Albert Velasco: "Si la jueza decide que los murales de Sixena se vayan, se abre un escenario absolutamente marciano"
Autor del libro 'Las pinturas de Sijena. Un fuego que aún quema'
BarcelonaDespués de años de seguir el caso, el exconservador del Museu de Lleida Albert Velasco publica el libro "Les pintures de Sixena. Un foc que encara crema (Pòrtic). Entre todos los aristas y ángulos muertos de los litigios por el arte sacro de la Franja, Velasco pone de relieve el carácter político de la disputa. "El caso Sixena no es una simple restitución patrimonial, sino que es un caso clarísimo de batalla adyacente en el conflicto Catalunya-España. Aragón, y esto lo han dicho políticos de todos los colores, debe ser una muralla contra el independentismo –dice Velasco–. Cuando plantean el debate en estos términos, se nos está hablando de una politización que no es nueva, porque la segregación del obispado de Lleida, que está en el origen de estos conflictos, ya fue una segregación política".
¿Qué hace que las pinturas de la sala capitular del monasterio de Sixena sean tan excepcionales?
— Estas pinturas son, y no exagero, la obra de arte más importante que se hace en Europa a finales del período románico. Son un producto pictórico absolutamente excepcional, hecho por un taller de artistas excepcionales, con una calidad sin parangón en la Europa del momento. Porque es un taller de pintores ingleses que seguramente han pasado previamente por Tierra Santa y también por Sicilia, y que traen a los Monegros un arte que aquí no era visto. Las pinturas eran una cosa absolutamente marciana. Se trata de una manera de pintar a la bizantina propia de las iglesias de Tierra Santa. Además, pasada por el tamiz de la pintura inglesa del estilo 1200, que es como un canto del cisne del Románico.
¿Y cómo llegan estos pintores a Vilanova de Sixena?
— Hay una reina que los llama, Sança de Castilla, que es la fundadora del monasterio de Sijena. Sança [esposa de Alfonso el Casto y madre de Pedro el Católico] fundó el monasterio en aquel lugar tan inhóspito en 1188, en un momento fundamental para la cristiandad, justo el año después de que los cristianos perdieran Tierra Santa. La órden que se instala en Sijena es la de San Juan de Jerusalén, es decir, una órden que ha perdido todas las posesiones en Tierra Santa. Y esto quiere decir que el monasterio de Sijena y las pinturas son un manifiesto político; la política ha impregnado la historia de las pinturas desde el minuto uno.
¿En qué sentido?
— Las pinturas de la sala capitular tienen la misión y el objetivo de recordar unos territorios perdidos. La reina y la gente de su entorno quieren que todo aquel que entre a la sala capitular de Sijena tenga la sensación de que está en Tierra Santa. ¿Cómo? Todas las pinturas están hechas de acuerdo con el estilo que se utilizaba en aquel momento en las iglesias de Tierra Santa, así que son una reivindicación de aquellas tierras perdidas. Con esta decoración expresaban que querían recuperar aquellas tierras y que lo harían.
Había detalles que relacionan las pinturas con el mundo islámico: las incrustaciones metálicas de los nimbo y unas esferas metálicas colgadas del techo para que reflejaran la luz.
— Es una cuestión vinculada a la pintura de iconos; todavía se pintan así hoy en día. Aquella sala era una combinación de culturas: las pinturas bizantinas, es decir, de raíz oriental, combinadas con un techo islámico hecho por artesanos aragoneses. Todo ello concebido como espacio de representación de la reina, porque no olvidemos que, además de ser el lugar donde se reunía la comunidad, la sala capitular era donde la reina se presentaba ante las visitas, donde ella se envolvía de toda esta fastuosidad y de este ceremonial que la presentaba como la reina de unos territorios donde estas culturas estaban presentes.
Con este libro quiere hacer un homenaje a Josep Gudiol, el responsable de arrancar los murales para salvarlos en 1936, y también a los otros dos enviados de la Generalitat que lo acompañaron, Antoni Llopart y Antoni Robert.
