Cómic

Fuera complejos: Cataluña blinda su patrimonio de cómic

La Generalitat impulsa adquisiciones y los museos y la Biblioteca de Catalunya lo integran junto a las obras de los artistas reverenciados

BarcelonaHace tiempo que el cómic ya no tiene que llamar a las puertas de los museos en busca de un reconocimiento y de una validación cultural. Ser popular e irreverente no ha impedido que se expusiera en las salas de arte de grandes museos. El MNAC, por ejemplo, colocó unas viñetas de Josep Coll sobre la huelga de los tranvías al lado de un cuadro de Joan Miró. Durante mucho tiempo, sin embargo, no se fusionó en pie de igualdad con lo que se consideraba arte en mayúsculas. Y, en consecuencia, no había una política para conservar un patrimonio que en Cataluña es bastante importante.

"Cataluña es, por tradición y volumen, la capital del cómic del Estado. Muchos dibujantes, como Vázquez, vinieron desde Madrid porque en Barcelona había las editoriales y una tradición que arrancó a finales del XIX con toda la prensa satírica", explica el periodista y especialista en cómic Jaume Vidal. "En los años sesenta del siglo XX, miles de páginas de cómic romántico y de terror se producían en Barcelona para editoriales británicas y escandinavas, a menudo desde el anonimato, pero con una calidad técnica que acabó definiendo el cómic europeo", añade. En Barcelona se formaron muchos grandes autores, y ahora también hay muchos que trabajan para editoriales francesas y americanas. Para Vidal, la toma de conciencia institucional llegó cuando se hizo evidente que el patrimonio desaparecía o se destruía. Este "ahora o nunca" forzó la creación de una comisión especializada para identificar autores imprescindibles y rastrear la obra perdida.

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En los últimos años, la Generalitat se ha tenido que poner las pilas para no perder un patrimonio tan importante. En 2019 el Gobierno creó una línea de adquisición específica con la voluntad de preservar y reforzar las colecciones de cómic e ilustración. Todas las obras adquiridas se depositan en los museos del país, así como en la Biblioteca de Cataluña. Se empezó con una dotación de 40.378 euros al año y ha ido aumentando progresivamente hasta destinarle 159.600,94 en 2025. Aparte, los equipamientos tienen una partida presupuestaria para adquirir cómic. Hay muchos retos, pero. El cómic y la ilustración no fueron creados para colgar de las paredes, sino para venderse en los quioscos. Hay bastante debate sobre cómo se adquiere, cómo se documenta, cómo se conserva y cómo se expone.

Una manera desinhibida de explicar la diversidad

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Una manera desinhibida de explicar la diversidad

En el Museo de Sitges, por ejemplo, se han incorporado al relato muchos cómics relacionados con el género fantástico y con la diversidad LGBTIQ+. A las ilustraciones de Santiago Rusiñol y Lola Anglada, se han añadido escenas de rodaje del dibujante y publicista Jacint Bofarull y Historias de Sitges. Machos al sol, de Sebas Martín. "El cómic es una de las herramientas más importantes que tenemos para construir un museo social. Es un género que no esconde nada y nos permite hablar de temas como la identidad, la libertad y el colectivo LGBTIQ+ con una desinhibición única", explica Romero. En el Museo Abelló de Mollet han apostado sobre todo por trabajar la aportación de mujeres como Marta Cartú y Raquel Gu; el Museo de l'Empordà ha integrado los dibujos de Enric Sió, vinculado al underground, y de los ilustradores Ignasi Blanch y Dani Torrent, y el Morera de Lleida, el autor Alfons López. "Uno de los retos es la conservación porque son materiales extremadamente frágiles y sensibles a la luz, lo que obliga a una rotación constante de las piezas –advierte Romero–. Se pueden utilizar fórmulas mixtes para exponerlo, desde la vitrina y el marco en la pared hasta cajones que permitan al espectador descubrir elementos documentales".

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El MNAC también lleva tiempo trabajando para integrar el cómic en el relato del museo. "Un punto de inflexión fue la exposición sobre la revista El Víbora en 2019, que destacó la necesidad de un rescate del cómic underground y contracultural de la segunda mitad del siglo XX", explica Àlex Mitrani, conservador de arte contemporáneo del MNAC. Que había una laguna, coincide Vidal: "Hemos dejado marchar muchos originales porque aquí no se han valorado. Se fue mucho material underground de los 70 y 80, muy potente y vanguardista en todo el Estado", lamenta Vidal.

