Arqueología

El ADN revela la crónica silenciada de Pedralbes

La búsqueda del séptimo centenario del monasterio localiza a 25 individuos en ocho sepulturas del siglo XIV y extrae el genoma de la reina fundadora

BarcelonaDetrás de los muros de piedra del monasterio de Pedralbes han vivido durante siete siglos muchas generaciones de mujeres y han pasado muchas historias. Sabemos muchas cosas de pugnas, luchas por sobrevivir, talento y creatividad, gracias a los documentos y a las piedras, pero ahora es el turno de los muertos. A través del ADN, los tejidos, los pergaminos, las ofrendas florales y plantas aromáticas y los restos óseos de las tumbas, se abre un nuevo capítulo. Lo que empezó como una intervención de conservación para conmemorar el séptimo centenario del cenobio (1326-2026) se ha convertido en una investigación arqueológica y genética fascinante. Un equipo multidisciplinar ha abierto ocho sepulturas del siglo XIV y ha encontrado 25 individuos. Y las sorpresas acaban de empezar.

El sepulcro de la reina fundadora, Elisenda de Montcada (Aitona, 1292 - Barcelona, 1364), es una de las piezas más importantes de la investigación. Hasta ahora se creía que su sarcófago atravesaba el muro que separa la iglesia del claustro. Pero la arqueología ha desmentido el mito: son dos vasos separados por un murete. Una solución arquitectónica que permitía a la reina una doble inmortalidad: como soberana poderosa de cara a la iglesia y como humilde penitente de cara al claustro.

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Al abrir la tumba, los investigadores han encontrado una mujer de constitución robusta. Era alta para la época, medía más de 1,60 metros, tenía unos 70 años cuando murió –una longevidad también excepcional– y los restos óseos hablan de las achaques propios del envejecimiento. Padecía muchos dolores por culpa de diferentes enfermedades óseas. Tenía también un nivel de glucosa alto, que a menudo va ligado a una muy buena alimentación o a la diabetes. No tenía hipoplasia en los dientes, que aparece en períodos de estrés muy alto. Por tanto, no debió vivir grandes angustias.

A diferencia de las otras mujeres enterradas, Elisenda de Montcada no tenía ni un resto de polen, un hecho que nos dice que no pisaba mucho los campos. La reina reposaba en una caja de madera medieval, envuelta con una indumentaria austera que evoca el hábito monástico, aunque también había fragmentos de seda con oropel. De momento, la ciencia ya ha podido extraer parte de su genoma, lo que abre la puerta a conocer, dentro de un año, desde el color de los ojos hasta las enfermedades que la atormentaron.

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Pero si la reina está donde se la esperaba, otras tumbas han revelado verdaderas sorpresas. En el sepulcro donde teóricamente debía descansar el caballero aragonés Artau de Foces (1313-1374), que actuó como consejero y mayordomo de la reina Leonor de Sicilia, no se ha encontrado ni rastro de ningún hombre; en su lugar, había tres infantes y dos mujeres jóvenes, una con una larga cabellera aún conservada y evidencias de que se intentó preservar el cuerpo, ya que en el vientre tenía hierbas. "Era una mujer extraordinariamente guapa", asegura la antropóloga Carme Rissech. Tan solo sabemos que ninguna de estas mujeres eran sus dos esposas, que murieron más mayores.

Muertes con arma blanca en la tumba de una abadesa

Más inquietante es el caso de Francesca Saportella, la segunda abadesa de Pedralbes. "Ha sido la más complicada", asegura Rissech. Su tumba es un auténtico rompecabezas de reaperturas y alteraciones. "Ni siquiera está donde le correspondería estar", apunta el arqueólogo Josep Maria Vila. Se han identificado nueve individuos, incluyendo cuatro cráneos masculinos con heridas de arma blanca y, lo que es más impactante, el tronco momificado de una mujer que aún conservaba en el canal del parto un feto de unas 22 semanas. Entre los restos óseos, había también papeles, incluso una partitura en clave de sol, fragmentos de pergamino, objetos devocionales, téxtiles y otros materiales no medievales. En cambio, no hay ni rastro de Saportella. "Seguramente se reabrió durante la Guerra de la Independencia, porque el tipo de heridas de los cráneos corresponden a armas blancas que se utilizaron en aquel conflicto", asegura Rissech.