— Gudiol ha sido uno de los grandes perjudicados de todos los litigios del arte de Sixena. A Gudiol se le ha vilipendiado, se le ha insultado, se le ha menospreciado de una manera absolutamente injusta e improcedente, no solo por parte de políticos indocumentados, sino también por parte de personas con perfil académico y técnico. Y esto es lo que es realmente más grave. Gudiol es un personaje con luces y sombras, lo sabemos todos los que nos dedicamos a la historia del arte medieval. Pero en el caso de Sixena, y como personaje al frente de la salvaguarda patrimonial en Cataluña y en Aragón en 1936, actuó de manera ejemplar. Y, como se ha hecho, no podemos cuestionar su actuación de ninguna de las maneras. Incluso se le cuestionó en la sentencia del tribunal de primera instancia del litigio de las pinturas murales. La jueza llegó a dudar de la honorabilidad de Gudiol y de cuál fue su ánimo con el rescate de las pinturas, o de lo que había quedado de las pinturas. Es absolutamente injusto que una jueza en sede judicial y en una sentencia llegue a dudar de esto. Toda esta gente que han juzgado la actuación de Gudiol en pleno siglo XXI se han atrevido a hacer una cosa que ni el franquismo se atrevió a hacer, que es dudar de la honorabilidad de la Generalitat y de esta gente cuando fueron a salvar estas pinturas, porque se ha hablado de expolio, de botín de guerra...
Antes de la Guerra Civil, el libro revela por primera vez que el arqueólogo Pere Bosch i Gimpera visitó el monasterio de Sixena en 1923.
— Es una visita que deduzco que es el resultado del hecho de que el monasterio se hubiese declarado monumento nacional aquel mismo año. Imagino que Bosch i Gimpera se enteró de esta declaración, no debía conocer el monasterio y se acercó de la misma manera que ya se habían acercado otros eruditos catalanes.
En Aragón, el arranque de los murales se considera un robo y un expolio desde el mismo 1936. Usted mismo publicó un artículo en el que desmentía el relato de que el monasterio lo quemaron anarquistas catalanes.
— Este relato del incendio se remonta al inicio de los litigios por el arte sacro de la Franja en 1997, y tiene un culpable: Ildefonso Salillas, alcalde de Vilanova de Sixena entre 1995 y 2019. Fue él quien empezó a hablar de estos temas en entrevistas a la prensa, en proposiciones políticas presentadas en el ayuntamiento y en las Cortes de Aragón, y a partir de aquí la bola se empezó a hacer grande. Este discurso cuaja incluso en académicos de la Universidad de Zaragoza que en el libro menciono con nombres y apellidos, como Domingo Buesa Conde y Ascensión Hernández. Es realmente preocupante que un discurso político que es una falacia acabe cuajando en personas del ámbito técnico; es lamentable. El monasterio lo quemaron los mismos habitantes del pueblo.
También recoge que la gestión de los murales durante el franquismo fue un caos.
— El franquismo no sabía qué hacer con las pinturas ni con el monasterio, que había quedado en un estado de degradación tan importante que las autoridades patrimoniales franquistas, como el marqués de Lozoya y otros, no se salieron con la suya a la hora de conseguir grandes subvenciones para poder pagar la restauración. El franquismo quería devolver las pinturas al monasterio, pero cuando se vieron incapaces de restaurar el monasterio, lo que hicieron fue plantear, de manera más o menos simultánea, la posibilidad de que las pinturas fueran al Museo de Huesca o al Museo de Zaragoza. Pero en ambos casos las autoridades locales aragonesas lo descartaron, porque no quisieron pagar lo que valía la restauración de las pinturas. Y esto hay que decirlo, porque muchas veces se olvida. Si hubieran pagado aquella intervención, las pinturas de Sixena estarían en Huesca o en Zaragoza.
Juan de Contreras y López de Ayala, director general de Bellas Artes entre 1939 y 1951, se contradijo: atendió las demandas de las monjas de Sijena después de aprobar la restauración de los murales y la instalación en el Museu Nacional d'Art de Catalunya.
— Esto queda muy claro en la documentación intercambiada, y en las cartas que Joan Ainaud de Lasarte, cuando fue nombrado director general de los Museos de Barcelona. Es un absoluto desbarajuste, el franquismo con las pinturas. Las pinturas de Sixena han sido un objeto, un conjunto patrimonial, que no ha dejado de dar problemas desde que las arrancaron en 1936. Por eso hablo de un fuego que aún quema.
Es muy crítico con el papel de la Iglesia.
