Una 'Aida' alejada de todo historicismo inaugura la temporada del Liceu

El montaje de Shirin Neshat opta por el feminismo y el descolonialismo para explicar la ópera de Verdi

4 min
La soprano Anna Netrebko en la ópera 'Aida', con dirección de escena de Shirin Neshat, en el Liceu.
26/09/2026 - 11:42 h
Traducción CAST automática
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  • Música: Giuseppe Verdi. Libreto de Antonio Ghislanzoni.
  • Dirección escénica: Shirin Neshat. Dirección musical: Antonello Manacorda.
  • Intérpretes: Anna Netrebko, Ekaterina Semenchuk, Ivan Gyngazov, Artur Ruciński, George Andguladze, Alexander Köpeczi, Moisés Marín, Carmen Buendía y la Orquesta y el Coro del Gran Teatro del Liceo.

Recomiendo vivamente a quien vaya a ver la versión de Aida que firma Shirin Neshat y que inaugura temporada del Liceo que se lea el artículo "El imperio en acción: Aida de Verdi", de Edward W. Said, incluido en Culture and imperialism. Porque puede ayudar a entender la clave conceptual del espectáculo. Neshat interpreta la ópera de Verdi a partir de temas como el descolonialismo y el feminismo. Y lo hace con escenas sin concesiones a la galería, pero sin descartar un innegable sentido poético. De hecho, Aida nos habla del abuso de las teocracias, de la salvajada militarista y de los refugiados que huyen de las guerras para ir a parar a tierras de nadie. Nada demasiado alejado del catastrófico espectáculo que desde Occidente vemos cómodamente frente al televisor, apoltronados en los sofás de casa y con un mando a distancia para cambiar lo que resulta irresistible a nuestra mirada. En este sentido, la mirada de la iraní Shirin Neshat no tiene nada de compasiva, y por eso puede resultar incómoda.Sin embargo, el problema del espectáculo radica en el hecho de que el artista oriental domina el lenguaje videoartístico pero no el teatral. Y el resultado es excesivamente contrastado entre unos elementos performativos y conceptuales bien hallados y un movimiento escénico de cantantes estereotipado e incluso trasnochado o –en el caso de la gestualidad de Anna Netrebko— directamente ridículo. Tampoco ayudan unas escenas ubicadas en los entreactos que, si bien personalmente me han resultado estimulantes, pueden chocar con la tradición de una ópera que es la más vista y representada en el Liceu, siempre desde una óptica clásica y de artificioso historicismo. No obstante, hay que decir que el espectáculo es eficaz, arriesgado y de incuestionable categoría escénica.Aida no es una ópera de cámara, pero sí intimista a pesar de las escenas más célebres (especialmente la segunda del segundo acto), de gran espectacularidad. Pero el resto se concentra en una historia de amores y odios para la cual Verdi escribe una música sabia y sutil. Y hay que servirla con buen gusto y precisión. Y si bien la dirección de Antonello Manacorda nunca es descuidada, sí que al menos se ajusta bien a las directrices de la partitura y la sirve con detallismo y buen gusto. La respuesta de la orquesta de la casa estuvo a la altura, por no hablar de un coro sencillamente mayúsculo, especialmente el masculino (genial el cuadro del templo de Vulcano).

Una imagen de la ópera 'Aida', con dirección de escena de Shirin Neshat, en el Liceu.

Anna Netrebko, con intervenciones de antología

Los tres repartos (cuatro en algún caso) programados a lo largo de las dieciocho funciones (hasta el 25 de octubre) incluyen un elenco de voces importantes e incluso de referencia. Contar con Anna Netrebko la noche de estreno significa inaugurar temporada con la voluntad de hacerla grande. Y lo cierto es que la soprano rusa exhibe los medios sobradamente conocidos por todos, a pesar de algunos sonidos levemente calados. Más que en las arias, es en los números de conjunto cuando la intérprete crece, con intervenciones de antología como Fuggiam gli ardori inospiti en el tercer acto.El Radamès de Ivan Gyngazov fue de menos (poco convincente su Celeste Aida, con ataque dudoso al si bemol) a más, aunque a la interpretación global le falten matices expresivos. Por su parte, Ekaterina Semenchuk despliega un torrente generoso de carnalidad vocal al servicio de una Amneris que, si bien no es de matrícula de honor, sí que roza la excelencia por expresividad y musicalidad, aunque la voz no sea especialmente grande.En la piel de Amonasro, Artur Ruciński demuestra una vez más que es uno de los mejores barítonos-Verdi del momento, junto al contundente Ramfis del también polaco Alexander Köpeczi.Incomprensible que un rol como el del rey recaiga en un bajo de escasa autoridad vocal como George Andguladze, mientras que Moisés Marín y Carmen Buendía defendieron con buenos argumentos los papeles de mensajero y sacerdotisa, respectivamente.No se puede decir que la noche inaugural fuera de las que derrumban el teatro, en parte por la asistencia de público invitado y en buena parte ajeno al mundo de la ópera y que aplaude por compromiso. Habrá que esperar a las funciones con abonados y asiduos al Liceu. Pero temo que esta Aida gustará a pocos. Y es una lástima porque, aparte de los elementos no siempre bien resueltos del montaje, su concepto no es tan solo interesante y arriesgado, sino valiente y necesario ante un mundo que parece ir a la deriva.

Una imagen de la ópera 'Aida', con dirección de escena de Shirin Neshat, en el Liceu.
Helena Guardans Cambó, nueva presidenta del patronato del Liceu

Por Xavier Cervantes

La inauguración de la temporada coincidió con el nombramiento de Helena Guardans Cambó (Barcelona, 1960) como nueva presidenta del patronato del Gran Teatre del Liceu, un cargo que en los últimos diez años ha ostentado Salvador Alemany. La trayectoria profesional de Guardans, que desde 2024 presidía el consejo de mecenazgo del Liceu, incluye trabajos como directora de comercio exterior de la Compañía General de Tabacos de Filipinas y directora general del grupo de comunicación Grey. En 1994 fundó la empresa Singular, que presidió durante más de 30 años. En 2019 publicó el libro Todo lo que aprendí de mis hijos y no me enseñaron en la escuela de negocios.

Como es habitual en el inicio del curso operístico, el Liceu contó entre el público con una amplia representación institucional, empresarial y artística. Asistieron el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; la consejera de Cultura, Sònia Hernández Almodóvar; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el presidente del Parlament, Josep Rull, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y el de Industria y Turismo, Jordi Hereu. También estuvieron presentes los expresidentes Jordi Pujol, José Montilla y Pere Aragonès.

Como protesta por la presencia de Anna Netrebko en el reparto de Aida, unas decenas de ucranianos se concentraron frente al Liceu. “La cantante rusa es una propagandista del imperio ruso” y “Vergüenza para el Liceu, Putin terrorista” fueron algunas de las consignas que se gritaron mientras los invitados entraban al teatro.

Helena Guardans Cambó, nueva presidenta del patronato del Gran Teatro del Liceo.
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