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En la tumba de Sobirana d'Olzet, se han encontrado restos compatibles con quien fue la primera abadesa del monasterio. No era una monja cualquiera, provenía de la comunidad de clarisas de Sant Antoni i Santa Clara de Barcelona, y Elisenda de Montcada pidió su traslado para poner en marcha el nuevo monasterio. En su tumba hay también restos de candelas y cordeles, seguramente destinados a la penitencia, que podrían reafirmar su compromiso con la regla de la órden hasta la muerte. En la tumba de la noble Romia de Sarrià, una de las primeras mujeres en ingresar a la comunidad de las clarisas de Pedralbes, había tres mujeres, un adolescente y un niño, y algunos restos momificados parcialmente. Y en la de Constança de Cardona, una monja que provenía de uno de los linajes más importantes de la Cataluña medieval, se han encontrado una mujer y un niño, que no eran madre e hijo. La criatura sufrió una contusión muy fuerte a la cual seguramente no sobrevivió.

La investigación no solo nos habla de huesos. La arqueobotánica, con una investigación liderada por Santiago Riera, puede dar muchas pistas sobre los rituales de enterramiento. Cada mujer tenía su propia flor. Así, por ejemplo, en la tumba de Elisenda de Montcada abunda el eneldo. En las muestras analizadas se han detectado ofrendas de romero, mirto y flores como la retama, además de plantas como la artemisia, que podrían haber tenido usos medicinales o rituales en la preparación de los cuerpos. También se han documentado prácticas funerarias como el uso de fardos textiles muy bien conservados –como los que envolvían a Elionor de Pinós o Beatriu de Fenollet–. "Todos los restos están muy bien colocados. En los fardos se colocaba la cabeza donde canónicamente toca, a poniente y mirando hacia levante, y los huesos largos abajo", explica Vila. En los testamentos se especificaba dónde debían enterrar y qué rituales hacer. "Entre el primer enterramiento y el definitivo siempre pasaba uno o dos años", detalla Castellano. Era el período necesario para que los huesos se asentaran.

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"Hace años que contamos la historia de estas mujeres a través de testimonios escritos, pero nos faltaba una pieza esencial, que eran los restos de la fundadora y de otras mujeres que compartieron su proyecto", explica la directora del monasterio de Pedralbes, Anna Castellano. "Teníamos el precedente de las exhumaciones de Santes Creus y de la apertura de la tumba de Jaime II y su primera mujer, Blanca de Anjou. Con Elisenda de Montcada, la segunda mujer de Jaime II, cerramos el círculo", añade.

El proyecto, que cuenta con expertos de la talla de Carme Rissech en antropología, el arqueólogo Josep Maria Vila, el experto en el ámbito de la conservación y la restauración Javier Chillida o el paleogenometista Carles Lalueza-Fox, no se detendrá aquí. El laboratorio continuará trabajando hasta mayo de 2027 para responder a las preguntas que aún planean en el aire: ¿quiénes eran las personas enterradas en las tumbas, como por ejemplo los individuos que habían muerto de manera violenta? ¿De qué murieron realmente? ¿Qué vínculos de parentesco los unían? ¿Qué enfermedades sufrieron? Por el momento, tan solo sabemos que la peste negra no entró en el monasterio. ¿Qué nos podrán explicar los papeles, pergaminos, restos textiles y vegetales sobre los rituales de enterramiento? ¿Por qué se reabrieron las tumbas en momentos posteriores y se inhumó a personas que aparentemente no tenían nada que ver con el monasterio?

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Las exhumaciones del Monasterio de Pedralbes

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