— Si en 1995 no se hubiera segregado el obispado de Lérida, no estaríamos haciendo esta entrevista, porque las reclamaciones patrimoniales de Aragón no existirían. La segregación del obispado de Lérida, es decir, la amputación del obispado medieval, y el traspaso de todas aquellas parroquias que estaban en territorio aragonés hacia el obispado de Barbastro-Monzón, es lo que genera dos años después la reclamación de las obras de arte de la Franja que están en el Museo de Lérida. Simultáneamente, cuando Ildefonso Salillas lo ve, advierte al obispado de Barbastro que se deben reclamar todas las obras del monasterio de Sijena que están en Barcelona y en Lérida, junto con las pinturas murales del monasterio. Y es en este punto, cuando la Generalitat y el Museu Nacional d'Art de Catalunya estaban en tratos con las monjas de Valldoreix para poder llegar a acuerdos, para estabilizar la situación de las pinturas en Barcelona, que las negociaciones se rompen. Esto es la clave de todo el asunto. Y después tenemos que añadir otra cuestión: la monja que vive en el País Vasco, Virginia Calatayud, dio poderes al gobierno de Aragón. Una señora que está rezando el padrenuestro y el avemaría en un monasterio en Salinas de Añana en un momento dado se ilumina y decide que, seguro que incitada por el gobierno de Aragón, es necesario que ella obtenga poderes de los dicasterios vaticanos y de la Conferencia Episcopal Española para poder litigar, para poder erigirse en heredera del monasterio de Sijena, poder ceder estos poderes al gobierno de Aragón y montar estos dos líos judiciales. Esta señora es la Yoko Ono de toda la cuestión de Sijena.
También es crítico con la actuación de la Generalitat. Las negociaciones de la Generalitat y el MNAC con las monjas son muy tardías.
— La documentación de los años noventa, que el libro da a conocer por primera vez, demuestra que las monjas tuvieron que pedir un crédito al Incasòl para poder pagar el monasterio que se habían construido en Valldoreix. Llega un momento en que no pueden pagar este crédito, y quieren pagar la deuda con obras de arte. Ya sea con las obras muebles, es decir, las piezas famosas compradas los años 1983, 1992 y 1994, o bien con las pinturas. Hay incluso una carta que demuestra que se puso precio a las pinturas murales –50 millones de pesetas–, que esto es otra novedad. Al final, la compra de las pinturas murales no prospera, pero sí la de los bienes muebles. De las cartas se deduce que las autoridades catalanas, la Generalitat, habían prometido oralmente a las monjas unas cosas que después se negaban a cumplir por escrito, porque las monjas se quejan. Les reprochan que primero les habían dicho que podrían pagar la deuda con obras de arte y que la respuesta de los directores generales y de los altos cargos de la Generalitat por vía escrita había sido negativa, porque el Incasòl es un organismo autónomo de la Generalitat que tiene que cobrar con dinero y que no puede cobrar con obras de arte. Es aquí donde digo que la gestión de la Generalitat en aquella época seguramente podía haber sido mejor. También es cierto que las monjas no lo pusieron nada fácil.
¿Querían más dinero?
— Exacto. Había, sin duda, un ánimo lucrativo por parte de las monjas.
En cuanto a la gestión posterior de la Generalitat, durante el periplo judicial: en junio del 2025 usted dimitió del pleno del Museu de Lleida porque consideró que la Generalitat había actuado contra los intereses del MNAC. La calificó de "indigna". Casi un año después, ¿cómo valora aquella decisión?
— Estoy muy orgulloso de lo que hice, lo volvería a hacer. La Generalitat tenía la intención de entregar las pinturas lo más rápido posible porque el presidente, Salvador Illa, decía en privado que no podían enfadar a los aragoneses con toda esta cuestión porque nos tenían que dar apoyo en el tema de la financiación singular. Cuando me enteré, me quedé atónito porque es un posicionamiento muy infantil, muy ingenuo. Illa mezcla dos cuestiones que no tienen nada que ver. Además, todos los agentes políticos aragoneses han afirmado que no darán apoyo a la financiación singular de Cataluña, incluso los de la Chunta Aragonesista. Me parecía alucinante que por el hecho de que el presidente de la Generalitat no estuviera bien informado, desde la secretaría de Gobierno y desde la consejería de Presidencia, se estuviera maniobrando de esta manera en contra de los intereses del MNAC. Llegaron a amenazar al MNAC con no dejarle presentar la documentación en el juzgado de Huesca en relación con la ejecución de la sentencia, en la cual los técnicos del museo argumentaban que no podían ejecutar la sentencia. E, incluso, un trabajador que estaba al cargo del departamento de Cultura se fue a Zaragoza a tranquilizar a los políticos aragoneses. Pasaron cosas que son muy indignas. Aquí hay personas que pasarán a la historia con honor y gloria, como Josep Gudiol, Antoni Robert y Antoni Llopart, pero hay otras de la actual Generalitat que pasarán a la historia como personas nefastas para este litigio.
