa latina con un coral de Johann Hermann Schein, una pieza gregoriana arreglada por Michael Praetorius y, ya con la misa concluida, el salmo Sicut cervus, de Lorenzo Donati (nacido en 1972) sobre un texto que al principio del concierto se había presentado con música del propio Palestrina. La pieza que cerraba la primera parte se interpretó con parte del corazón repartido por la platea del Palau de la Música, lo que generó una sonoridad única, envolvente y de gran eficacia en la ejecución.
La pureza del sonido de los Balthasar Neumann se trasladó, en la segunda parte, al siglo XIX de Bruckner y de su Misa núm. 2 en mí menor, con acompañamiento exclusivo de instrumentos de viento (madera-metal). Buen entendimiento entre instrumentistas y coristas, una vez más ante el gesto preciso y contenido de Sow, aunque hay que reconocer que la misa bruckneriana no es la mejor de su catálogo y que el interés musical descendió levemente de intensidad.
Velada, pues, necesaria y repertorio que hace mucha falta. Porque ante el mundo que nos toca vivir, creyentes y no creyentes seguimos necesitando buenas dosis de espiritualidad y trascendencia. Especialmente, si está tan bien servida como fue el caso, a manos de la formación alemana.