Savall, desde Venecia... con amor
Rigor y pulcritud en L'Auditori en el concierto de Les Musiciennes des Nations y La Capella Reial de Catalunya
Jordi Savall, Les Musiciennes des Nations y La Capella Reial de Catalunya
- L’Auditori. 11 de mayo de 2026
En su afán reconstructor de espacios y ambientes del pasado, Jordi Savall optó en el concierto del lunes en L'Auditori por la evocación del Ospedale della Pietà, institución benéfica veneciana que se remonta al siglo XIII y que, entre los siglos XVII y XVIII, vivió uno de los momentos más esplendorosos de su historia musical. Antonio Vivaldi trabajó allí entre 1703 y 1740, y forzosamente dejó una personalísima huella, además de un numeroso catálogo de composiciones sacras y profanas.Para la ocasión, Savall ha reunido una orquesta femenina, Les Musiciennes des Nations, con la ibicenca Lina Tur Bonet como concertino y como solista. A la formación instrumental hay que añadir las mujeres miembros de La Capella Reial de Catalunya, que, con buen oficio y gracias a la siempre sabia preparación de Lluís Vilamajó, presentaron dos piezas corales de Vivaldi: el Magnificat en sol menor y el célebre Gloria en re mayor, en este caso solo para voces femeninas y que no nos hizo echar de menos la versión mixta a cuatro voces.Lina Tur Bonet exhibió un fraseo sinuoso e inmaculado en el segundo de los conciertos para violín (La Stravaganza, del opus 4), después de que durante el Magnificat hubiese tenido un problema al romperse la cuerda desde el primer atril. Algo extraño pasaba, porque durante la interpretación del primero de los conciertos (el brillantísimo Concerto per la solennità di San Lorenzo) Tur no parecía muy cómoda y la afinación no siempre parecía ajustada, a pesar de la brillante y larga cadenza del primer movimiento. Savall aprovechó el cambio de cuerda para explicar la diferencia sonora entre las cuerdas metálicas y las de tripa, cosa que acabó por meterse al público en el bolsillo (algo habitual en el maestro de Igualada, siempre buen comunicador).Antes, el rigor y la pulcritud vocales se adueñaron del Magnificat interpretado en las partes solistas —como pasaría con el Gloria— por cantantes miembros de La Capella Reial. El conjunto coral brilló en pasajes francamente antológicos, como el final del Et misericordia eius y todo el Fecit potentiam.La buena construcción de las obras corales, la conjunción vocalicoinstrumental y la brillantez de la música vivaldiana fueron los ingredientes de una buena noche de música veneciana, bien servida por ilustrísimas embajadoras.