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El cómic ya formaba parte del MNAC mucho antes de la creación de una comisión, porque conserva numerosas obras de los maestros de la ilustración en Cataluña: están las obras de Opisso, Cornet y Junceda, por ejemplo. Además, abrió hace unos años una vía de comunicación con el Saló del Còmic (ahora Comic Barcelona) y acogió talleres y exposiciones. "La función del cómic no es solo documentar, sino que se presenta con la misma dignidad y recursos museográficos que permiten al visitante apreciar sus cualidades plásticas propias; no hay jerarquías", afirma el conservador del MNAC. En el museo se exponen obras de Marika Vila (Gran Premio del Saló del Còmic en 2024) y un dibujo de Laura Pérez Vernetti, que fue la única portada de la revista El Víbora hecha por una mujer. Ambas fueron galardonadas con el Gran Premio del Saló del Còmic en 2024 y 2018, respectivamente.

"Además, con la futura ampliación del MNAC, el cómic podrá tener un espacio específico que explique su historia", avanza Mitrani. El museo no quiere que sea un añadido que encajar; el cómic no es un acompañamiento o un documento sobre la época, sino que debe estar ahí porque forma parte esencial de la cultura visual. "Es la manera como una sociedad se imagina e interpreta su realidad de una forma colectiva y popular", precisa Mitrani. En 2020 el museo hizo una exposición donde la obra central eran los originales de Núria Pompeia sobre la gestación y el embarazo, dialogando con el arte de vanguardia de Mari Chordà. El cómic ya no era el complemento, sino el motor. También ha sido motor en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), que en 2022 impulsó Constel·lació gràfica, una muestra de la nueva generación de autoras de vanguardia, y que en 2025 acogió uno de los grandes eventos dedicados al cómic: la exposición de Chris Ware.

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La búsqueda de puentes generacionales

En el caso de la Biblioteca de Catalunya, el punto de inflexión fue el centenario del TBO. A pesar de que ya custodiaba fondos históricos, no fue hasta 2016 cuando se inició una línea de adquisición consciente y sistemática. "En 2016, con el centenario del TBO, ingresó un fondo de autores muy grande que abrió esta línea de adquisición más consciente. Antes teníamos cómic histórico, pero el salto a la ilustración contemporánea se consolidó entonces", explica Sílvia Ferrer, directora de la unidad gráfica de la Biblioteca de Catalunya. Desde entonces, la colección ha crecido mediante una combinación de compra directa y, sobre todo, donativos, fruto de una red de confianza tejida con los mismos autores y coleccionistas. Una de las apuestas ha sido visualizar y recuperar también la obra de autoras, y ha reunido fondos de ilustradoras fundamentales como Pilarín Bayés, Núria Pompeia y Carme Barberà.

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En 2023 se marcó un hito con la exposición de mujeres ilustradoras en el Museu d'Història de Catalunya. El proyecto no solo miró al pasado, sino que también creó un puente generacional: se seleccionaron 35 ilustradoras históricas del siglo XX y se encargó a 35 ilustradoras actuales que hicieran retratos de sus predecesoras. A diferencia de los museos, que a menudo buscan la "pieza única" para su exhibición, la Biblioteca de Catalunya tiene una función investigadora. Por ello, el interés recae en la trayectoria completa del autor. Eugènia Serra, directora de la Biblioteca de Catalunya, destaca la importancia de conservar no solo la obra acabada: "Nos interesa registrar el proceso de creación: los bocetos, la primera versión, la segunda... El investigador que quiera hacer un trabajo sobre la obra de un autor debe poder tener esta mirada de investigación".

Históricamente, hubo intentos de crear un espacio propio, como el proyecto del Museu de la Historieta de Badalona, pero la Generalitat no lo vio factible por los gastos que suponía y priorizó reforzar los equipamientos existentes. Otros sí que han tenido éxito, como el Museu del Còmic i la Il·lustració de Sant Cugat del Vallès.

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La digitalización debería ser la clave para sacar al cómic de la sombra. En 2022 se creó el Portal del Cómic y de la Ilustración, una plataforma colaborativa entre museos, instituciones y coleccionistas. Actualmente, todas las adquisiciones se publican en el DRAC, donde se pueden consultar las piezas en línea con toda la información relacionada y las obras (que aún son pocas) digitalizadas.