Ni todos los caminos iban a Roma ni eran tan rectos
Un estudio de la UAB pone sobre el mapa más de 300.000 kilómetros de caminos de la Antigua Roma
Barcelona"Todos los caminos llevan a Roma" es una expresión que se ha utilizado para hablar de geografía, religión o como dicho popular para decir que hay diferentes maneras que llevan a un mismo resultado. Sin embargo, la ciencia acaba de desmontar este mito. Una investigación liderada por el equipo de arqueología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha demostrado que la red de movilidad del Imperio Romano no tenía a la capital como ombligo del mundo.
El trabajo, que se ha publicado en la revista Nature Communications, es el resultado de seis años de investigación. El equipo de arqueólogos ha ido recopilando, analizando y sumando todas las investigaciones que se han hecho desde finales del siglo XIX hasta la actualidad con el objetivo de construir Itiner-e, el mapa digital más detallado y completo, según la UAB, de la red viaria romana creado hasta ahora. Itiner-e abarca cinco millones de kilómetros cuadrados en todo el arco mediterráneo, el norte de África, el Próximo Oriente y Europa. "Hemos buscado región por región y hemos unificado los datos porque en cada lugar se utilizaban criterios y escalas diferentes", explica Pau de Soto, arqueólogo y profesor asociado Serra Húnter de la UAB. "Hasta ahora la mayoría de estudios solo tenían en cuenta alrededor del 50% de las vías conocidas y las conclusiones que se obtenían eran mucho más simples. Nosotros hemos conseguido recopilar y digitalizar cerca del 90% de las vías, y el resultado es un mapa mucho más complejo y realista de lo que era la verdadera movilidad en la Antigüedad", dice De Soto.
El análisis espacial de Itiner-e demuestra que el Imperio Romano se vertebró a través de redes regionales articuladas alrededor de capitales provinciales, puertos marítimos y corredores fluviales. Roma está en el centro-oeste de la península Itálica, y esta ubicación geográfica también lo complicaba todo. "Si buscamos el punto donde realmente se encuentran las vías de todos los continentes, este es Bizancio", defiende el investigador. La futura Constantinopla y actual Estambul, por tanto, era el verdadero nodo de articulación geográfico de la Antigüedad: "Bizancio se sitúa en el punto exacto donde conectan las rutas de Europa hacia Asia, y por donde tenías que pasar si venías del noreste de África o de Asia oriental. Pensando en la geografía de todo el imperio, Bizancio era un punto mucho más estratégico, lo que explica por qué se convierte en la capital del Imperio de Oriente y acaba perdurando muchos más siglos", añade.
Otro de los mitos que la investigación desmonta es el de las carreteras romanas como líneas perfectamente rectas que ignoraban la topografía. "Todos tenemos en mente la imagen de la Vía Apia, con ejes rectilíneos y empedrados, y tendíamos a idealizar toda la red a partir de estos ejemplos", indica el arqueólogo de la UAB. Sin embargo, el análisis de más de 300.000 kilómetros de caminos revela que los romanos eran muy pragmáticos y que la política siempre tenía un peso importante. "Allí donde más les interesaba, como en los Alpes para conectar Italia con el resto de Europa, dedicaron recursos ingentes para hacer vías más rectas y con mejor pendiente. En cambio, en otras cordilleras o zonas de menor interés estratégico, se adaptaban más al relieve", asegura De Soto.
Diseñar esta red sin la tecnología actual, y sin satélites que puedan dar una visión global desde el aire, requería un trabajo ingente. Lo hicieron todo a pie llano, caminando, explorando y aprovechando también el conocimiento y los caminos que ya habían trazado las sociedades que conquistaban. Los ingenieros romanos utilizaban herramientas topográficas precisas para mantener las pendientes por debajo del 16%, un límite importante para el transporte de mercancías. "En época romana el gran problema técnico no era subir las montañas, sino bajarlas y cómo frenar los carruajes", explica el investigador.
La huella en el mapa urbano actual
La pervivencia de esta red de hace dos milenios todavía es visible hoy en día, aunque con grandes diferencias según la región. "Una de las claves principales de la continuidad de las rutas es el mantenimiento de las ciudades: muchas de las ciudades donde vivimos hoy tienen un origen romano y es muy lógico que los corredores de conexión se hayan mantenido", dice De Soto.
Con todo, la revolución industrial cambió bastante el mapa. "Regiones como el norte de Alemania o los Países Bajos, que en época romana eran zonas fronterizas o secundarias, han multiplicado enormemente su red de carreteras con la industrialización hasta convertirse en el centro neurálgico de Europa. De la misma manera, capitales actuales muy centralistas como Madrid o París no existían o no tenían ningún peso en el diseño de la red imperial romana", detalla el arqueólogo.
El desarrollo de Itiner-e ha requerido un gran trabajo de vaciado documental. "Hemos estado más de cinco años recopilando y digitalizando datos, sin utilizar inteligencia artificial, y todo este último año haciendo cálculos complejos", detalla el investigador de la UAB. El objetivo de la herramienta creada por el equipo de la UAB no es solo cartográfico, sino que busca responder a muchas otras preguntas. "Crear este recurso era fundamental porque el transporte está ligado a todo: a la economía, a la circulación de ideas, a la expansión de religiones como el cristianismo y a la propagación de enfermedades", alerta De Soto. "Sabemos dónde se originaban las grandes epidemias de la Antigüedad, pero hasta ahora nos faltaba el mapa de la red por donde se expandieron. Ahora que tenemos esta herramienta, podemos empezar a responder a todas estas preguntas históricas", añade Pau de Soto, que, con el equipo de la UAB, continuará investigando para poder establecer una cronología de las redes terrestres y añadir las redes marítimas y fluviales.