¿Quiénes son estas personas?
— La consejera de Cultura, Sònia Hernández Almodóvar; el secretario general de Cultura, Josep Maria Carreté, y el director general de Patrimonio Cultural, Quim Borràs. Todo este movimiento que tenía por objetivo entregar las pinturas no es idea suya, porque esto viene de la secretaría de Gobierno y de la consejería de Presidencia; me consta que fueron el brazo ejecutor y que se limitaron a ejecutar órdenes. Si hubiera estado en su lugar, habría dimitido. No puedes actuar en contra de los intereses del principal museo de tu país y en contra de los intereses de todos los ciudadanos de Cataluña.
La consejera de Cultura afirmó que no recurrían al Constitucional porque no se vulneraban derechos fundamentales.
— Es evidente se están vulnerando. Se está vulnerando el derecho al disfrute de unas pinturas y, hasta incluso, se está vulnerando la conservación de estas pinturas, porque se están poniendo en riesgo. El MNAC no lo hizo condicionado por el posicionamiento de la Generalitat. No te puedes cerrar puertas, porque no ir al Constitucional significa no poder recurrir la vía europea. Hay una premisa básica en el mundo jurídico, que es no cerrarte puertas. No ir al Constitucional es una decisión política que entronca y enlaza con toda esta voluntad de no querer hacer ruido, de no querer enfadar a los aragoneses, de cerrar los litigios cuanto antes mejor. Pero, atención, esta actitud no solo la estamos documentando en el gobierno actual de la Generalitat, también la hemos documentado en gobiernos anteriores, con consejeros de Cultura de ERC y Junts, como Santi Vila y Caterina Mieras. Y esto lo ha dicho el abogado Xavier Muñoz, que ha llevado todos estos casos. Afirmó que se había de presentar una demanda para recuperar los 50 millones de pesetas que se pagaron por las obras de Sijena los años 1983, 1992 y 1994, y que ningún gobierno anterior ha querido presentar esta reclamación, a pesar de que se trata de dinero público. Esto es gravísimo, roza la prevaricación.
Desde el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) se resisten a hacer un informe sobre el caso y se opusieron al traslado del Guernica al País Vasco.
— cinco exconsejeros de Cultura acaban de presentar una querella criminal contra ellacinco exconsejeros de Cultura acaban de presentar una querella criminal contra ella porque está actuando de manera imprudente y se la acusa de prevaricar, de no escuchar todos los avisos que hay sobre la mesa. Durante todos estos años, el MNAC ha hecho un trabajo excepcional, y la jueza no está escuchando estos avisos.
¿Podría pasar que la jueza declarase que la sentencia no se puede ejecutar?
— No está nada claro, todavía, que las pinturas se vayan. Porque la jueza tiene sobre la mesa un papelón muy complicado: 4.000 folios con informes, incluso de los organismos internacionales más importantes. La jueza pidió a las partes en diciembre que convocaran una comisión técnica, para la cual el MNAC ha propuesto las principales instituciones mundiales, entre ellas el ICCROM y la Fundación Getty. Si los principales especialistas mundiales dicen que las pinturas no deben marcharse, quiero pensar que la jueza finalmente pondrá cordura y las pinturas no se irán. También puede darse la opción contraria, que las pinturas se vayan y entonces nos adentraremos en la dimensión desconocida.
¿Por qué?
— Porque ya hay una demanda interpuesta, y hay otro colectivo de abogados que han amenazado que si se produce la famosa lluvia de pintura vaticinada por algunos técnicos, ellos también presentarán una demanda penal. Por eso, incluso se puede dar la situación de que veamos a los Mossos entrando en el MNAC cuando las pinturas comiencen a estropearse en los trabajos de desmontaje. En el caso de que la jueza decida que las pinturas se marchen, se abre un escenario absolutamente marciano.